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 English | Español August 21, 2014 | Issue #67


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Bill Conroy y el arte del periodismo de investigación

En un mundo mejor, su periodismo estaría recibiendo premios”, dice Charles Bowden. “Claro que en un mundo mejor, el gobierno de los EU no estaría conspirando para matar ciudadanos mexicanos.”


Por Candice Vallantin
Clase de 2011, Escuela de Periodismo Auténtico

23 de mayo 2011


Bill Conroy en la cena inaugural de la Escuela de periodismo auténtico 2011. DR 2011 Tyler Stringfellow
Amenazas legales, una oficina balaceada, amenazas por parte de funcionarios de gobierno; pocas profesiones vienen con estas prestaciones. Si le preguntas al periodista de investigación Bill Conroy, quien contraatacó está intimidación, todas estas son señales de estar haciendo bien este trabajo. “Si estás logrando, en cierto grado, exponer exitosamente algunas de las médulas de corrupción vía el reportaje investigativo en línea, seguramente te enfrentaras con algún bloqueo”.

Conroy se ve como cualquier otro hombre de Texas. Viste camisas negras flojas, shorts y tenis. Prefiere la cerveza al licor. Igual que muchos, insiste, arrastrando las palabras, que sólo fuma cuando viaja.

Pero en contraste a los tipos comunes y corrientes, por más de una década, ha estado llevando dos vidas. De día, Conroy trabaja tiempo completo en una publicación semanal conocida en Texas. Por la noche –y a veces los fines de semana- persigue descontento y obstinadamente, fuentes de varias oficinas de gobierno y estudia minuciosamente a través de la corte, documentos para exponer historias que nadie más en los medios masivos se atreve a mencionar. Conroy ha venido reportando la oscura ruta del narcotráfico desde 1999, mucho antes que el presidente Felipe Calderón declarara la guerra contra las drogas en 2006.

Publicadas con exclusividad en Narco News, las series investigativas de Conroy expusieron numerosos casos de corrupción que escurren desde las calles hasta las ramas más altas del gobierno en ambos lados de la frontera México –Estados Unidos.

En una seria llamada “La Conexión Bogotá” , publicada desde 2006, detalla como la Fuerza Administrativa Antidrogas (Drug Enforcement Agency, DEA por sus siglas en inglés), agentes en la nómina de los narcotraficantes, estaban ayudando a los infames escuadrones paramilitares de Colombia a lavar dinero del narcotráfico. Él desenreda la torcida historia de un informante Estadounidense que participó en el asesinato de al menos nueve ciudadanos de Ciudad Juárez con la absoluta complicidad y aprobación de sus supervisores de la Agencia de Administración de Inmigración y Aduana (Immigration and Customs Enforcement agency, ICE, por sus siglas en inglés) y el jefe de la Oficina del Procurador de los Estados Unidos.

Sus historias completas y detalladas salen por lo menos una vez a la semana, pro-bono. De acuerdo a Charles Bowden, ganador de un premio al periodismo de investigación y autor que se apoyó mucho en los reportajes de Conroy para completar su último libro “La tierra de los sueños, la ruta para salir de Juárez” (Dreamland, the Way Out of Juarez), la importancia de su trabajo está seriamente subestimada. “Sus resultados son claros: una caja de herramientas de habilidades de investigación, paciencia y pasión”, escribe Bowden. “Él ha mantenido viva, sin ayuda de nadie, la historia de “La casa de la muerte” y lo ha hecho sin reconocimiento de los medios de comunicación masivos que han olvidado casi por completo la historia. Esto no es un olvido casual porque la historia documenta claramente el involucramiento del gobierno de los Estados Unidos en los asesinatos en México. En un mundo mejor, su reportaje sería digno de premios. Claro que en un mundo mejor, el gobierno de los Estados Unidos no estaría conspirando para matar ciudadanos Mexicanos.”

Bowden tiene casi toda la razón. En el transcurso del año pasado la historia de La casa de la Muerte finalmente logró la atención de la prensa de los Estados Unidos, esto sólo fue posible porque el semanal británico The Observer envió a un periodista a México a reportar sobre la historia, pero sin darle los créditos a la cobertura previa de Conroy. Eventualmente los editores corrigieron las historia para darle crédito, pero esto no ocurrió sino hasta que Narco News hizo presencia en línea para evidenciar la arrogancia.


Bill Conroy entrevistado por la estudiante Ingrid Morris en la Escuela. DR 2011 Noah Friedman-Rudovsky
Con todo este trabajo, si nunca has escuchado de él, es porque él se mantiene fuera de la luz de farol. Trata de mantenerse en los márgenes de las multitudes y aunque es muy fácil hablar de él, se pone un poco nervioso cuando la conversación de enfoca en su vida personal. Cambia su peso de un pie al otro, pensativamente se rasca su barba sal y pimienta y enciende otro cigarro.

Es un hombre que conoce el poder de una grabadora, y no quiere estar del otro lado de ella. No es sólo su naturaleza humilde; sino una estrategia de supervivencia. Tiene una esposa y cuatro niños que alimentar. “La libertad de expresión es mejor que el cheque de la paga”, dice, “pero ambos son necesarios”.

Ha caminado sobre una línea muy delgada por un tiempo largo. En 1988, renuncia a su primer trabajo en un medio de comunicación masivo para unirse a un periódico alternativo en su pueblo de origen, The Shepherd Express. En esos tiempos era un pedazo de trapo irreverente que destacaba en el reportaje de investigación sobre la política de la ciudad de Milwaukee’s combinado con la cobertura de la escena de la música y del arte locales. Sus oficinas estaban en un edificio viejo de dos pisos de grandes ventanales de cristal, y en lo que había sido un bar de mala muerte en River West, el barrio pseudo-artístico y pobre de Milwaukee. “Financieramente, fue una decisión estúpida, pero aún lo extraño”, dice Conroy. “Fue un trabajo de sueños”.

