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 English | Español October 22, 2014 | Issue #67


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Narco News Issue #66
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Los medios son el intermediario: Para una revolución contra de los actuales medios de comunicación

La versión original del ensayo que en 1997 dio luz a Narco News y el renacimiento del periodismo auténtico, sin redacción y sin notas al pie


Por Al Giordano
Traducido por Francisco Alvarez Quiñones

1 de junio 2012

(Originalmente publicado en 1997.)

Para los propósitos de discusión y acción, este Proyecto Immedia presenta una premisa central, que si es correcta, tiene urgentes implicaciones:

Los medios ahora controlan un nuevo orden económico: uno que ha suplantado a los gobiernos, iglesias e industrias productivas para imponer una tiranía mediatizadora sobre el pueblo y nuestra vida cotidiana.

Por lo tanto, es necesario combatirlos con acciones revolucionarias que le devuelvan al Pueblo su poder original sobre sus medios de expresión.

Primero, definamos a nuestro enemigo: un enemigo que obtiene ventajas sobre sus adversarios definiéndolos. La Ley de la Naturaleza Mediatizada es “definir o ser definido”, por lo tanto es útil definir “Los medios de comunicación”. Definimos los medios para abarcar toda mediatización; esto es, el proceso por el cual los intermediarios se colocan entre el pueblo y nuestra búsqueda de felicidad.

Los miembros de los medios y sus máquinas son los más depravados intermediarios de la vida cotidiana del pueblo. Los medios noticiosos son intermediarios que se colocan entre el pueblo y la información, entre el pueblo y los eventos humanos de significado global o comunitario. Los medios de entretenimiento, de manera similar, se sitúan entre el pueblo y nuestros placeres. Las “terminales” de los medios, tales como las pantallas de televisión, el monitor de la computadora o el parabrisas de un automóvil, se entrometen con la comunicación diaria de la gente. El acto (o inacto) de sentarse frente a una pantalla convierte cada vez más al consumidor en una especie de terminal, en un objeto que reacciona solamente a los estímulos de la pantalla. Nosotros, los mediatizados, alimentamos el poder de la pantalla por medio de nuestra atención, nuestro consumo de sus productos y cada vez más en mayor medida, con nuestra creatividad y trabajo mediatizados. Los medios transforman a sus productores y consumidores en simples piezas de su maquinaria, haciéndonos menos humanos en el proceso.

Algunos medios no son tan obvios: el terrateniente o casero que se entromete con nosotros y el espacio que necesitamos para gozar de la vida; el trabajo de labor enajenante que se entromete entre nosotros y el tiempo para gozar de la vida.

No llevamos nuestro argumento hasta el extremo de identificar todas las injusticias o represiones o problemas sobre la tierra como productos resultantes de los medios. Hay otras violencias, desde los pleitos domésticos a la brutalidad de la policía o el abuso a los niños, que tienen sus propias raíces adicionales en la “cultura del dominante” que precedieron y guiaron la invasión de los medios. Aseguramos, sin embargo, que el surgimiento de los medios de comunicación, la mediación y el intermediario en los tiempos modernos ha fortalecido muchas de las injusticias que los precedieron, aun cuando haya suplantado a otros (mientras ofrecía la ilusión de haberlas erradicado). Las presiones económicas y de la vida diaria impuestas por la sociedad mediatizada han debilitado nuestra habilidad como individuos y como comunidades, de enfrentar y solucionar los problemas urgentes que plagan a los pueblos, incluso aquellos traumas que los medios no crearon.

Y así dirigimos nuestros análisis y prácticas inmediatas, ambiciosamente, hacia una revuelta que acabe con el largo imperio de la dominación a través del acto de derribar al carcelero final de tal dominio: Los medios masivos de comunicación.

Debido a que todos estamos forzados a ser intermediarios o mediadores en diversos grados para participar en la economía y en la vida política, y a causa de que los intermediarios vienen de todas las clases e incluyen objetos tecnológicos inanimados, el uso del término “revolución” no debería implicar que ésta será un esfuerzo basado únicamente en la lucha de clases. Más bien, esta revuelta busca unir todas las clases y subculturas.

No negamos la existencia de una jerarquía de clase en la cultura mediatizada, ni ignoramos su presente e inherente injusticia. Más bien, reconocemos que las divisiones tradicionales entre propietario e inquilino, “burgués y proletario”, deudor y prestamista, se han vuelto tan embrolladoras en la era de los medios que mucha gente se siente infligida por papeles impuestos – opresor y oprimido- en el curso de la vida cotidiana.

Los medios, con su confianza en sus “nichos de mercado”, compendian el problema de la propia identificación. Los consumidores se sobre-identifican con productos y marcas de productos, más también con sus papeles en incesante ciclo de reproducción. Los “empleos” y otros papeles en sí mismos se han convertido en objetos de identificación. El “carrerismo” asegura que sus devotos ofrezcan muchas horas no pagadas de trabajo al día a través de una constante obsesión y preocupación por el trabajo, la carrera profesional y el dinero.

Las norias aterrorizadas asociadas con las escuelas y centros de trabajo ahora ocupan también las “horas de entretenimiento”.

Los consumidores escogen no sólo de un menú de comodidades, sino también de un menú de papeles que tienen que representar a fin de participar en la vida social y económica. Podemos escoger algunos de éstos papeles, otros nos los imponen, pero no podemos elegir no tener papeles que nos encasillen. Éstos papeles, en la Edad de Medios, se han hecho tan numerosos que tienden a chocar: uno puede ser gerente en su trabajo, deudor en su casa, tirano para sus hijos, matón al pagar la cuenta de un hotel, sirviente en la cocina, dominante o sometido en la cama, un ejecutivo atrapado en un tapón de tráfico, vendedor por teléfono, el manipulador de los controles remotos en la sala, o lo opuesto, adoptando un menú de posiciones siempre cambiantes, mediatizador y mediatizado, variando con frecuencia según la hora del día.

El resultado neto para la mayoría de la gente es una completa esclavitud de cuerpo y mente, que puede tolerarse gracias a breves ilusiones de que uno tiene poder mediatizador sobre otros, o sobre productos o servicios a los consumidores. Éste cambio constante y el flujo de papeles de poder –y la reacción en cadena de ilusiones y humillaciones que los acompañan- crea vastas dificultades para los esfuerzos “revolucionarios” de estilo antiguo que dependen de clases completas para auto-identificarse como “trabajadores” o “consumidores”, que son en sí mismos papeles que tienen connotaciones inherentemente estrechas y moribundas.

En alguna parte más allá de éste interminable desierto de papeles y divisiones permanece un oasis donde nuestras experiencias directamente vividas –nuestras aventuras no mediatizadas en el placer y la empatía mutua- todavía existen: éste es el terreno que estamos queriendo reafirmar y hacer valer.

Cualquier revuelta anti-medios, a la que llamaremos Immedia, primero y primordialmente requiere una revolución personal efectuada por individuos.

En otras palabras, los enemigos de nuestros deseos—medios, mediatización y sus intermediarios- existen fuera y dentro de nosotros, como individuos, simultáneamente. Nuestra estrategia para destruirlos y remplazarlos debe por lo mismo dirigir, de inmediato, tácticas de libertad que reclamen terrenos privados en la vida diaria y terrenos públicos para los medios de comunicación en todas sus formas.

Pero en el momento que una u uno busca liberarse a sí misma y mismo del tecno-trance o tecno-transa de los medios, se desarrolla de inmediato una nueva necesidad como consecuencia natural: la de nuevas tácticas o estrategias para unirse con otros hacia dos objetivos: a) Acabar con el proceso por el cual nuestras vidas cotidianas se han hecho tan sobre-mediatizadas, y b): Hacer posible un mundo en el que no seamos reclutados para sobre-mediatizar a otros.

Tres Preguntas Inmediatas:

A. ¿Cómo desarrolla la gente un lenguaje de oposición contra los medios cuando los medios controlan todos los lenguajes?

Un proyecto Immedia define “lenguaje” como toda la comunicación: el lenguaje abarca más que las palabras escritas o habladas, más que la poética o la lírica. El lenguaje, como nosotros lo definimos, incluye cualquier indicio de expresión entre la gente: imágenes visuales, gestos físicos, la atmósfera creada por la arquitectura y los medios ambientes en los alrededores inmediatos (lo que algunos han llamado psico-geografía), música y sonidos, actuaciones, presentaciones, exposiciones, danza, ritmos, “lenguaje corporal”, señales y expresiones sexuales, experimentos en libertades de impresiones (por medio de alteraciones de la conciencia), emblemas, artes culinarios, escultura, horticultura y jardinería de paisajes, juegos deportivos, rituales de carácter social y las diversas formas de relaciones humanas… aún el silencio… cualquier vereda, ruta o camino de creatividad que existe es parte de un lenguaje.

Los medios y la tecnología en décadas recientes han hecho nacer nuevas formas de lenguaje, algunos obvios, algunos ocultos: logotipos de productos, tecnologías para medir y manipular la opinión pública y el consumo; fotografía, cinematografía, videografía, grabaciones de audio, diseño gráfico y procesamiento de palabras, todo ello computarizado. (Los programadores de computadoras han inflingido un nuevo lingüismo ¿O no?); “Planeación Comunitaria”, Ingeniería social y ahora genética –Tenemos la esperanza de incluir estas y cualesquier otras formas de lenguaje en nuestra averiguación y confrontar sus efectos.

En el presente, tenemos un lenguaje insuficiente para describir completamente o actuar sobre tan enorme situación. (aún la palabra “lenguaje” tiene connotaciones que retan esta averiguación). Un proyecto Immedia es, antes que nada, un laboratorio Immedia. Buscamos nuevas alternativas para acercarnos al lenguaje (que también pueden ser llamadas medios de comunicación) a fin de romper las pantallas entre unos y otros y nosotros mismos, e iniciar un proyecto de comunicación mutua, no mediatizada (o desmediatizada).

Y aunque esta sea una revolución del individuo, reconocemos que ninguna persona puede reclamar, o siquiera comprender, todas las categorías o “dialectos” del lenguaje que ha sido impuesto a nuestro mundo.

Esta es la razón por la que actuamos juntos, con cada uno de nosotros, para buscar una traducción y construcción mutua, en muchas formas esplendentes, de un lenguaje inmediato de revuelta.

B. Dado que los medios son tan eficiente para co-optar movimientos populares, tanto políticos como culturales, ¿cómo puede una resistencia popular ser diseñada para revirar exitosamente el proceso de co-optación que ha transformado en simples comodidades otras causas importantes?

Desde las causas “políticas” para el mejoramiento del medio ambiente pasando por los derechos civiles y la multitud de esfuerzos por lograr igualdad que abarcan “identidades políticas”, hasta movimientos contra-aculturizantes y artísticos de avanzada, los activistas y la gente creativa han sido divididos por los medios en nichos de mercado. Muchos han participado en esta división al sobre-identificarse con grupos o ideologías (como los consumidores se sobre identifican con marcas, aficiones, entretenimientos, carreras profesionales y productos). Mientras tanto, los medios marginan y co-optan todos los movimientos populares para desarmar suficientemente los potenciales de cada uno, a fin de aglomerar a la gente masificándola como un todo.

