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Urgencia organizativa para el joven movimiento mexicano contra la guerra de las drogas

Después de 8 meses de lucha la muerte de Nepomuceno Moreno obliga al Movimiento por la Paz a hacer un ejercicio de autocrítica y capacitación de lideres


Por Marta Molina
Especial para The Narco News Bulletin

8 de diciembre 2011

El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) empezó con 6 muertos la madrugada del 28 de marzo de este año. Uno de ellos, Juan Francisco, hijo del poeta Javier Sicilia. Después de un largo caminar las víctimas empezaron a organizarse y a aprender como trabajar juntos por un mismo objetivo: el fin de la guerra contra las drogas. Pero hace falta un paso de gigante en términos de organización de base para que el movimiento logre su fin.

Una serie de ataques al Movimiento por la Paz (o al menos así lo han considerado ellos mismos) en forma de hostigamientos, secuestros y asesinatos están poniendo trabas a este segundo paso necesario después de haber juntado a las víctimas del país: la capacitación en la noviolencia y la organización comunitaria para que cada decisión o acción que lleven a cabo dirija a una secuencia de acciones que sean iniciadas por el movimiento en lugar de tener que reaccionar constantemente a tragedias casi inevitables.

Lejos de lo que se pueda pensar, formar parte del movimiento no provoca como consecuencia estos hostigamientos o ataques que, seguramente, seguirían ocurriendo con o sin él. Esta violencia ha sido una constante desde hace cinco años con la militarización de la guerra de las drogas. Esta es la razón por la cual se formó el movimiento. Lo que sí posibilita es justamente hacer más visibles estos casos, seguir su lucha y poner nombre y apellidos a los que fueron asesinados; uno de los cometidos del movimiento desde sus inicios.

Lo que realmente puede llegar a convertirse en un obstáculo creciente es este “andar de crisis en crisis” que quita el tiempo necesario para organizar, capacitar e idear los protocolos de actuación adecuados para cada acción. Es sabido, y lo han demostrado otros movimientos exitosos a lo largo de la historia de las luchas de resistencia noviolenta en el mundo que, organizar y capacitar a sus integrantes es la clave para triunfar.

En definitiva, en estos momentos, el Movimiento por la Paz está defendiendo un terreno que aún no ha ganado y esto (las crisis) impide que pueda realizar los pasos necesarios para la capacitación de sus tropas noviolentas, las que reclutó desde la primera Marcha entre Cuernavaca y la Ciudad de México del 5 al 9 de mayo de este año pasando por la Caravana del Consuelo al Norte, en junio, y la Caravana de Paz al Sur del país, en septiembre.

Las crisis les han conducido a hacer un replanteamiento autocrítico. La última, el grave asesinato de Nepomuceno Moreno Nuñez el pasado 28 de noviembre en Hermosillo, en su natal Sonora. Un padre que buscaba a su hijo, Jorge Mario Moreno León, desaparecido el primero de julio de 2010 y que vio en el Movimiento por la Paz la única esperanza para encontrarle y luchar junto con otros mexicanos, para acabar con la guerra que se lo llevó.

Nepo, la sonrisa del camión “Seis”

Nepomunceno sabía que no era el único en este país al que le habían arrancado a su hijo sin motivo alguno, pero le hacía falta encontrarse con otros en su misma situación para empezar a organizarse. El segundo paso lo dieron ellos, gente como Nepomuceno, sin los que hoy no existiría el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. El primero se llamó Javier Sicilia, el tercero ya fueron “todos”, las víctimas y los mexicanos y mexicanas solidarios con ellos y preocupados por el devenir de su país.