Fue en The Shepherd Express donde Conroy afinó su arte de reportaje investigativo. Aprendió a nutrir fuentes, desarrollar confianza y a encontrar su nicho. A través de uno de sus colegas del periódico, Conroy descubrió las entradas y salidas del comercio local de droga en el barrio negro. “Un amigo cercano me ayudó a ver cosas que los blancos no habían visto antes. Había niños de 14 años cuidando las puertas con armas y enormes cantidades de cocaína en la mesa. Fue una experiencia que me abrió los ojos”. Una vez tuvo la oportunidad de apuntar con una pistola. Se sintió enganchado. “Estaba joven y fue emocionante y en los límites”, dice Conroy, “Lo hice por adrenalina”.

Hoy que él ha permanecido en el mismo camino por años, los contactos de Conroy que son algunos de los profesionales más clandestinos de los continentes- agentes del FBI, la DEA, e informantes encubiertos- es incomparable. No es sorpresivo que Al Giordano presente a Conroy como su PMI: Persona Más Importante. “Muchos de los que aplican las leyes conscientemente se darán cuenta que Conroy nunca ignorará una fuente de información”, dice Giordano, “Bill es como marcar el 911 para aquellos agentes con conciencia que ven que sus jefes no están haciendo las cosas de manera correcta”.

Pero las pistas de los informantes secretos tan sólo son un punto de partida, dice Conroy, “yo triangulo hechos de diferentes fuentes que no se conocen entre sí”. Es como funciona la policía”. Las historias no se dan a conocer hasta que él tiene pruebas de la corte, memorias del gobierno, y otros documentos oficiales obtenidos mediante peticiones a la Libertad de Información (Freedom of Information, FOI, por sus siglas en inglés) para demostrar sus descubrimientos y protegerse la espalda. “Sobretodo se trata de persistencia. Es saber lo que tienes y mantenerte pendiente”, dice Conroy. “Eres suertudo solo porque pegas nueve veces e intentas una décima vez”.

Las historias que Conroy revela, requieren más que paciencia y habilidades de detective. Casi cada historia sórdida que ha escrito para Narco News requiere de diversos personajes de agencias diferentes, frecuentemente con varias alianzas, contrabando de armas, drogas, dinero a lo largo de varias fronteras. Estas no son historias sencillas de contarse. “La manera en que él revela varios hechos diferentes para contar una verdad más grande- necesita cierto tipo de coherencia para ser capaz de armar todos estos detalles en una pieza,” dice la periodista de investigación Erin Rosa. “Su coherencia es algo que yo verdaderamente respeto”.

El otro secreto del éxito de Conroy es la comunidad que lo respalda. En 2055, después de la publicación de dos historias que involucran a la Agencia de Administración de Imigración y Aduana (Immigration and Customs Enforcement agency, ICE) de los Estados Unidos, dos agentes del ICE tocaron la puerta de Conroy. Primero fueron a la puerta de su casa para intimidar a su familia. Luego fueron a la oficina de la agencia del medio de comunicación conocido donde Conroy trabajaba tiempo completo en historias totalmente diferentes para presionarlo- y también a su editor- a revelar sus fuentes. “Yo pensé, bueno, es mi último día aquí”, dice Conroy.

Pero tuvo suerte. Porque una cosa, su editor de este medio de comunicación principal estaba comprendiendo. Y otra cosa, él estaba escribiendo para Narco News y su reacción fue rápida. Al Giordado publicó una historia acerca de la prueba en línea y la envió a sus contactos al día siguiente. En un mes, Cynthia McKinney, miembro del Congreso de EU en ese tiempo, le escribió una carta a la oficina de Diputados y al jefe de la Seguridad Nacional denunciando las acciones de los agentes del ICE, como una violación de la Primera Enmienda. No era la primera vez que Narco News se interponía para proteger a Conroy y sabe que no será la última: “Si alguien maás intenta meterse conmigo, sé que se terminaría todo el problema en un latido de corazón”, dice él.

Aunque su trabajo apenas le retribuye un centavo en otro lugar, es este sentido de comunidad que mantiene a Conroy fiel a Narco News de Al Giordano. “No se trata de vender historias o acumular datos, se trata de poner fé en historias que puedan verdaderamente causar un impacto”, dice Conroy. “Si sólo escribes para hacer dinero, hay algunas historias que nunca escribirás. Es como los abogados que hacen trabajos pro-bono paralelamente. Como periodista, considero que es mi responsabilidad”.

A pesar de su pasión, Conroy no ha salido ileso de la cobertura que le ha dado a lo más oscuro que este continente ha tenido bajo el vientre durante años. Cuando se le pregunta por qué razón sigue ahí, cubriendo una situación sin un final feliz a simple vista, él parece perplejo: “No sé, eso es lo que me pregunto todo el tiempo. Ya no lo hago por adrenalina, eso se terminó. Solo te sientes atraído ¿sabes?”. Sus ojos se cristalizan y se voltea. “No puedes simplemente botarlo, no puedes pretender olvidar lo que sabes. Entonces lo haces porque te importa. Algunas personas se enfrían y entonces callan. Yo no puedo hacer eso. Lo hago por mi mismo, para intentar encontrar una solución. Yo simplemente…. sigo teniendo esperanza.”

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