Encontramos útil el término “Virus de los Medios”, como herramienta para entender cómo los medios co-optan y luego destruyen (con frecuencia vaporizando un concepto instantáneamete), ideas y actos potencial revolucionario. Esta visión observa que los medios se comportan como un organismo viviente, y que las ideas, conceptos e imágenes están mutando, como agentes virulentos, dentro de esta “datasfera”. De acuerdo con esta teoría, una idea se replica y evoluciona mientras se mueve a través de lineamientos de expresión mediatizados. De esa manera subvierte las “células” por las que va cruzando, mientras también va cambiando en sí misma; un “Virus de los Medios” no es un catalizador (aquello que permanece sin cambios), sino más bien, una fuerza sobre una trayectoria que es con frecuencia impredecible.

Los medios cambian el contexto de cada idea que absorben, y como han anotado Jean Beaudrillard y los “post-estructuralistas”, causan que el significado implícito en las ideas implosione: todo lo que queda de este proceso es una mediatización de objetos comodificados.

Hay algunos que dicen, por ejemplo, que es inútil llamarle a una revuelta “revuelta” o “revolución”, porque en la Era de los Medios, todas las revueltas se convierten en clasificaciones etiquetadas, definidas y hasta empacadas como comodidades –usualmente ligadas a ciertos nichos de mercado—que inyectan combustible a mecanismos totalitarios de mediatización sobre la vida.

Nosotros vemos una grieta en esta maquinaria de co-optación: ¿Qué sucedería si una revuelta si sostuviera el rechazo a la mediatización como médula de su mensaje pudiera construir grandes momentos fuera de los lineamientos de expresión de los medios? Esta revuelta mejor que manifestarse a sí misma como una organización sedentaria o una serie de instituciones estacionarias , adopta una instancia ubicua, no fija; no somos un movimiento de “solidaridad”, sino uno de “fluidaridad”, impactando con cautela, sorpresa y creatividad contra las estaciones insititucionales de los medios.

Podemos, aveces, aparentar que venimos de ninguna parte; de hecho, las tensiones y contradicciones inherentes a los medios modernos nos proporcionan una infra-pantalla de las fuerzas nómadas y económicas del poder al cual nos oponemos.

En otras palabras, estamos ocupados construyendo un Virus de Immedia creando una situación en la que los poderes de los medios, en el caso de que intentaran co-optar y comodizar nuestros mensajes, se volvería contra ellos mismos, creando más grietas adicionales en la armadura de ilusión de los medios, que entonces explotaremos más ampliamente para los propósitos de destruir el control de los medios sobre la vida.

C. Históricamente, las revueltas se han conducido contra los gobiernos, líderes y clases sociales. ¿Pero cómo puede formularse una revuelta contra una tecnología tal como los medios?

Una revolución de Proyecto Immedia contra los medios, mediatización e intermediarios reconoce una situación única entre nosotros. A causa de que toda la gente sufre bajo la Sociedad Mediatizada, todo individuo (incluyéndonos a nosotros mismos) es, potencialmente, también el enemigo.

En un sentido, este es un atractivo al humano que todos llevamos dentro para involucrarse en la revolución de uno mismo; al desechar los grilletes electrónicos que nos esclavizan y nos hacen como cyborgs o robots, reclamamos nuestro renacimiento como hombres y mujeres libres.

No tenemos (todavía) las respuestas acerca de cómo llegar a cumplir tal meta, tan abrumadora como necesaria. Pero estamos desarrollando las preguntas y el lenguaje por medio de los cuales las respuestas se empiezan a revelar por ellas mismas. Para lograr el éxito en esta búsqueda, sentimos que es vital un espíritu de experimentación, que permita aprender las lecciones de los errores individuales.

Para éste fin, estamos desarrollando tácticas, así como áreas específicas de investigación que puedan evolucionar. Estos ensayos delinean una docena de objetivos claves de un Proyecto Immedia.

I. Trabajo Innecesario y las Promesas Rotas de la Tecnología.
II. El Impresionismo Tecnológico.
III. La Ilusión Política.
IV. El Rechazo A Ser Mediatizado.
V. El Cyber-Dilema
VI. Libertad de Expresión y Libertad de Ser Voceros.
VII. Intermediarios
VIII. Propiedad, Ondas Espaciales y Cables: “Robar Este Radio”
IX. TeleTV NotiNoticias
X. Immedia en los Medios Impresos
XI. Desarrollando un Lenguaje Immedia
XII. Un salón Immedia

Estos “ensayos de búsqueda” deberían ser considerados documentos de trabajo, para ser discutidos, corregidos, mejorados y hacerlos sujetos de acción… ¡Inmediatamente!

Doce Tareas de Búsqueda Immediatas:

I. Trabajo Innecesario y las Promesas Rotas de la Tecnología

Las promesas rotas de la tecnología están en el corazón de estas tareas de búsqueda. Muchos no han creído por demasiado tiempo que la tecnología habría de liberarnos haciendo más formas de gozarlo. La tecnología nos iba a traer más “tiempo libre” o “entretenimiento”, y mejores formas de gozarlo. Esto es todavía tomado como un dogma en la cultura contemporánea, a pesar de abrumadoras evidencias de que sucede todo lo contrario.

En la actualidad, la tecnología ha servido para permitirle al intermediario de cualquier índole exprimir a la gente común más eficientemente y para separarnos del tiempo y el espacio que necesitamos para disfrutar vidas felices y creativas.

Mucha gente se cuelga de una desesperada esperanza en que la tecnología resolverá los problemas de nuestra era. Más aún, a los ojos de mucha gente sincera, los medios, -por haber reemplazado mecanismo más antiguos de control como la Iglesia y el Estado- tienen la apariencia cuidadosamente aderezada de un fenómeno de corte filoso: un tecno-progresismo mítico.

Este corresponsable comprende, con no poco de tristeza, que sus 20 años de activismo social terminaron inyectando combustible a los precisos mecanismos de control a los que había decidido oponerse –ya sea al tratar de remodelar las causas para complacer a los medios (y así ganar cobertura para “causas” o movimientos) o al convertirse en uno de los miembros de los medios (aún cuando fuera en la “prensa alternativa”).

La Ilusión, sin embargo, inevitablemente conduce a la desilusión. Y la des-ilusión debería ser una experiencia mejor valorada, porque las ilusiones bajo las cuales trabaja la mayoría de la gente les traen cada vez más dolor que placer.

Vemos la desilusión en todas partes de la sociedad, especialmente en aquellos lugares cada vez más escasos donde los medios no han controlado los entornos en cualquier momento dado del presente. El acto de mirar hacia una pantalla –sea la televisión, la computadora, el parabrisas o la propia representación del ego hacia sí mismo y hacia otros— es profundamente alienante como experiencia vivida. Es la sobre-mediatización -y la destrucción- de todo lo que acostumbraba ser la vida.

Un mundo mediatizado ha congelado nuestras vidas cotidianas en un simulacro de cosas que han reemplazado la experiencia vivida: dólares, relojes, imágenes y representaciones. Como tal, ha hecho a sus consumidores gente de mente débil (trayendo con ello una debilidad de presencia física y salud causada por la vida sedentaria en sillones y cubículos, que compendian los impactos mentales y espirituales de la sobremediatización).

No estamos solos al notar que mucho del “trabajo” que se está haciendo en la economía moderna es “hacer como que está uno ocupado”: burocracias, juntas, papeleo, registro de datos, reglamentos, y trabajo alienado bajo las órdenes del intermediario y los mediadores a cada momento.

El Quehacer Inútil, que ha sido durante mucho tiempo una carga sobre las aspiraciones diarias de la gente, ahora abarca la mayor parte de las horas humanas que se gastan en el sistema económico global.

Esto es verdad en todos los comercios mediatizantes, y especialmente más aún dentro de los medios. Los medios producen muy poco, en el sentido tradicional de producción y consumo –ya que re-produce, o mediatiza, todo, casi siempre por un precio.

La función auto-perpetuable de los medios es reproducir la “comprensión” o creencia de que todo este trabajo es necesario. Después de todo, las cuotas de publicidad son las mismas sin importar la naturaleza del producto que se vende. Pero algo más ha sucedido también: en el juego de competencias y alianzas entre las estructuras de poder, los medios han ganado la mano más allá sobre los antiguos gigantes del poder: la iglesia, el estado y la industria, co-optando sus poderes para servir a su maquinaria, mientras absorbe las cualidades más tiránicas de cada uno de ellos. A pesar de las escaramuzas entre éstas instituciones (y entre competidores dentro de cada uno de estos circuitos de poder), estas fuerzas han siempre hallado puntos de alianza, y ese sigue siendo el caso en el presente.

Pero la relación de los medios con otras estructuras de poder ha evolucionado radicalmente desde las épocas en que las iglesias comisionaban artistas e implementos para publicitar sus mitos e ideologías. Por lo menos durante la extensión de tiempo registrado por la historia escrita, los medios han sido una herramienta de las iglesias, la industria productiva los gobiernos (incluyendo, para los propósitos de ésta reflexión, las organizaciones militares, que reconocemos que no siempre debieron ser inseparables o eternamente atadas al estado). Pero en algún punto o período, en el pasado medio siglo (y razonablemente la gente puede disputar sobre cuándo exactamente sucedió), ocurrió un mañoso cambio, o una rápida secuencia de cambios, que consolidaron el poder de los medios absolutamente.

La iglesia el Estado y la Industria son todos dependientes de las “tecnología de la información” o los medios, para permanecer como jugadores en las mesas del poder. El auge del “Televangelismo”, por ejemplo, no sólo demuestra cómo los medios publicitan un producto religioso, sino también cómo los medios por sí mismos favorecen ciertos modelos religiosos jerárquicos y motivados por el poder, discriminando otros. (Estamos intrigados, sin embargo, del porqué algunos campos de espiritualidad han demsotrado, en algunos lugares, más resistencias a la invasión de los medios de la que han mostrado el Estado o la Industria; corrientes de oposición desde Chiapas a el Tibet, hasta partes del mundo Islámico han demostrado inusual durabilidad mientras otras doctrinas más autoritarias fueron co-optadas o absorbidas).

Tenemos ratos más difíciles tratando de hallar los límites claros entre los medios y el Estado, a pesar de los esfuerzos de los apologistas por aparentar que se vigilan uno contra el otro. Para el propósito de identificar las restricciones impuestas a nuestra vida cotidiana, nosotros no podemos ponerlas aparte. En términos de la mayor parte de regulaciones sobre el comportamiento humano que acostumbraba ser el dominio de los gobiernos, los medios o han fijado estos refuerzos para que trabajen para ellos, o los han remplazado totalmente como una clase de fuerza policíaca espectactular; los autonombrados mediadores de las disputas públicas y sus crisis. Hasta el extremo de que si alguna vez hubo límites entre los medios y el capital, éste se ha borrado. Quien sea – o lo que sea—que controle la esfera del dinero se hace más difícil de localizar dada la naturaleza elusiva e internacional del poder económico. Un juego corporativo de ¿Dónde quedó la bolita? De fusiones, adquisiciones y compraventas apalancadas le ha dado al Poder al menos la apariencia de metamorfosis, y, por supuesto, está la continua competencia sanguinaria entre los integrantes de los poderes del “dinero viejo” que pueden haber sido, en otra era, las llamadas “100 familias”. Añadido a este torbellino están las consolidaciones del “dinero nuevo”, con frecuencia en sí mismos barones de los medios y la “nueva tecnología”. Y el creciente poder de formato prodigado por las máquinas y los propios sistemas organizativos continúa consolidando el poder mediatizador hacia menos y menos manos.