Nepomuceno Moreno durante la Caravana al Sur con las fotos de su hijo pegadas a su estandarte. DR 2011 Isolda Osorio
Lo asesinaron hace diez días mientras viajaba por la calle Pesqueira, en Hermosillo, Sonora. Tenía 56 años. Don Nepo el del camión 6, el de la sonrisa contagiosa. Así le llamaban sus compañeros de la Caravana por la Paz, que le recuerdan hoy por su sentido del humor pero sobretodo por su ejemplo de lucha. Nepo vio con sus propios ojos como crecía el Movimiento. Lo vio caminar, caminó con él, aprendió con él. Formó parte de la Marcha silenciosa a la que se unieron 600 personas que salió el 5 de mayo desde Cuernavaca (Morelos) hacia la Ciudad de México. Nepo quiso formar parte de este primer acto poético ciudadano noviolento para pedir el esclarecimiento de la desaparición de su hijo y de todos los hijos de México.

El día 9 del mismo mes, llegaron los 600 marchantes al Zócalo capitalino que fue ocupado por decenas de miles de personas hartas de la política de guerra desatada desde 2006 por el gobierno de Felipe Calderón. Nepo ya no estaba sólo en su lucha. Encontró decenas de miles de “Nepos”, corazones calientes dispuestos a luchar y a unirse para pedir justicia. Se sintió tocado por la muerte de Juan Francisco Sicilia y conmovido por la llamada de su padre, Javier Sicilia a esa marcha que enseñaría a caminar de nuevo, juntos, a los mexicanos.

Nepo, antes de unirse al Movimiento, llevaba un año denunciando la desaparición forzada de su hijo que, según su testimonio, fue detenido el primero de julio de 2010, por policías del estado de Sonora cerca de Ciudad Obregón. Don Nepo empezó una campaña con el objetivo de demandar al gobernador de Sonora, Guillermo Padrés Elías, solicitando una audiencia para la presentación de su caso. A su vez, expuso públicamente que había recibido amenazas de muerte y había solicitado medidas de protección a las autoridades de la entidad. No fue jamás recibido por el gobernador, ni su solicitud de protección atendida.

De la primera marcha, decidió unirse a la Caravana del Consuelo al Norte del país a su paso por Durango. Allí lo vimos por primera vez, en la Plaza de Armas de la capital (Durango) con su pancarta “de doble lado” en la que se podían leer palabras claras de exigencia de una respuesta: “Autoridades de Sonora: ¿Dónde están nuestros hijos?”

Desde ese día, 6 de junio, este lado de la pancarta junto con el otro en el que aparecía la fotografía de Jorge Mario y sus 3 compañeros, (José Francisco Mercado Ortega, desaparecido, Mario Enrique Díaz Islas, asesinado, Geovani Otero, desaparecido; todos, el mismo 1 de julio) no se separaron de él. Giraba su estandarte de lado a lado para unificar este mensaje de exigencia: “¿Dónde están nuestros hijos?”

Con el mensaje de Don Nepo resonaban las palabras de Julián LeBarón ese mismo día en Durango: “¿ dónde está el gobierno?, ¿dónde está la autoridad? ¿dónde esta la justicia? (…) Creo que es tiempo de que nos empecemos a hacer otras preguntas, antes de que en esas mantas estén nuestros hijos y nuestros hermanos, y nuestros padres, o nosotros. ¿Dónde estamos nosotros? Siendo 112 millones de mexicanos, ¿dónde estamos?”. Ese 6 de junio, Nepomuceno se unió al Movimiento para nunca más soltarlo.


Javier Sicilia con Nepomuceno Moreno durante la visita de la Caravana al Sur a la Junta del Buen Gobierno en Oventic, Chiapas DR 2011 Moyses Zuñiga
Javier Sicilia se encontraba en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara el día del asesinato de su amigo y compañero de viaje y de movimiento, Nepomuceno Moreno. Las palabras pronunciadas por el poeta en este espacio, que se convirtió durante varios días en una agradable burbuja cultural, hicieron recordar a los presentes que cuatro días antes, el 24 de noviembre, aparecieron 26 cadáveres en Guadalajara, a 3 cuadras del recinto del evento. Sicilia hizo presente a su compañero de lucha y de alguna manera se sumó a las palabras pronunciadas por LeBarón el 6 de julio en Durango y al porqué Nepo decidió unirse al Movimiento:

“Nuestro mayor obstáculo es la aceptación de la miseria, que la tomemos como algo normal. Necesitamos sentir que lo que le pasa a uno les sucede a todos. Esto es una afrenta para cada mexicano. Mientras no comprendamos eso, va a ser muy difícil entender que juntos somos mucho más fuertes que todos ellos. Pero juntos”.