Los medios son el rostro más visible y audible de los poderes económicos, individual y colectivamente. Hasta el extremo de que pueden hallarse “salas de control” adicionales detrás de las pantallas de inspección y mediación, debemos primero destruir el poder mediatizante de la pantalla que protege al Poder de ser expuesto. Una revuelta popular contra los medios, la mediatización y el intermediario, cuando se encuentre reuniendo suficiente vapor, puede de hecho tener el efecto de forzar a los poderes detrás de las pantallas a que salgan de sus cloacas. Y aunque la frontera entre los Medios y el Capital se siga conservando tan compleja para que parezca vaga, hay un eco de distinción que nos gustaría resucitar: el que existe entre las industrias productivas y aquellas simplemente reproductivas que están acuerpadas por los medios. El Trabajo Innecesario, después de todo, es principalmente una consecuencia de la Dirigencia Innecesaria.

Usamos la palabra “revolución” con un intento serio. Reconocemos que la palabra ha sido comodificada y abandonada por muerta tanto por la Avenida Madison como por muchos “revolucionarios”. Todo cambio ilusorio, desde unos tenis nuevos hasta un congreso nuevo, es clasificado como una “revolución”. (El que la clase publicitaria proporcione tan frecuentemente “revoluciones” ilusorias, nos indica que hay un reconocimiento por su parte de que hay una oculta exigencia pública por la “cosa real”, para uno de sus slogans, que todavía late con fuerza, de tal manera que necesita su co-optación regular). Aún el auge de la tiranía a la cual nos oponemos se ha llamado a sí misma una “revolución de los medios”, o una “revolución de información”, una “revolución tecnológica”.

“Revolución” no es la palabra que mejor describe el ascenso de los medios al poder: el mejor término es Junta. Considérese cómo un aparato militar está, en efecto, hecho de una clase especializada de burócratas. La historia está repleta de ejemplos de cómo las organizaciones militares se han involucrado en coup-d’etat , golpes de estado, dentro de lo cual la burocracia especializada de dominación suplanta al Estado.

Los medios son, de igual manera, una fuerza de ocupación no simplemente sobre el territorio o las instituciones, sino como un ejército tecnológico que coloniza la conciencia humana: el diálogo interno del individuo. Y aun así, a través de haberse hecho tan totalitariamente pervasiva en la vida cotidiana de la mayoría de la gente, los medios nos han proporcionado inadvertidamente con un común enemigo en sí mismo.

Los medios son el más mediatizador de todos los intermediarios. Ha representado deshonestamente la mediatización –las tecnologías del intermediario—como un menú de formas de arte comodificadas, cuando de hecho mediar la sobrevivencia, la creatividad y las libertades de los pueblos constituye más una forma de intromisión impuesta.

El público está indignado, por supuesto, pero los medios canalizan nuestra hostilidad hacia unos contra otros, como grupos y nichos de mercado, en vez de dirigirla contra el fenómeno total de intermediarios y sus tecnologías mediatizadoras. Ah, pero nosotros notamos una fisura en su vasija: los medios nos han programado bien para buscar chivos expiatorios, y ha hecho pruebas de mercado cada chivo expiatorio sobre nosotros, exceptuándose ellos mismos.

En formas limitadas, los medios han reservado partes de sí mismos para el ridículo y la queja: los periodistas por escrito ridiculizan la televisión, los comentarios de radio atacan el ciberespacio, algunos programas de TV hacen un ritual de “desconstrucción” auto-referencial (p.ej.”Late Night with David Letterman”, de la ABC, “Los Simpsons” de la FOX, en EEUU). Los medios proporcionan una ilusión de auto- oposición, o lo que su industria llama “crítica de los medios”, el más impotente de los géneros periodísticos.
Los medios están advertidos, hasta cierto grado, de que su teatrito se les está cayendo. Sus tecnologías de investigación de mercados ya han levantado la ira pública contra los medios sobre sus máquinas de radas de pesquisas de mercado.

Y así los medios, en su intento de redirigir el creciente descontento popular, se encuentra hoy exacavando “nichos de mercado” de ridiculización de los medios, creando su propio catálogo de celebridades opositoras, de Bob Dole a William Bennett por la derecha, a Catherine McKinnon, la “feminista por censura legal”, y hasta el “antitecnologista” Kirkpatrick Sale, y una camada de cyber-chavos sobre-socializados, detrás de los cuales los críticos de los medios supuestamente se van a alinear.

No tenemos nada en común con tales oponentes espurios, ni con sus enfoques censurantes. No hemos llegado a quemar libros, imponer etiquetas de prevención en los productos de los medios, ni para destrozar Tvs o para condenar a muerte a las computadoras personales. Ni caemos en el truco por el cual conquistamos un juego de tecnologías de su lustre arrebatador por medio de la creación de un “show” (que no es puro espectáculo) mejor y más participativo fuera de la pantalla. Un Proyecto Immedia no viene para destruir la libertad de expresión, sino para cumplirla.

Repetimos: los medios ya han hecho pruebas de mercado de cada chivo expiatorio sobre nosotros, excepto por los actuales locales de poder detrás de sus máscaras y pixeles. Por que los medios son, por su fuera poco, el 90 por ciento aproximado de la economía global que no está ligada a la producción de cualquier artículo o servicio: los Medios son el Intermediario. Los zapatistas indígenas revolucionarios en Chiapas, México, han llamado a esta bestia de la post-guerra Fría “neoliberalismo global”. Otros la han nombrado “El Espectáculo” o “Capitalismo Comodino”. Nosotros tenemos “fluidaridad” con tales esfuerzos. Pero usamos las palabras los medios porque en nuestras vidas cotidianas, es la forma más fenomenológica en que la gente de todas las clases, ahora, experimentan el abuso en manos del poder.

Los medios son un sinónimo con la economía innecesaria de la mediatización y el intermediario; aquello que conserva a todos esclavizando en vez de gozar y crear. Los medios acuerpan las más rotas de las promesas de la tecnología.

El ya poderoso reservorio público de la ira contra los medios y el intermediario, enmudecido por tanto tiempo, se cuece a punto de estallar sobre éste lado de la Pantalla.

Las revoluciones llegan cuando el público descubre que su “protector” ha sido, realmente su tirano.

El público oscila entre la ilusión y la desilusión cuando se trata de los medios. Nosotros, el Pueblo, tenemos una relación de amor y dio con nuestras pantallas, teñido con un sentido de resignación de que una vida mediatizada es inevitable. En todas las esquinas, escuchamos quejas airadas acerca de los medios, buscando una voz común. En esas mismas calles, también escuchamos el escándalo de TVs y radios, en los autos, tiendas y hogares, y la mayoría de nosotros parece que no puede quedarse lejos de las seducciones de la pantalla.

Un proyecto Immedia se forma naciendo de la necesidad de abrirse a la libertad, como individuos, de la sobre-mediatización. Y sin embargo, habiendo evolucionado alrededor de los medios y la tecnología nosotros mismos, reconocemos que hay, en el presente, una guerra de 24 horas al día entre los medios y el ser, y nos hallamos a nosotros mismos diariamente en ambos lados de las barricadas. Y así luchamos por comprender mejor la naturaleza de nuestra relación actual con nuestro enemigo.

I. El Impresionismo Tecnológico

Los medios son un profundo problema sicológico para el individuo. Cualquiera que haya alejado a un perrito de su madre para llevarlo al nuevo hogar ha conocido algo acerca de las impresiones mentales. El cachorro empieza por asignar emociones y sentimientos que anteriormente tenía hacia su madre, ahora hacia sus amos humanos, algunas veces aún hasta objetos inanimados tales como una cobija o un par de zapatos.

La civilización moderna está ahora dominada por generaciones que se establecieron enfrente de un televisor a edad muy temprana. La TV era y permanece como un padre surrogado en la mayor parte de las viviendas familiares. Fuimos imprimidos por la pantalla (y muy literalmente es así –está bien establecido que la televisión impone un re enfoque de los lentes ópticos humanos en sus jóvenes consumidores); así comenzó nuestra profunda relación emocional con la tecnología de los medios y con la vida mediatizada –una relación psicológica muy compleja que debe ser explorada y comprendida si quiere hallársele alguna salida.

Si esto es verdad, significa que toda la variedad de emociones que la gente tiene hacia sus padres, ahora las tiene hacia los medios (que gozando de nuestro trabajo y atención, nos conserva correspondientemente, en estado infantil como población). La Avenida Madison ha estado consciente de este “proceso de infantilización” durante décadas, y ha trabajado muy exitosamente para conservarnos como espectadores de nuestro propio tiempo; ¡espectadores en nuestros propios hogares!

Y sin embargo, esta profundidad impuesta de relaciones que tenemos, como individuos, con la tecnología (y con los medios como su manifestación más alta) también ha llevado a muchos a un estado casi de estallido, a la manera de Edipo, de ir en contra de la tecno-tiranía. Los bombazos como los del terrorista anti-tecnológico llamado “Una-Bomber” son quizá el ejemplo más extremo, pero la cultura popular también está repleta con brotes de quejas menos violentas contra la deshumanización de una cultura mecanizada. Esta es una emoción medular dentro del movimiento por la conservación del ambiente. También puedes ser visto en muchas formas de reclamos conservadores contra los medios. Es también un tema socorrido por muchas artes populares, la ciencia ficción y el teatro. A menos y hasta que esta Ira encuentre su transformación en una revuelta popular de creatividad no mediatizada, continuará creciendo alrededor de la sociedad en forma de constantes humillaciones que ocurren cuando infelices individuos se encuentran con otros individuos infelices; el impuesto escondido sobre la ida Cotidiana que resulta del desprendimiento masivo.

II. La Ilusión Política

La política ha dejado de decidir los temas que más le importan a nuestras vidas cotidianas: encontramos que los lineamientos tradicionales de expresión política son inadecuados para nuestra tarea de reclamar el terreno de nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, ¿Quién ha jamás votado por una vida urbana dominada por una sobrepoblación de automóviles? (Rechazamos la ficción de que el público “votó” como consumidores al comprar y usar vehículos de motor; cuando los individuos son forzados por la economía a participar en una actividad, eso no constituye libre elección –esa es, en efecto, una imposición, una tiranía.) Los nuevos inventos, cada uno como fait accompli, un hecho consumado, en una ideología de inevitabilidad tecnológica.

En vez de ser capaces de formular nuestros propios intereses por medios políticos, al público ahora se le presenta un menú de “temas” desde un limitado juego de opciones que le dan: ¿Está usted a favor o en contra del aborto? ¿de la reducción de impuestos? ¿la conservación del medio ambiente? Bisbiseos y timbrazos han reemplazado a la democracia real. La “política de identidad” ha rasurado todas las insurrecciones sociales rebajándolas hasta un reivindicatorio grito no reconocido que pide “Migajas más grandes, jaulas más amplias!”. De esa manera, la gente se sobre-identifica con grupos (basados en razas, géneros, sexualidad, religión, generación, clase y categoría de trabajadores o consumidores), y entonces buscan ganar mayor poder para su nicho de mercado (generalmente en detrimento de otros grupos) in formas que refuerzan los mismos mecanismos de control que continúan oprimiéndolos como individuos.

La “reforma de finaciamientos para las campañas electorales” en los EEUU es un excelente ejemplo de esta clase de tema. Mucho añadido se hace ahora a los que algunos de nosotros dijimos hace años: los intereses monetizados tienen demasiada influencia sobre el gobierno y las políticas. Aún los medios –el beneficiario primordial de nuestro sistema electoral vigente (si se mide en dólares y centavos) – reconoce el descontento público acerca de la influencia prevaleciente del dinero sobre las campañas. Es ya bastante aceptado por la mayoría, ahora, que este es un problema. Y la mayor parte de la gente “capta” el arreglo por el cual las corporaciones y otros hacen donaciones a las campañas políticas recibiendo a cambios legislaciones y tratos especiales que los favorezcan.

Aún así, todos los que están dentro de los medios parecen haber perdido, u omiten de su cobertura, lo más obvio: ¿A dónde van esos dineros? La pista nos lleva de regreso a …los medios.

“Sigue al dinero”, es una frase hecho periodística, obviamente de poco significado para una prensa en funciones que ha fallado en trazar las huellas del papel político hasta su conclusión. Por los mismo el público ha sido alimentado con la mitología de que son los políticos los que personalmente se embolsan estos millones de dólares que van entre sus campañas. (esto también, tiene sus efectos de supresión en el cuerpo político, en forma del cinismo que bordea la práctica de chivos expiatorios hacia una completa clase de personas –los políticos). Pero el hecho es que en la mayor parte de las campañas, más de cincuenta centavos de dólar van directamente a los medios para publicidad: la simple pregunta de “quibono”? (¿quién sale ganando?) invita a darnos una respuesta que nos disturba.

¿Quién es la red extendida que se beneficia mayormente? Los medios. ¿Y quién es propietario de los medios? Los propietarios legales (Westinghouse, General Electric, Capital cities, Disney, Murdoch y Microsoft, y en México Televisa y TV Azteca) controlan las palancas del poder, pero también, sin que sea menos significativo, la clase publicitaria a la que los medios rentan nuestras diarias atenciones llevan su tajada al mantener el sistema. Las compañías que anuncian sus productos en los medios gozan de una cierta propiedad de “tiempo compartido”—aquellos que poseen título de propiedad les responden. El traslape entre los donadores para campañas y los que eventualmente reciben ese dinero es una historia que los medios no pueden decir sin exponerse a ellos mismos y a sus patrocinadores. ¿Es entonces extraño que sea tan difícil construir un lenguaje para una verdadera reforma de las campañas, o para cualquier cambio de sistemas, dada la interminable capacidad (y motivación) de los medios para confundir las propuestas reales?.

III. El Rechazo a Ser Mediatizado

En el presente, los trabajadores de los medios son muy defensivos y tiene la piel muy delgada cuando se asoma a la superficie información que amenace con reventar sus propias ilusiones acerca de ellos mismos y su papel en la sociedad y la economía. Están siempre en guardia contra colegas suyos que no guarden el sucio secretito de su propio poder ilusorio. (Esta averiguación, para decir lo menos, estrecha mi propio “nicho de mercado” como escritor. Estas ideas, y mi pasión por ellas, me sitúan muy lejos, lo reconozco, fuera de los medios como carrera). Los medios están sobrepoblados por una nueva clase de individuos que tienen, en esencia espíritus del intermediario; habiendo perdido la veta creativa por ellos mismos, su única razón de ser es mediatizar la creatividad de otra gente.

Y sin embargo, no hay (que yo pueda pensar) una revuelta, excepto por una con el grito de batalla de “rechazo a ser mediatizado”, que pueda exitosamente resistir el proceso de cooptación que ha dispersado tan efectivamente los movimientos sociales en los finales del siglo 20.

Rechazar la mediatización es una meta casi imposible en total. Sin embargo, el proceso de rechazo en las vocaciones creativas conserva una promesa como táctica exitosa: una vez adoptada por una masa crítica de escritores, artistas, músicos, teatreros, artesanos e individuos creativos (término amplio que definimos adelante con más detalle), un movimiento Immedia empieza a establecer algún terreno espectacular desde el cual puede lanzar ideas, conceptos y lenguaje. La meta de este nuevo lenguaje es desestabilizar y empezar a desmantelar la tecno-transa por medio de la cual los medios refieren dedicados al entretenimiento, lo que tiene consecuencias para todos nosotros, al público en sus ilusiones.

Algunos sectores de esta “resistencia artística” ya han establecido terreno bajo la forma del movimiento “Hágalo Usted Mismo”—o H.U.M.—entre productores de su propia música que surgieron del rock punk, y del fenómeno “zine” de auto-publicitarse (nosotros estamos, sin embargo desilusionados por la falta de conciencia Immedia o de aspiraciones que se nota en la mayor parte de las publicaciones del género “punk zine”, especialmente el fenómeno “fan zine”, que paradójicamente, se arrodilla ante el altar de productos al consumidor). Aun así, se ha difundido una ética de desconfianza ante el intermediario en la industria musical entre muchos talentos, destacados o por destacar, dentro del mundo musical.

Se han atestiguado empujes similares en las artes visuales y presentaciones públicas. De hecho, uno de nuestros hallazgos mientras efectuábamos nuestra Investigación de Immercados” es que algunos artistas visuales y caricaturistas han estado confrontando y subvirtiendo las mediatizaciones de galerías, museos y las clases curatoriales desde hace ya bastante tiempo. En esto, (y también entre algunos artistas de teatro) se han desarrollado tácticas callejeras por lineamientos de expresión que pueden aplicarse a otras artes.
Los artistas visuales, de presentación o performance han entonces hallado y creado, al menos temporalmente, quebrazones de ironía en el acero de los sistemas mediatizadores (.ej., el traspaso de galerías y curadores por medio del Internet; o el financiamiento del arte callejero a través de una venta de galería). No estamos sugiriendo un rechazo que sea tan absoluto y rígido que niegue la verdad de que todos tenemos que comer; los tiempos mutantes piden herramientas mutantes. Sin embargo, lanzamos una provocación: los artistas visuales y de performance, como la gente creativa de todas otras las líneas, no han hecho una coalición para romper los muros de tinta y electrones erigidos por los medios de noticias y entretenimiento; esta frontera espera su atención visionaria. ¿Y no es cierto que un artista vive para la frontera?.

Los artistas de la literatura y el periodismo, de hecho, estás detrás de la curva en este esfuerzo. En parte, porque la palabra hablada y escrita son tan dependientes del leguaje—y el lenguaje es lo que los medios controlan mejor.

La única área donde la palabra escrita parece haber sacudido las escamas de las mediatización y la censura es el Internet –donde decenas de millones de individuos están en el presente virtiendo mucho de su creatividad. Esta apariencia de libertad de expresión ha sido reforzada por esfuerzos para controlar la expresión en el ciberespacio; como si la mera legislación confirmara la existencia de aquello a lo que se opone. Pero el “ciberespacio libre” es un mito, sin importar que los gobiernos dejen o no al Internet sin censura.

IV. El Ciber-Dilema

Para aquellos de nosotros que fuimos criados con la televisión (una pantalla unidireccional a la que no le podíamos hablar) el Internet parecería ser una clase de liberación: una pantalla de dos direcciones a la cual podemos, ciertamente, responder. Y el ciberespacio, como el teléfono gracias al cual existe, llevaba ventajas prácticas para la comunicación con otros individuos y subculturas en un mundo alienante.

El fino placer de ser capaz de “contestarles” a nuestros medios tecnológicos ha inyectado una forma de entusiasmo religioso por el ciberespacio en específico, los “Nuevos Medios” en general, y por la tecnología sobre todo.
Los escritores, particularmente, han abrazado el ambiente “libre de editores” del ciberespacio y su correo electrónico, sus oportunidades de conferenciar en ingresar en redes, como una gran bendición a la literatura. Pero al hacer eso, hemos ignorado, para peligro nuestro, las formas en que el Internet, como todos los medios, nos sobre-mediatizan.

Primero y más importante, es la demanda de la ciber-pantalla de que debemos permanecer en posición sedentaria –sentados frente a las computadoras. Para participar.

Segundo, es la capacidad aumentada de inspección que se ofrece a las instituciones e individuos por el ciberespacio.

Tercero, hay la delicada cuestión del trabajo: Habiamos pensado que el ciberespacio era mejor para nosotros que la televisión a causa de sus componentes interactivos. Pero en algún punto salta la comprensión: la Televisión, aún con todos sus irritantes, al menos no es un centro de trabajo.
El Dr. Gary Greenberg, en su libro The Self on the Shelf: Recovery Books and the Good Life (1994, SUNY press) (El Ser en el Estante: Los Libros de la recuperación y la Buena Vida), que trata sobre los libros de superación personal, rehabilitación y auto-psicología, examinó el conjunto de libros de “auto-ayuda” del movimiento “codependencia”, e hizo ésta pregunta: ¿Qué clase de Ser es el que se autoayuda, y qué clase de ayuda se ofrece en estos libros de autoayuda? Una pregunta similar puede ser hecha a la tecnología de Internet: ¿Qué clase de Ser está siendo procesado a través de éstas pantallas?
Trabajar en una pantalla de computadora por ocho horas al día es profundamente alienante: cría actitudes antisociales al aislar los individuos del contacto humano. El trabajo alienado no es nada nuevo. Lo que ha surgido sin embargo, en los últimos 40 años de cultura occidental, es una nueva clase de ciudadano. El y Ella viven la vida sometidos a través de pantallas que los conservan a él y a ella alienados no sólo de los otros, sino de sí mismo y de ella misma. La participación en el ciber espacio requiere el invento de una “nueva persona” –unidimensional, como todo lo demás en la pantalla de la computadora—que el participante llega a creer que es él o ella.

Pero es solamente una representación, severamente limitada tanto por la tecnología y la auto-censura impuesta por los límites de la mente y el cuerpo que uno debe aceptar con aquiescencia a fin de ser partícipe de la “ciber-revolución”. Esto no quiere decir que sin las pantallas de los medios el hombre y la mujer modernos no sufrirían alienaciones.

Lo que estamos diciendo, en cambio, es que la pantalla calcifica la alienación de tal manera que la hace inmanipulable: un poder absoluto sobre la vida cotidiana.

La generación TV sirvió su vida vicariamente a través de actores y héroes de caricatura sobre una pantalla. LA ciber-generación, con un nuevo giro, hace la representación del participante como si fuera el héroe.

Pero ese protagonismo no está menos alienado de la persona interna que el que interpretan actores y actrices que nunca se encuentran cara a cara con su público. A causa de la naturaleza amortajada de esta separación de su Ser, el ciber-protagonista, de hecho, está más alienado.

Encaramos ahora el surgimiento de una nueva clase de individuos letrados tecnológicamente, quienes, para obtener esas habilidades, han sacrificado grandes trozos de experiencia humana vivida. Los trabajadores de los medios, quienes desde hace mucho tiempo forman las clases “educadas”, nunca han estado realmente en contacto con el público. Nuevas tecnologías han ensanchado este abismo: la individualidad que alguna vez mostraron algunos de los trabajadores de los medios ahora es barricada mortal en la supercarretera de la información. La “Clase de la Libertad de Expresión” se ha anquilosado y convertido en una entidad estacionada, aún cuando sus miembros individuales que llenan las nóminas de las Tecnologías omnipresentes de los medios se muevan de un empleo a otro. Y esta sobre-alienada “Ciber-casta” ahora incluye a la mayor parte de los miembros de los noticieros y medios dedicados al entretenimiento, lo que tiene consecuencias para todos nosotros.

V. Libertad de Expresión y Libertad de Ser Voceros

Una vez más, los miembros constituyen una “clase de libertad de expresión”. Ellos tienen ahora derechos que los ciudadanos promedio no pueden tener: La Primera Enmienda Norteamericana y los artículos constitucionales mexicanos o de otros países que establecen igualdad de derechos para todos, entonces, han sido racionados selectivamente.