Las palabras de Sicilia recordaban al “Todos somos Juan Francisco Sicilia”, “Todos somos hijos del poeta”, emblemas de las primeras movilizaciones contra la guerra. Hoy, muchos integrantes del movimiento sienten la misma identificación con Nepo (muchos han agregado su nombre a sus cuentas de Facebook y redes sociales, por ejemplo).

El MPJD señaló públicamente en un comunicado que Nepomuceno estaba resignado a pelear “solito” contra el gobierno de Sonora: “ya ni me quieren recibir, se ríen de mí, antes iba al cuartel del Ejército para denunciar el secuestro de mi hijo; escribí cartas a la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) y nadie me hacía caso; hasta que me uní al Movimiento por la Paz. Veo que las organizaciones sociales tienen el poder para sentar al presidente Calderón en una mesa de diálogo y que los procuradores de justicia están obligados a recibirnos para reabrir las investigaciones”.


Nepomuceno Moreno durante el segundo Diálogo con el Ejecutivo Federal en el Alcázar de Chapultepec el pasado 14 de octubre
Don Nepo participó en el segundo encuentro del movimiento con el Ejecutivo Federal en el Alcázar de Chapultepec el pasado 14 de octubre. En dicho encuentro, le entregó en propia mano el caso de su hijo al Presidente Felipe Calderón junto con todas las pruebas que había estado recopilando, la famosa carpeta con la que se subía a los templetes durante la Caravana al Sur. Además, solicitó medidas de protección, pero ni el gobierno federal, ni el gobierno del estado dieron atención a las exigencias de este padre que en ese instante representó, ante las autoridades, a todos los padres y madres con hijos o hijas desaparecidos.

El poeta Javier Sicilia, desde Guadalajara, se refirió al asesinato de Nepomuceno Moreno como “la crónica de un asesinato anunciado. Él estuvo presente en el encuentro que mantuvimos con el presidente Calderón, y delante de todos le dijo: «Señor presidente, busco a mi hijo y estoy amenazado de muerte». También le dijo eso mismo al gobernador de Sonora. De hecho, le pedimos al gobernador que lo cuidara y protegiera. Y fue asesinado arteramente.”

“Vale mas morirme en la raya”, dijo Nepo. Y así sucedió al fin, pero su dolor, su consuelo, su esperanza, su lucha, se unió con la de miles de mexicanos durante la Caravana al Norte. El segundo acto poético: atravesar la “ruta del dolor” pisar las ciudades y pueblos del norte dónde más sangre se ha derramado, y lo más importante, con este caminar, se fue agrandando el corazón caliente del movimiento que mantenía la cabeza fría para seguir andando. A pesar de que el dolor era mayor a cada paso, a pesar de que, cuanto más al norte, más testimonios escalofriantes de muertos, asesinados y desaparecidos se sumaban al consuelo y al dolor, siguieron avanzando hasta llegar a El Paso (Texas).

Nepo se convirtió en un organizador. Gracias a él y a su persistencia se abrieron casos de otros asesinados o desaparecidos en su natal Sonora. Nepo entendió, como dijo LeBarón en Durango, que “la solución está en nosotros”.

Agresiones a los defensores de los Derechos Humanos


Nepomuceno Moreno junto a Socorro Vázquez Zamora y María Herrera (dcha.) en el Istmo de Juchitán, Oaxaca, durante la Caravana al Sur. DR 2011 Marta Molina
Sucedió con otras personas que se convirtieron en defensores de los derechos humanos porque la desgracia les tocó de cerca. Marisela Escobedo, asesinada a las puertas del palacio de gobierno de Chihuahua el 17 de diciembre de 2010 después de que el asesino de su hija fuera liberado. Ahora el sonorense Nepomuceno Moreno Nuñez asesinado en Hermosillo, a pocas cuadras de la sede de los poderes estatal y municipal.