Sólo se necesita echar una mirada a la “lotería de protestas” que en agosto de 96 llevó a cabo la ciudad de Chicago para determinar a qué grupos les sería permitido reunirse fuera de la Convención Nacional Democrática para replantear sus agravios. Más de 60 grupos pidieron permisos para desfilar y manifestarse públicamente. Sólo siete fueron concedidos, y esos por lotería.

Una de las razones centrales del porqué los ciudadanos tan limitados en sus derechos a la libertad de expresión es que la ciudad de Chicago era anfitriona de 15,000 miembros de los medios informativos esa semana. Esta élite corporativa ocupaba cuartos de hotel, salones de eventos y áreas públicas importantes en las calles y aceras además del centro de convenciones. Ellos tenían pases de prensa y acceso a los eventos que los ciudadanos promedio no podían tener.

Y sin embargo, la “clase de la libertad de expresión” está hecha de individuos con menor “libertad de ser voceros” que la población como un todo. La vida diaria cotidiana de un trabajador de los medios es andar cazando su horario límite, con muy poco tiempo pensar acerca de las consecuencias de su o sus productos, y aún menos tiempo para gozar la vida o tropezarse con algo NUEVO: Así, el término “NOTICIAS” se ha convertido en caracol vacío de lo que fue en los primeros días de la primera enmienda.

La especialización también ha venido a plagar la industria de los medios: ningún periodista o creador puede ver su o sus creaciones llegar a completarse sin mediatización. Todo escritor está sujeto a los editores; mientras más audiencia tenga, más editores hay entre las palabras del escritor y sus lectores. Lo mismo es verdad para los locutores de la radio, los reporteros de la TV, y hasta los trabajadores de los “Nuevos Medios”. Este es también el caso de quienes se dedican al entretenimiento, los músicos, los artistas visuales y de presentaciones. El trueque es evidente: La libertad de ser voceros se entrega a cambio de audiencia, y por una comodificación resultante de todas las palabras, sonidos e imágenes. Ya no hay más labor de “prensa” sólo producto.

El Periodismo está muerto como una forma de arte viviente. Ahora genera simples rellenos para lo que queda: el diario asalto publicitario que mantiene a la cultura obsesionada con el consumo y la producción.

VI. Intermediarios

La palabra “medios” se una más efectivamente el contexto de la palabra intermediario”. Nuestro proyecto ha tenido ya gran éxito utilizando esta técnica. La desconfianza pública hacia el iha encontrado más raíz en el lenguaje del que tiene su igualmente severa desconfianza de los medios. Cuando el público empieza a reconocer los medios como la obra del intermediario, generalmente se da una mayor receptividad a estas ideas.
En nuestro continuo esfuerzo por eludir el error de crear dogmas, también aseveramos que este uso del lenguaje, como cualquier otro, tiene límites: habrá algunos, sin duda, que tomen esta aversión a los intermediarios que los harán ridículos. Después de todo, ¿No es el limosnero, indigente y sin hogar un “intermediario” de clases entre tú y el brocal? ¿No es cualquier oración una mediatización? Como lo veamos, ninguna fraseología es perfecta o permanente.

Y no toda mediatización implica una imposición (irónicamente, desarrollar una conciencia acera de cómo un objeto o persona mediatiza puede, en efecto, hacer más posible hallar placer en algunas mediatizaciones). La línea de demarcación no está fija: hay tantos puntos de ataque como hay eventos en la vida diaria de cada individuo. Pero tenemos suficiente experiencia con la estrategia de ligar a los medios con el intermediario, y con la táctica de rechazar ser mediatizados en las tareas creativas, para sentirnos confiados de que la gente creativa es bastante capaz de discernir los usos apropiados para la vida cotidiana de cada uno.

VII. Propiedad, Ondas Espaciales y Cables: “Robar Este Radio”.

“La libertad de prensa es para aquellos que la poseen” Esta es una verdad muy aseverada por la Primera Enmienda. La consolidación continua y emergente de los medios masivos en cada vez menos manos de propietarios ha colocado a la libertad de expresión en un lugar muy lejano de la capacidad del público para practicarla.

Un proyecto Immedia debe, por supuesto, encausarse a este problema de la propiedad. Tomamos gran inspiración del “movimiento de los agachados” de los centros urbanos en los EEUU y otros en el mundo, en los que los ciudadanos han reclamado los barrios bajos abandonados y sus edificios y los han reconstruído para habitarlos y hacerlos sedes de sus aventuras creativas. Sus acciones para desprenderse de los dueños rentistas –los intermediarios de la propiedad- nos han proporcionado un asomo a una táctica Immediata que comienza por pasar de largo ante el intermediario de las noticias y el entretenimiento.

Hallamos útil pensar en las ondas espaciales públicas como una forma de propiedad. La televisión, el radio y las transmisiones satelitales invaden el espacio aéreo privado de todos. Los teléfono, el Internet y la televisión por cable, de la misma manera, se aprovechan de los sistemas de cableado público y gozan de considerable apoyo de la infraestructura por parte de los gobiernos locales. Estos son los medios de comunicación y expresión en la sociedad mediatizada. Debian ser democratizados, por supuesto, para que todos puedan gozar de accesos comparables. Pero lo urgente es que los mismos lineamientos deben ser transformados, y en muchos casos, los sistemas más centralizados destruídos, destruídos para que nadie pueda abusar de ellos nuevamente.

Hemos observado, con gran interés, una acción civil en subterfugio en la Novena Corte de circuito de los Estados Unidos, en la que la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) ha multado a un operador de radio pirata con 20 mil dólares. Pero la FCC ha perdido méritos de sus mociones clave ante el juez qe ha indicado su voluntad de llevar el caso en los términos de la Primera Enmienda. En este caso, los operadores de la radio pirata, en esencia, “paracayeron” en las frecuencias de las ondas aéreas no utilizadas para reclamar su libertad de expresión.

Estamos en contacto cercano y praxis activa con el más grande de tales proyectos de radio pirata en la ciudad de Nueva York: -88.7 FM “Robemos Este Radio”—que propicia más de 30 programas por artistas y grupos de la comunidad en el Lower East Side, el Lado Bajo Oriente, o Loisaida, como lo llaman muchos puertorriqueños e inmigrantes latinos en nuestro barrio. A pesar del alto perfil de la estación “Robemos Este Radio” desde noviembre de 1995, el FCC no se ha movido contra la estación. Sospechamos que la derrota de esta agencia en la Novena Corte de Circuito la han conducido a esta timidez regulatoria.

Contamos entre nuestros colaboradores con abogados que están investigando las posibilidades legales para el paracaidismo en frecuencias de difusión no utilizadas, que yacen dormidas en todo el mercado en los medios en los Estados Unidos. Habiendo atestiguado el éxito de la estación “Robemos Este Radio” al conjuntar esfuerzos de grupos dispares que de otra manera no querrían hablarse o conocerse, miramos este proyecto como un laboratorio Immedia. Esta estación no responde a las exigencias de los publicistas o las regulaciones de los medios; la creatividad de los participantes, por lo tanto, fluye sin tapujos. Un espíritu de espontaneidad e improvisación ha entrado a la frecuencia 88.7, donde antes imperaba el silencio.

En octubre de 1996, anterior a este folleto, los estudios de “Robemos Este Radio”, que muy adecuadamente están situados en edificio tomado por el “paracaidismo” en el Lower East Side, fueron remodelados y acústicamente adecuados. Se han instalado recientemente Líneas Telefónicas Vivas, para llamadas del público, añadiendo la voz del público a las emisiones. Esta estación tiene actividades seis noches a la semana y pronto difundirá 24 horas de los 7 días de la semana: alrededor del reloj. La audiencia de esta estación crece desafiando las limitaciones de los “nichos de mercado” que se han calcificado alrededor de las estaciones de radio públicas y comerciales.

Un Proyecto Immedia continuará nuestra entusiasta participación en esta estación de radio pirata. Llevaremos registro de su progreso, diseminaremos (y no consolidaremos) su arsenal de experiencia hacia el aterrizaje de más estaciones piratas, y proporcionaremos el contexto en nuestra misión como un “laboratorio de lenguaje”, como desarrollamos un dialecto Immedia.

VIII. TV TELENOTICIEROS

En la primavera de 1996, algunos de los principios en un proyecto immedia desarrollaron, en Boston, una táctica por la cual los ciudadanos comunes pueden empezar a contestar los tiros de las cámaras que invaden nuestras vidas cotidianas.

Los TV TELENOTICIEROS o “Noticieros por Televisión sobre otros noticieros por Televisión”, son descendientes de un evento político particularmente “espectacular”: el debate del 8 de abril de 1996, en el Salón Fanueil, entre los candidatos al senado de los EEUU John Kerry, del Partido Democrático, y William Weld, del Partido Republicano.

Este proyecto empezó con una pregunta: ¿Cómo reaccionarían los noticieros de los msi las cámaras se volvieran de pronto hacia ellos?

Conseguimos prestada una videocámara, luces y baterías de una estación local de televisión por cable, aseguramos credenciales a través de colaboradores dentro de los trabajadores de los medios e imprimimos nuestros propios “pases de prensa”, usando fotografías Polaroid de nuestro personal, (de tal manera que nuestro esfuerzo a veces pareciera trabajo de aficionados: esto resultó ventajoso para nosotros cuando logramos que nuestros enemigos mediatizados nos subestimaran, y al demostrar que cualquier pequeño grupo puede intervenir con ésta táctica).

Además de nuestro “personal del noticiero” otra cámara separada (llamada “TV3”) videogrababa las interacciones entre nuestro personal y los de las estaciones comerciales de televisión, así como las interacciones con varios periodistas de prensa y radio que estaban cubriendo el debate.

El personal de los “TV TELENOTICIEROS” también entrevistó a varias personas del público, a los candidatos, (incluyendo a los candidatos del Partido Libertario y a los del Partido por Derechos-para-vivir escluídos del debate), y operativos para las campañas en competencia por el senado, pidiéndoles que comentaran cómo pensaban ellos que los medios de comunicación comerciales estaban haciendo su trabajo.

Los “TV TELENOTICIEROS”, subsecuentemente, han probado esta táctica de voltearles las cámaras (El chirrión por el palito) a los Medios de Enajenación en otros escenarios-teatrales- de operaciones que han invadido.

Durante estas maniobras tácticas, cuando notamos que el personal de un noticiero comercial entrevistaba a una fuente o a un espectador, nuestro personal echaba sus luces hacia esa entrevista, y luego descendía inmediatamente después hacia el individuo entrevistado, para preguntarles si sentían que habían sido tratados con justicia por esos medios y si les habían dado la oportunidad de decir lo que querían decir.

Pronto se nos hicieron obvios unos cuantos descubrimientos:

• Cuando el personal de los noticieros de los Medios tiene apuntadas hacia ellos cámaras manejadas por la ciudadanía, con frecuencia se vuelven super defensivos y exhiben los mismos comportamientos que ellos provocan a los sujetos de sus entrevistas que los rechazan. Algunos periodistas han húido corriendo de las cámaras de nuestro personal. Otros han tratado de poner sus manos sobre lentes, provocando grabaciones de escenas humorísticas –y gratificantes- que demostraban el poder del arsenal de los Medios cuando se transforman en “armamento Immedia”.

• La vanidad de muchos trabajadores de los Medios también creó una ventaja: Algunos, en vez de huir corriendo de las cámaras, accedían a las entrevistas, en las que se les preguntaba cuán mucho o poco ganaban de salario y otras preguntas acerca de sus roles individuales en el proceso. Así, el proyecto de los “TV TELENOTICIEROS” tuvo éxito al iluminar la naturaleza ilusoria de los noticieros de los medios, y así expuso que su poder es también ilusorio, y que es accesible para cualquiera que tenga una videocámara.

• Cuando las cámaras de la ciudadanía se apuntan hacia los medios, causan un cambio notable en la forma de hacer su trabajo. Concientes de que stán siendo monitoreados, los periodistas de los medios de enajenación comerciales de repente se volvieron más respetuosos con sus fuentes. Al notar que los “TV TELENOTICIEROS” estaban entrevistando a las fuentes pidiéndoles que expusieran acerca de sus propios sentimientos después de haber sido entrevistados por la prensa, los reporteros comerciales se volvieron más solícitos hacia el público. Algunos empezaron a preguntarle a sus entrevistados: ¿Ha dicho usted todo lo que quería decir?, conscientes de que ellos mismos estaban siendo observados. Los entrevistadores se volvieron más substanciosos. El “Principio de Heisenberg” salió a la superficie: el acto de estudiar a los sujetos de los medios cambió el comportamiento de grupo que estaba siendo estudiado.

Cuando pensamos en toda la creatividad pública que actualmente se vierte en entregas a un programa de televisión como “Los Más Divertidos Videos de Aficionados de América”, tenemos un atisbo de la tremenda energía que podría ser desatada si los lentes se volvieran contra los medios. Millones de hogares tienen una videocámara en el clóset (y muchos más tienen cámaras de fotos fijas, grabadoras de audio y computadoras), esperando la conversión de esta forma de armamento pacífico para reclamar el terreno de nuestra vida cotidiana de aquellos que la mediatizan. Considerando también el impacto del video sobre “Rodeny King”, en el cual un transeúnte filmó a la policía en Los Ángeles golpeando al Sr. King, empezamos a darle sentido al cómo podría ser transformada la sociedad si los ciudadanos se tornaran inspirados para “voltearles el chirrió por el palito”, o “echarles las cámaras” a los m(y, en la definición más amplia del concepto, voltearan sus cámaras sobre todos los mediatizadores, desde la policía a los casa-tenientes, terratenientes, contaminadores o monopolios).

No olvidemos cómo el propio lenguaje-de-organización revela la agenda inherente de los Medios. El periodista de televisión, por ejemplo, se reportar al “módulo de control”, done las “noticias” son procesadas y mediatizadas antes de que alcancen al televidente. El “módulo de control” se reporta al “Control Maestro”. Como apuntó Denny Schecter (“El Diseccionador de los Noticieros”): “Se trata de control”.

Proyectos tales como los “TV TELENOTICIEROS” hacen de lado al intermediario de los módulos de control al desestabilizar su “control remoto” sobre los periodistas en acción. No importa cuántos bipers electrónicos, radios o instrucciones sobre cómo comportarse “objetivamente” acompañen al personal de un noticiero de la TV comercial, la presencia de las cámaras de la sociedad civil tiende a romper los guiones y desenredar las reglas. Una dosis de teatralidad o “teatro secreto” durante tales operaciones puede también servir para desmantelar aún más las reglas de los Medios en sus terrenos: nadie es más engañable que un periodista buscando su “noticia”.

La táctica de voltearles las cámaras a los medios ya nos ha procurado algunos conspiradores aliados inesperados: Es interesante cómo los operadores y técnicos de las cámaras comerciales que acompañan a los periodistas han expresado repetidamente una simpatía o solidaridad con el personal de los “TV TELENOTICIEROS”, aun cuando sus periodistas revelaban ansiedad por tener las lentes apuntadas hacia ellos: tal vez sea precisamente a causa de que esta táctica derrumba a los periodistas de sus pedestales ilusorios.

Estamos en proceso de traer al proyecto de los “TV TELENOTICIEROS” a la ciudad de Nueva York –la capital de los medios de enajenación del mundo- y continuamos desaroollando tácticas que conduzcan a detonar tal insurrección Immedia entre los ciudadanos comunes. Entre nuestros proyectos está el sabotaje de los “pases a la prensa oficial”, que podrían usar cualesquiera de los ciudadanos del público para cambiarles la jugada a los medios.

IX. Immedia en los Medios Impresos

Algunas palabras acerca de las palabras. Nos gusta como concepto la descripción de Hakim Bey acerca de una “jerarquía de los medios”, en la que las tecnologías de los medios se miden por sus grados de alienación. De acuerdo con esta “escala imaginal” que plantea una dualidad de la imaginación por la mediatización, las pantallas de televisión y de las computadoras resultan más mediatizadoras que los libros e inclusive que los periódicos, porque el consumidor está forzado a guardar una posición sedentaria frente a las pantallas para poder participar. La radio a su vez, se considera menos mediatizante que las pantallas electrónicas, porque el radioescucha todavía tiene libertad de moverse, de atender otras actividades creativas, y la radio, por definición, no exige que se rinda el sentido de la vista o de la imaginación del radioescucha.

También reconocemos que la “jerarquía de los medios” puede ser diferente para cada individuo: la mediatización de una persona puede ser la herramienta de otra. Por el momento, la situación es tal que la “comunidad virtual” de una persona con todas sus ilusiones y mediatizaciones, puede, de hecho ser menos alienante que la “comunidad verdadera” alrededor de ella o de él en la vida diaria. Sin embargo, no nos quedamos con la serpiente-de-grasa que le toca fanfarrias al mundo virtual dándolo por tanto como real o suficiente. Tales excepciones individuales, donde un paquete de alienaciones se escapa a través de otro, más bien apuntan a lo que otros han llamado la pobreza de la vida diaria en la Era de los Medios.

¿Y que podemos decir acerca de este medio? Panfletos, folletos, libros, periódicos y revistas, son, al menos, objetos no-electrónicos que permiten movilidad de parte del lector. Sin embargo, debe enfatizarse que este factor solo no satisface nuestros deseos de reclamar la inmediatez de la libertad de expresión. El Estado de los medios impresos es uno de los “estados” que desesperadamente buscamos derrumbar.

Deseamos exponer el estado de los “medios alternativos”, en particular la devolución de los periódico “semanarios alternativos” y otros “medios alternativos” a su impotencia presente como líneas creativas de expresión. Planteamos este desafío no sólo a los “semanarios alternativos”, sino a todas las organizaciones y redes de comunicación que reclaman estados “alternativos” en los medios (incluyendo eel mercado de la “música alternativa” que es actualmente el furor en forma de arte del rock-and-roll).

Para los “organizadores” y “activistas” que crean en la apropiación, pero no la destrucción, estas líneas de expresión: Dejen que mil botones florezcan pero no intenten mediatizar nuestra revuelta. Un proyecto Immedia no se une a “coaliciones” de organizaciones; trabajamos solamente como individuos y podemos incidir en cualquier parte. Estamos fatigados de encuentros, conferencias y encabezados que reclaman el estado de los “medios alternativos”. Observamos leves diferencias entre los tiranos presentes y aquellos “fuereños” que desean reemplazarlos, sin haber siquiera desarrollado lenguajes, estrategias y tácticas –o el sentido de su urgencia- para subvertir y derrotar al mismo proceso mediatizante.

Todos los periódicos y revistas que dependen de los anuncios para sus ingresos han caído en la misma trampa: la necesidad de expandir la “capacidad de lectura” entre “nichos de mercado” con capacidad de gastar en efectivo. La transa en la prensa “alternativa” es idéntica a la de la prensa “dominante”: rentar nuestras atenciones a los anunciantes mientras incrementan el número de consumidores de ingresos altos que se suscriban o lean el periódico.

Nuestra contra-visión de los medios impresos es severa y se nos recuerda -con frecuencia- amenazante para la clase editorial que controla las prensas en el presente. La prensa, “alternativa” o como sea emplaza el dominio único sobre todo el mundo escrito en manos de los editores, de los escritores cuyos nombres aparecen sobre las narraciones y los artículos. Buscamos revertir este proceso, restaurando la libertad artística a su lugar correcto.

El sistema por el cual los editores mediatizan la creatividad de los escritores está en reverse: una escritora o escritor debería tener la decisión final sobre lo que aparece firmado con su nombre. El “rechazo a la mediatización” en el mundo impreso incluye por lo tanto el rechazo a escribir para los editores. Esta estrategia de rechazo no implica la eliminación de las técnicas (ni siquiera los técnicos) de la edición, -muy al contrario, contiene las semillas de su resurrección en este sentido: un editor que reconoce la decisión final de una escritora o escritor sobre sus palabras y actúa para asegurar la preservación de esa Libertad de Expresión- dará cuerpo a la nueva clase de editor amistoso con la creatividad: el immediator, es decir, el immeditor.

Enfatizamos que cualquier papel de immeditor no es algo a lo que pueda otorgársele licencia o ser codificado. Los usamos juguetonamente en sátira de cómo los roles tenderán a colonizar hasta los esfuerzos en contra de ellos. Immediar debería ser más bien algo como una manera evaluada de relaciones humanas entre individuos: la colaboración es nuestro substituto para la especialización alienante.

Pero como saben los escritores creativos, un “immeditor” incompetente puede ser menos útil para un proyecto específico que un editor competente. Cuando se trata de ciertos proyectos literarios, siempre puede haber un proceso de averiguar:¿ quién es capaz de immeditar?

Podríamos, con propósitos de imaginar, visualizar el amanecer de una era post-editorial: un tiempo quizás no muy lejano, en que la libertad literaria sea apoyada y no bloqueada por los técnicos de las editoriales, por sus “estilos” o por sus formatos. Quizá podríamos considerar tomar prestado de los menos especializados, menos alienantes procesos por los que algunas tirbus indígenas reconocen a ciertos individuos como chamanes o videntes, aquellos proverbiales curanderos, o en quizás el más positivo sentido de la palabra: médiums. (Los ediores recordamos, no generan actualmente un respeto tan grande para su oficio). El reconocimiento del curandero o la curandera como tal era valorado por los efectos de su obra: ¿Se sintieron o no se sintieron mejor sus pacientes?

Similarmente, los immediatores de la prensa serán reconocidos solamente por un factor: el que los escritores estemos de acuerdo en que sus acciones realmente immeditaron, o facilitaron, sin formatear demasiado, nuestra creatividad. (Paul Goodman, en su pionero ensayo, “Formato y Expresión Vacía” ofreció esta útil definición: “Por “formato” quiero decir la imposición sobre el proceso literario de un estilo que es extrínseco o exterior al mismo”. De cualquier manera, estos así llamados immeditores pueden ser mera fantasía: nuestro paisaje contemporáneo es una tecnoBosnia de sobre-mediatización.

La clase editorial, comprensiblemente, se niega a dejar el poder ilusorio que tiene para mediatizar y controlar las obras de los escritores. No conocemos a un solo periódico de circulación masiva que actualmente le permita a ningún escritor una libre expresión no mediatizada. (Una grieta en este sistema, que tramamos explotar, es el gran gasto de las editoriales comerciales cuyas organizaciones de los medios están pesadamente saturadas en sus cúpulas de gerentes editoriales).

Aún las estrellas del periodismo se han hecho eunucos sobre-mediatizados bajo el actual sistema, abrumados por fechas límite y consintiendo en la sobre mediatización para que puedan publicar.