Nepo estuvo presente en el momento en que Javier Sicilia colocó una placa en las baldosas del Palacio de Gobierno de Chihuahua con el nombre de Marisela Escobedo. En palabras de Sicilia de ese mismo día, una “placa a la que deben sumarse los nombres de los cientos de asesinados (…) es un recordatorio a las autoridades de que la muerte de Marisela es su responsabilidad, y que le deben a ella, a su hija, y a cientos de victimas y familias destruidas la justicia que merecen.”

Ese día Sicilia hizo un llamado a la ciudadanía mexicana para que pusieran placas en todas las plazas del país, como hicieron por primera vez en el zócalo de Cuernavaca y ahora, tocaría poner una placa para Don Nepo delante de la sede del poder municipal y estatal en Hermosillo (Sonora).

El comunero Pedro Leyva Domínguez, delegado de la comunidad indígena del pueblo nahua de Santa María Ostula (Michoacán) ante el MPJD - quien también participó en el diálogo en junio con Calderón – fue asesinado el pasado 6 de octubre. En palabras de Leyva, “Tenemos que luchar, venga lo que se venga, pase lo que pase, contra quien sea. Una lucha no es fácil, es desgastante, tanto económica, física y emocionalmente. Nos quieren meter miedo con sus armas, con sus aparatos de poder. Pero ya no hay que tenerles miedo, tenemos que luchar sin miedo, por nuestra tierra, por nuestra libertad, por nuestra dignidad”. Leyva pedía, con estas palabras, que a pesar de los hostigamientos hay que prepararse para luchar juntos y organizados.

Precisamente el pasado martes 6 de diciembre, una caravana de observación del Movimiento por la Paz fue agredida en el trayecto a Santa María Ostula al salir de la comunidad de Xayakalan, Michoacán y cuatro sujetos no identificados, encapuchados y fuertemente armados secuestraron a Trinidad de la Cruz Crisóforo, “Trino”, comunero de Santa María Ostula, que viajaba junto con los doce integrantes del movimiento. Al día siguiente fue encontrado muerto.

También el 6 de diciembre por la noche, Eva Alarcón y Marcial Bautista, defensores de derechos ambientales de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán y participantes en la Caravana del Sur, que pidieron medidas de protección frente a las amenazas que habían recibido, fueron obligados a bajar de un autobús que salió de Petatlán a Chilpancingo para ser secuestrados.

En las dos últimas semanas han crecido las agresiones a defensores de derechos humanos. Al asesinato de Nepomuceno Moreno se suma el caso de Norma Ledesma, -defensora de derechos humanos es especial de las mujeres, desde la desaparición de su hija en 2001- que recibió cinco balazos, el asesinato de “Trino”, defensor de tierras comunales y el secuestro de Eva y Marcial.

En todo este contexto de hostigamiento y terror cabe nombrar a la familia Morlett, el padre y la madre de la joven Adriana, que acompañaron también la Marcha Nacional por la Paz del 8 de mayo y la Caravana al Sur. Ellos han sido un ejemplo en la búsqueda de su hija que fue encontrada muerta el pasado 30 de noviembre. En palabras de Teresa Carmona y desde su profundo dolor “Adriana estudiaba arquitectura en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), desapareció un mes después del asesinato de mi hijo Joaquín, es decir, hace un año dos meses y 24 días, hoy sabemos que Adri llevaba casi un año muerta, en paz, espero que sus padres y demás familia y amigos puedan descansar al decirle adiós a su niña, lo siento tanto…”

Joaquín, Adriana, Juan Francisco, Jorge Mario son algunos de los hijos muertos o desaparecidos de México. Sabemos sus nombres porque sus padres luchan por ello y el Movimiento por la Paz continuará pidiendo justicia por aquellos que, como Nepomuceno Moreno, no pueden seguir haciéndolo.