La sobre-mediatización de la palabra escrita también ha envuelto a la industria de publicación de libros. Muy pocos escritores han ganado el derecho de controlar sus propias palabras siquiera en los libros. ¡La mayor parte de los autores de libros ni siquiera pueden elegir sus propios títulos! Ese trabajo se le deja los de mercadotecnia.

El público debe hacerse más consciente de esta pervertidora censura-por-formato-y-mercadotecnia que ha plagado a la industria editorial completa.

Sólo cuando una masa crítica de escritores comience a rechazar la mediatización en sus empresas editoriales, la clase editorial comenzará a considerar que es obligatorio ofrecerles un trato más justo.

Una posible táctica, que está en discusión en la ciudad de Nueva York, es la publicación de una “prensa immediata”, un periódico sin anuncios publicitarios, donde los escritores y artistas retengan el control editorial completo sobre sus obras creativas. Los costos financieros para despegar tal proyecto de periódico semanal o calendárico son para tambalearse. Puede ser que la creación de una o varias ediciones piloto sea la mejor táctica a corto plazo que podríamos esperar hasta que se apropien mayores recursos para esta revuelta. (Por otra parte, conviene a nuestro placer desatar nuestros esfuerzos del nudo Gregoriano del tiempo medido y la ideología de los plazos fijos conocida como “trabajar para el fin de semana”. Preferimos hablar solamente cuando tengamos algo que decir).

Los escritores debemos comenzar por actualizar nuestro ilusorio poder de la palabra. No tenemos que aceptar un sistema por el cual nuestras palabras son editadas, retorcidas y transformadas para complacer las necesidades de mercado de los periódicos. Intentamos, mejor, enfatizar e contenido de lo que se escribe- y restaurar su primacía en el proceso editorial.

Anticipamos que las fases tempranas de esta estrategia de rechazo van a constituir un endurecimiento fiscal para los rechazantes, hasta el punto en que podamos lograr nuestra “masa crítica”. Pero nosotros los escritores estamos detrás de la curva: nuestro retraso a una revuelta Immedia necesita una respuesta más veloz. Sin embargo, en el momento en que sólo uno de los periódicos de circulación masiva permita que sólo una escritora o un escritor publique sus palabras sin que sean mediatizadas, y que se considere esa victoria dentro del texto sin mediatizar, el muro de Berlín de la mediatización empezará a desmoronarse. Porque ¿qué escritor que se respete permitiría que le cambiaran sus palabras si él o ella concluyeran que tal compromiso no es necesario?

La sobre-mediatización no es una ley de la naturaleza; corre contraria al caos inherente dentro del mundo natural.

Los escritores debemos entender nuestro verdadero poder, impensado, sobre las clases editoriales y curatorías. Estos editores e intermediarios, muchos de los cuales desean ser considerados como si ellos mismos fuesen “escritores”, son muy dependientes de su propia imagen como miembros de los medios.

Su instancia de mediatización usa como combustible nuestra aquiescencia o aceptación pasiva a sus reglas-de-mediatización; hay muchos escritores que se quejan del formato mientras hacen antesala esperando el maltrato. En vez de eso, deberíamos tumbar las puertas. Como escritores, ya tenemos el poder de exponer esta ficción: un editor no es un escritor. Un editor o mediador ni siquiera es, necesariamente, una persona creativa, y no tiene derecho, ni siquiera por título, al status ilusorio que el público les adjudica a los artistas creativos. En suma, nosotros ya estamos usando nuestro poder como escritores y gente creativa para degradar el status espectacular de los editores e intermediarios entre nuestros colegas, entre la gente creativa en todas las líneas y entre las audiencias. (Nosotros no inventamos esta “jerarquía de status” conferida a los escritores y artistas, ni intentamos preservar su estructura elitista, pero la utilizaremos para desacreditar y degradar a los intermediarios editoriales y curadores que trafican con ello). ¡Primero eliminaremos a los editores! Y este tipo de guillotina requiere de algo como el “auto-sacrificio” o revolución interna propia, practicado por miembros individuales de la clase editorial. El editor que reconozca primero esta táctica desmediatizadora de la palabra impresa habrá de liberar, lo permonizamos, una reacción en cadena de inmediación en el campo de las publicaciones. Ese individuo como Thomas Paine escribió del soldado invernal, “Merecerá el amor y las gracias del hombre y de la mujer”.

El poder no se suplica: se toma. No sufrimos la Ilusión de que los editores estén ansiosos por dejar su poder mediatizador. Y por eso nos saldremos de los límites actuales de la expresión mediatizada, aquellos gobernados por las tecnologías de la publicidad y los nichos de mercado, para crear un terreno literario fuera de del espectáculo de la mediatización. Mientras los escritores creativos construimos el Nuevo Immedio más allá de las limitaciones de los viejos medios de enajenación, las impuestas estructuras actuales resentirán la pérdida de nuestra labor. Permítasenos recordar que la palabra impresa está sufriendo la competencia de los medios electrónicos. La industria de las publicaciones ya está encarando la desesperación: es débil y vulnerable a nuestros asaltos.

No continuaremos la charada por la cual la palabra impresa es retratada, bajo los rituales contemporáneos del “periodismo” como más “pura” o romántica que los medios electrónicos. Las publicaciones y el periodismo impreso son transas de la comodidad tanto como la televisión o la computadora de los medios de enajenación. Pero a causa de que la palabra escrita mantiene su potencial como una forma más inmediata de expresión y comunicación, consideramos su reclamación como táctica prioritaria, y como una oportunidad pragmática.

X. Desarrollando un Lenguaje immedia

Estamos conscientes de que un proyecto Immedia y nuestros colaboradores tienen mucho trabajo (y juego) por delante de nosotros a fin de refinar nuestro mensaje, nuestras tácticas y nuestro lenguaje.

También estamos conscientes de que para lograr esto, debemos resistir todas las situaciones en las que nuestro proyecto pueda ser enajenado, cooptado o absorbido de cualquier otra manera por neustro enemigo todoperversivo: los Medios.

Por esa razón, no estamos buscando “cobertura de prensa” para nuestras iniciativas, excepto en situaciones cuidadosamente planadas en las que arrastremos a los medios a nuestros pastizales –el terreno de la vida diaria- con el propósito de debilitar su ilusorio poder y transmitir más poder a la ciudadanía y a nosotros para que hagan de lado a estos intermediarios de la información.

Hablando llanamente, contemplamos a la “gente creativa” como una “vanguardia” emergente en este proceso: no solamente artistas e intérpretes, sino a cualquiera que viva en un estado de diaria creatividad. (Desearnos hacer un llamado muy fuerte a otras inteligencias que no son consideradas normalmente como “movimientos artísticos”, hasta, por ejemplo un plomero necesario para tender el tubo de la antena para una estación radio pirata. En ese momento, es el plomero, no el artista el que danza un ballet de violencia sobre el Estado).

No nos estamos nombrando a nosotros mismos como líderes de una vanguardia fija. No lo contemplamos como deseable ni posible. Sí observamos, sin embargo, que la gente creativa es que la que en número crecientes, ha llegado a algunas de las mismas conclusiones que tenemos acerca de la naturaleza dañina de los medios de enajenación modernos.
Esto no debería tomarnos por sorpresa: la gente creativa está entre los más frustrados por la sobre-mediatización; por la imposibilidad de cualquier Individuo en la “Era de los Medios” de ver que se complete una proyecto sin hacerse dependiente de los intermediarios.

Como tal, un proyecto Immedia retoma y enciende de nuevo los rescoldos de una antorcha que quedaron tirados cuando despegó el proyecto sigma en 1964, llevando como punta de lanza al novelista Alexander Trocchi.

Tenía la visión de “Una Insurrección Invisible de Un Millón de Talentos”, y como tal, era el estratega clave tanto en el movimiento literario Beat como en el Situacionista Internacional.

En 1962, Trocchi agarró desde temprano al toro por los cuernos con el problema de los medios, cuando escribió:

…nuestro millón anónimos puede enfocar su atención hacia el problema de “entretenimiento”. Una gran parte de lo que es pomposamente llamado “delincuencia juvenil” es la respuesta inarticulada de la juventud imposibilitada par adecuarse a su tiempo libre, de asueto, diversión o entretenimiento. La violencia asociada con esto es una consecuencia de la Revolución Industrial. El hombre ha olvidado cómo jugar. Y si uno piensa en las tareas desalmadas asignadas a cada hombre en el ambiente industrial, del hecho de que la educación se ha tornado cada vez más tecnológica, y para el hombre común no es más que un medio de entrenarlo para un “empleo”, difícilmente puede uno sorprenderse de que el hombre esté perdido, Está casi temeroso de tener más tiempo desocupado. Demanda “tiempo extra” y tiene una latente hostilidad hacia la automatización. Con su creatividad atrofiada, está orientado completamente hacia el exterior. Siente que tiene que estar divertido. Las formas que dominan su vida de trabajo son trasladadas hacia formas de entretenimiento que se hacen cada vez más mecanizadas; de esa manera se le equipa con máquinas que compiten con su diversión, que las máquinas que le han proporcionado, y para compensar todo esto, para aliviar el desgaste psicológico y desarmar nuestra era tecnológica existe en una palabra, el ENTRETENIMIENTO.

Cuando nuestro hombre, después de un día de trabajo viene crispado, cansado, fuera de la línea de ensambles, hacia lo que llaman sin dejos de ironía sus “horas de asueto”… ¿Con qué es lo que se le confronta? En el autobús camino a su casa se pone a leer un periódico que es idéntico al de ayer, en el sentido de que es un refrito de elementos idénticos…cuatro asesinatos, trece desastres, dos revoluciones, y “algo parecido a una violación”…que a su vez es idéntico al periódico de anteayer,…tres asesinatos, diecinueve desastres, una contra-revolución, y algo parecido a una abominación… y a menos que sea un hombre muy excepcional, uno de nuestro millón de técnicos potenciales, el placer vicario que deriva de chapotear en toda esta violencia y desorden le obscurece el hecho de que no hay nada nuevo en estas “noticias” y que su diario repaso de ellas no lo conduce a una ampliación de su conciencia de la realidad, sino a una contracción peligrosa de su conciencia, a una especie de proceso mental que tiene más en común con las salivaciones de los perros de Pavlov que con las sutilezas de la inteligencia humana.

Trocchi avizaoraba (Y efectivamente, su visión, hasta cierto grado, fue llevada a cabo por los Beats, la contracultura Norteamericana y los Situacionistas europeos de su era) que el enlistamiento de la “gente creativa” en una clase de vanguardia lleva a una captura –y una liberación correspondiente- de “líneas de expresión”. Su proyecto sigma, todavía desconocido por muchos, constituía una historia secreta detrás de las revueltas de los 1950’s y 1960’s.

Pero a finales de los 60’s, los esfuerzos contraculturales y “revolucionarios” habían sido co-optados o marginalizados en su mayor parte por Madison Avenue y sus patrocinadores corporativos. Coca-Cola le enseñó al mundo a cantar villancicos, y los medios empezaron a absorber todas las revueltas en lo que Raoul Vanegeim clasificó como “oposición espuria”- oposición que termina dándole combustible a las mismas palancas de poder a las que pretende oponerse.

Sin embargo, la experiencia del proyecto sigma de Trocchi, su “insurrección invisible”, es valiosa para nuestro compromiso actual. Observamos que la gente creativa en estos días está similarmente alienada, como los contemporáneos de Trocchi en las artes e su tiempo.

Trocchi también pidió prestados de pasados esfuerzos por sus predecesores: “…En los 1920’s,” escribió- “Diaghilev, Picassso, Stravinsky, Nijinsky actuaban en concierto para producir un ballet; seguramente no se pondrá en tortura nuestra credulidad por imaginar un grupo mucho más grande de nuestros contemporáneos actuando en concierto…”

Un proyecto Immedia ha pasado el verano y el otoño de 1996 conduciendo una forma de “investigación de anti-mercado” para calibrar el nivel de alienación, y el potencial para la acción, entre los mdoernos artistas creativos. Hemos hallado, complacidos, muchos talentos que tienen ideas en común con las nuestras, especialmente entre los talentos del rock and roll, teatro, presentaciones, artes visuales, literarias, poéticas y comunidades “activistas” (como los participantes de “Robemos este Radio”). Existe un fuerte anhelo de que algo suceda, y sin embargo la idea de que algo –una alianza de la oposición contra la dominación que ejercen los medios en nuestras vidas cotidianas—pueda hacer que eso suceda, lucha contra el cinismo y apatía de nuestra era.

No estamos seguros, pero puede darse el caso de que todo lo que se necesita para detonar una explosión de acciones autónomas que sean Immediatas –En el sentido más verdadero de la palabra—requiere simplemente el desarrollo y refinamiento de un lenguaje que pueda ser usado para oponerse a los medios, incluyendo la implementación exitosa de tácticas empleadas por TV TELENOTICIEROS, radio pirata y otros proyectos. Muy por lo menos, estas estrategias y tácticas informan nuestras prácticas de manera que acercan más nuestro fuego al fusible cultural.

Para este fin, la tarea más urgente ante nosotros es asegurar un espacio en la ciudad de Nueva York desde el cual despegar la siguiente fase de este esfuerzo.

XI. Un salón Immedia

El banquete…en que toda la estructura de autoridad se disuelve en convivialidad y celebración…ya es la “semilla de la nueva sociedad tomando forma dentro de la vieja”…Sea que se abra a unos cuantos amigos, como una cena de festejo, o a miles de celebrantes…la fiesta siempre está “abierta” porque no fue “ordenada”; puede ser planeada, pero a menos que “suceda” es un fracaso. El elemento de espontaneidad es crucial… La esencia de la fiesta: cara a cara, un grupo de humanos sinergizan sus esfuerzos para realizar deseos mutuos, sea para comer bien y brindar, bailar, conversar o por las artes de la vida; quizás aún por el placer erótico, o para crear una obra de arte comunal, o para obtener el mismo transporte de la bienaventuranza,—en breve, una “unión de egoístas” (como Stirner lo plantea) en su más simple forma—o más aún, en términos de Kropotkin, una urgncia biológica básica de “ayudarse mutuamente”.

—Hakim Bay,
Temporary Autonomus Zone
(1991, Autonomedia Press)

Como a cualesquiera de los aspirantes a ser agentes de cambio, nos concierne el problema de la organización. A causa de que en la era tecnológica, todas las formas conocidas de organización han sido tan fácilmente absorbidas y co-optadas, el problema de la organización es justa y solamente eso: un problema.

El problema se compone por la comprensible renuencia de la gente creativa a “asociarse” a cualquier grupo o movimiento. En una era en que el individuo está sometido tantos ataques, la gente creativa no quiere subyugar su autonomía a los grupos.

Cualquiera que haya pasado algún tiempo con artistas creativos de todas las clases conoce bien el individualismo rampante de esta “vanguardia”. A la gente creativa no le gusta asistir a “asambleas”, mociones de debate o involucrarse en procesos de grupo. Muchos artistas creativos, por ejemplo, son fumadores, y las juntas de los activistas casi siempre son anti-fumadores. Estos son solamente algunos de los obstáculos más visibles para que participe la gente creativa. Las asambleas cansan a sus participantes y los hacen más alienados, y han llevado a una especie de “activismo sedentario”, donde la mente pronto se calcifica con el cuerpo. Las asambleas se han convertido en la muerte de los movimientos sociales: los oradores llegan y los hacedores los evitan; eventualmente se va desarrollando una grieta entre los oradores y los hacedores, y los “líderes” de grupo se ven pronto sin constituyentes activos. Las membresías y las listas de participantes no hacen una insurrección exitosa. Sólo la creatividad, desatada, gana el premio.

En la primavera de 1996, algunos de nuestros principios participaron en un interesante proyecto en la ciudad de Boston: un salón donde se ofrecían fiestas con banquete semanales los martes por la noche, en un local del Barrio Chino de la artistas Lydia Eccles (quien junto con otros principiantes, y los proyectos que se estaban desarrollando, informó los avances que se informan en este proyecto). A estos eventos asistían mayoritariamente artistas y gente creativa que sentía la necesidad de una nueva praxis política, no el esfuerzo estandarizado de los activistas políticos de usar el “arte”, sino lo opuesto (“artistas” que sentían la necesidad de praxis política), que daban pruebas de ser una fuerza más potente. El “Salón de los Martes” no fue jamás una asamblea: no se pedían votos, no era necesario un proceso para tomar decisiones. En muchas de aquellas veladas de los martes, los artistas individuales y los artistas creativos ofrecían presentaciones de sus proyectos encaminados –teatro callejero, travesuras en los medios, arte público, música, carteles, “zines”, estaciones de red Internet y otras comunicaciones alternativas –hacia una variedad de intereses: resistencia creativa contra la tecnología, sobrepoblación global, destrucción del medio ambiente, SIDA, y el reventón de la ilusión política imperante.

En otras de aquellas noches de los martes no sucedía ninguna presentación. La gente simplemente llegaba a celebrar, discutir, refinar y tramar nuevas tácticas. Las conversaciones se iban enfocando cada vez más alrededor de los medos de enajenación, y los problemas que causa la Mediatización tanto a los agentes de cambio como a los artistas. A partir de este “Salón” nació TV TELENOTICIEROS, al igual que otros proyectos valiosos. La fórmula era simple. Se ofrecía una comida gratuita, típicamente arroz con algún guisado. Algunos artistas luchadores llegaban, lo sospechamos, hambrientos y agradecidos por esa comida gratis. Otros traían ensaladas, postres, café, cerveza, como en la fiestas de “traje”. Siempre llegaba un grupo medular de cerca de doce individuos y docenas más de participantes esporádicos. Nunca menos de veinticuatro personas. Las discusiones se prolongaban hasta las altas horas de la madrugada; prevalecía un sentido de excitación, y se le ofrecía a la creatividad una situación en la que podía cruzarse, polinizarse y prevalecer.

El Bajo Lado Oriental y los vecindarios de la East Village de la ciudad de Nueva York habían sido por mucho tiempo una especie de “fábrica zeitgeist” para la cultura en su conjunto: esto, por tener “queveres” con su geografía como asilo para los artistas creativos y las abundantes culturas inmigrantes que vienen a los Estados Unidos pasando por este vecindario.

Las condiciones en Nueva York para la especie de salón de “bailes y banquetes” que visionábamos o podría ser más óptima – si fuera posible y solamente si fuera posible que—se pudiera asegurar un espacio para conducir y reafirmar este experimento. Nuestra búsqueda de un espacio puede ser realizada en varias formas: a través de la donación de un domicilio o de los recursos para rentar alguno; o cuando alguien que comparte nuestros objetivos proporcione voluntariamente un espacio pre-existente que se adecúe a tal proyecto.

Idealmente, requerimos alrededor de 1200 a 1500 pies cuadrados en el Lado Bajo Oriental (ente panfleto es sólo secundariamente un promocional para solicitar recursos; nuestro objetivo primario se dirige a la creatividad de los individuos). Por supuesto, somos flexibles en esa aspiración espacial: estamos bien acostumbrados al quehacer sin que se presenten los recursos. Un proyecto Immedia no está esperando caballerías, y menos permisos para avanzar.

Sentimos que tiene importancia fundamental que nuestras sesiones semanales eviten todas las trampas de las asambleas y organización que se practican actualmente. No queremos mediatizar las revoluciones individuales de ninguno de los participantes: el concepto miserable en conjunto de las “asambleas” fomenta una arrogancia de titularidad (y disgusto) entre algunos “activistas” que no pueden evolucionar rápidamente más allá de una mentalidad fijamente politburocrática. Preferimos hallar un campo común donde las tácticas pueden ser compartidas y mejoradas en formaciones ad hoc, precisamente adecuadas. Por esta razón, los “salones públicos de fiestas” o las cenadurías comerciales no podrían responder: el banquete debe tener el ambiente de un hogar (con la correspondiente prerrogativa de los invitados para desinvitar a quienes por estar interrumpiendo, no resultan divertidos).

La ciudad de Nueva York también nos ofrece la oportunidad de traer a muchos de los grandes talentos creativos y filósofos del mundo a nuestra mesa. Muchos que no están establecidos en Nueva York tienden a visitar esta ciudad con alguna regularidad. Por lo tanto, un proyecto Immedia serviría como un centro informal pero internacional. Una vez asegurado, este espacio sería usado otros días y noches para el desarrollo de proyectos específicos que surjan de la mezcla de talentos derivada del ambiente del salón.

Durante seis meses pasados, unos cuantos de nosotros hemos estado cultivando las comunidades artísticas y “activistas” de Nueva York, comprobando y explorando las ideas que se exponen en este memorándum. Hemos hallado un ambiente abrumadoramente receptivo entre los grupos que seleccionamos, nuestra así llamada “vanguardia”; o mejor aún, un “frente de lujo” elusivo, nomádico (según la enmienda planteada por Sylvere Lotringer). Nuestra emergencia como frente puede ser guiada por nuestro lujo de pobrezas (o pobrezas por elección) y pródigas deudas, y sin embargo nos gusta la elegancia de tales términos.

Hay un gran interés entre los creativos, cruzando sobre muchas líneas de expresión, para concurrir a los salones semanales antes dichos. (Por supuesto, algunos de nosotros hemos estado cenando y conspirando juntos de por sí) Muchos autores, intérpretes, cómicos, artistas y músicos han expresado ya su entusiasmo y voluntad en participar, ya sea ofreciendo presentaciones, ya sea trayendo banquetes o postres. En este sentido, no estamos proponiendo algo que sea nuevo: durante todo lo que dice la historia moderna, se han conjuntado círculos de agentes creativos en escenarios sociales desde Paris a Londres, de Amsterdam a San Francisco, a Nueva York o la ciudad de México hasta Tánger y San Cristóbal de las Casa; y a través de sus acciones, han insertado un profundo impacto en la cultura universal.

Pero lo que nunca ha sucedido es un esfuerzo, enfocado como el nuestro, para traer estos talentos hacia la cuestión de los medios y sus descontentos.

Hasta donde sabemos, ninguna alianza similar de individuos ha intentado jamás, conscientemente, desarrollar un lenguaje de oposición a los medios.

Lo que yace frente a nosotros es potencial, en una forma por demás grandiosa: la posibilidad de que se cumpla un proyecto verdaderamente transformativo que se construya sobre las pasadas innovaciones para crear algo nuevo, un evento que no ha sido jamás intentado ni cumplido: una revolución pacífica contra los medios, la mediatización y los intermediarios, que nos engrapan juntos a los únicos retos que nos impone la era tecnológica.

Quien lea o escuche estas ideas y comparta un campo común con ellas, por supuesto, sabrá lo que hay que hacer.

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