La muerte de Nepo y los sucesos de las últimas dos semanas lleva necesariamente al Movimiento por la Paz a ser autocrítico. Nadie es invencible, ni un convoy de acompañamiento de ciudadanos a Ostula. Es necesaria la capacitación, la organización y como declaró el miércoles 7 de diciembre en rueda de prensa Araceli Rodríguez, “implementar algunos protocolos de seguridad para nosotros.”

Por los que vienen, por los que siguen

Nepo tenía que trasladarse a la Ciudad de México con su familia 2 días antes del trágico asesinato. Aunque su casa estaba rodeada de policías locales, estatales y el ejército, “se sentía más inseguro que nunca” según declararon sus amigos, víctimas también, que acompañan el MPJD.

A las 6 de la tarde del mismo día 28 de noviembre, los integrantes del Movimiento por la Paz, indignados hasta la médula por este asesinato decidieron ir hasta la delegación del Gobierno del Estado de Sonora en el Distrito Federal de la Ciudad de México para exigir una respuesta por este asesinato y, al mismo tiempo pedir protección para la familia de Nepo y que su hijo, en prisión, pudiera salir para asistir al sepelio. Una acción repentina a la que se unieron un centenar de integrantes del Movimiento en solidaridad con Nepo.

Esa tarde, llegó por primera vez al Movimiento un señor del estado de Puebla, un padre al que este verano le desaparecieron a su hija que luego fue hallada muerta. Otro padre que, como tantos, movió cielo y tierra para encontrarla y hasta argumentó ese día que “si el procurador de puebla no encuentra a los culpables, lo hará él”. Pero ahora confía en el Movimiento. Y como él, llegan día tras día personas en busca de ayuda y comprensión con las que hay que comenzar a contar para organizarse.

Para ellos, por ellos, deben conservar, más que nunca, la cabeza fría para continuar organizándose con las víctimas, para pedir justicia por todos los muertos y desaparecidos y para acabar, al fin, con al guerra contra las drogas que es lo que está provocando tanta muerte.

Su familia no quería que siguiera participando con el Movimiento por la Paz, pero según Nepo, fue la única vía para “buscar lo que no encuentro en mi Estado, la justicia y la solidaridad y el consuelo. Yo me manifesté a fuera de mi casa, con la pancarta y pasaban los carros y miraban las patrullas. Y les decía: así es como te reprime el gobierno cuando tu estas peleando con tu hijo después de que fueron ellos los que los secuestraron”.

“Yo no tengo la esperanza de encontrarle vivo. Aun así, hay que unirnos porque esto es una cosa que no va a parar. Le pido a mi familia que me entienda. Tal vez me caiga en el camino…”

Nepo, al finalizar la Caravana de Paz al Sur del país, decidió cubrir su pancarta de “doble cara” con las fotografías de su hijo que tan orgullosamente enseñaba a todos los reporteros e integrantes de la caravana que caminaron con él. Con estas fotos cubrió su demanda a las autoridades de Sonora. Ahora, tenía un Movimiento entero luchando por lo mismo.

Convertir el dolor en una nueva política nacional

Los integrantes del movimiento, siguiendo el mismo impulso que los hizo encontrarse, deben intentar sobrellevar estas crisis para pasar a lo que todo movimiento de resistencia noviolenta exitoso ha hecho: el entrenamiento en la noviolencia, la organización comunitaria y el establecimiento de protocolos para saber como proceder enfrente de otros posibles ataques, asesinatos y desapariciones en el futuro y construir una estrategia que sirva para amplificar el número de lideres que conviertan este dolor en una nueva política nacional. Todo esto, sin perder de vista la razón por la que se han unido a luchar: el fin de la guerra contra las drogas, el epicentro de del dolor.

Como dijo Teresa Carmona, “nos mataron a todos un poco pero también es cierto que Nepo vive en cada uno de nosotros, igual que Joaquín, Pedro, Adriana, y todas las víctimas de esta guerra atroz. “La lucha es tan larga… no hay que desanimar” nos dijo Antonio de la Sociedad Civil Las Abejas de la tierra sagrada de Acteal. El andar de Nepo, nuestro andar”.

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