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El periodista deportado, Gianni Proiettis, habla desde Roma

El primer periodista expulsado de México en el siglo XXI planea regresar a su hogar durante 18 años


Por Al Giordano
Especial para The Narco News Bulletin

17 de abril 2011

¿Alguna vez se preguntó lo que se sentiría ser deportado desde México? Gianni Proiettis, el primer periodista en ser expulsado por el régimen mexicano desde los noventas (cuando el gobierno del entonces presidente, Ernesto Zedillo expulsó a más de 400 periodistas y observadores de derechos humanos por haber visitado el territorio rebelde zapatista en Chiapas) relata hoy su historia sobre su deportación en el siglo veintiuno.


Gianni Proiettis y Mercedes Osuna en Chiapas, México, delante de un camión del ejército. Fecha de la foto desconocida.
Contactado por Narco News el domingo en la casa de su hermana en la capital italiana, Gianni – habitante legal de San Cristóbal de las Casas, México, desde 1993, profesor de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH) y corresponsal del periódico italiano Il Manifesto con un blog semanal en su página principal sobre noticias en México – narró, paso por paso, su inesperado viaje transatlántico.

“El viernes por la mañana fui a las oficinas de migración en San Cristóbal para renovar mi visa FM2 como hago cada año. Ya les había dado los papeles requeridos,” Gianni comienza. “Dos días antes, la directora de la oficina me había llamado para preguntar por mi pasaporte con la excusa que ahora procesan las solicitudes por Internet. Les sugerí llevarles una fotocopia. Dijo que no, que necesitaban el original. Se los di el miércoles pasado.”

(Técnicamente, bajo las leyes internacionales, un pasaporte es propiedad del gobierno emisor, y otro gobierno no tiene derecho a quitárselo a un ciudadano extranjero, una de las múltiples irregularidades en este caso que puede llevar a que eventualmente Gianni vuelva rápidamente a su hogar durante dieciocho años.)

Gianni narra:

“Me dio una cita para el viernes a las 10:30 a.m. La única cosa que quedó por hacer era pagar la cuota anual. Llegué puntualmente a la hora que me dijo. Me mantuvieron esperando por una hora, mientras dejaban pasar a otros adelante en la fila. Cada cinco minutos o algo así un agente llegaba y me decía `cinco minutos´. Todo parecía normal. Luego uno dijo, `¿Puede venir al cuarto de la derecha?´Cuando entré a ese cuarto, había cinco hombres con el uniforme del Instituto Nacional de Migración. Uno de ellos dijo, `A partir de ahora, usted está bajo nuestra custodia.´

“En mi bolsillo tenía un amparo que un juez emitió en diciembre, para prevenir mi arresto y que Mercedes Osuna lo obtuvo para mí. Llamé a la directora de la oficina, pero había desaparecido. No mostró su cara. Un oficial dijo que mi amparo ya había expirado. Le dije, `Entonces devuélvamelo.´ Dijo, `No te preocupes, viajaré contigo.´ A partir de ahí, no tuve mi amparo de vuelta, ni los recibos que probaban que les había dado todos los documentos necesarios para renovar mi visa anual. Me habían quitado la prueba.

“Me pusieron en una van con cinco agentes de migración. La camioneta estaba precedida por una patrulla de la policía federal que iba a gran velocidad al aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez. Me escoltaron a la sección del gobierno, y rápidamente a un jet ejecutivo que llevaba un piloto, un copiloto, dos agentes, y a mí a la Ciudad de México.

“Noventa minutos después estaba en el aeropuerto internacional Benito Juárez en la Ciudad de México, una vez más en el área gubernamental. Me ofrecieron un filete o pescado, pero les dije `No gracias, me han quitado el apetito.´ Ya estaba oscureciendo. No tenía reloj, así que no puedo decirles que hora era.

“Uno de los oficiales de migración en la Ciudad de México me dijo, `Está siendo deportado porque no renovó su visa. Le dimos una orden para que saliera pero no la obedeció. Así que lo deportaremos.´ Le dije que era completamente falso. Nadie me había dado una orden para salir. Inventaron la acusación de la nada.

Sin embargo, el 5 de abril la oficina del Instituto Nacional de Migración en San Cristóbal de las Casas había firmado un acuse de recibo cuando Gianni llevó todos los documentos necesarios para la renovación de su visa. Ese recibo, se encontraba entre los documentos que le quitaron los agentes migratorios el viernes, y que nunca fueron devueltos. Sin embargo, las instalaciones nacionales deben tener registro electrónico de todas las transacciones (los funcionarios locales ¿no le dijeron a Gianni que “ahora se procesan las solicitudes por internet”?) Alguien rompió la ley, y no fue Gianni Proiettis.

“Luego me escoltaron a un vuelo de Aeroméxico a Roma vía Madrid. Dos agentes viajaron conmigo en el avión. Era extraño. Qué iba a hacer, ¿escapar del avión a mitad del vuelo? Pero insistieron, `Lo llevaremos a Roma.´

“Trece horas después, en el Aeropuerto Internacional de Barajas, me llevaron a una oficina policial. Aún estaba bajo arresto de los dos agentes mexicanos de migración. Me percaté de la ilegalidad de toda la cuestión. ¿Cómo es posible que dos policías mexicanos me estuvieran deteniendo en un aeropuerto español cuando no tengo cargos criminales ni obligaciones legales en España o Italia, o incluso en México, en dónde la expulsión es un proceso administrativo?

“Traté de explicarle esto a la policía española, que debía estar libre ahí. Dijeron, ‘Siempre lo hacemos así.’ Les dije, no es una extradición, es una deportación, México no tiene más autoridad sobre mí.’ Era totalmente absurdo. Estaba en España, pero no era libre.

“A las 8 pm del sábado, abordamos un avión a Roma, aún con los dos agentes mexicanos. Luego nos hicieron salir del avión. Como individuos, ya estábamos documentados con los pases de abordar. Por supuesto que no traía equipaje. Pero en casos como este hay otra capa de burocracia. Los españoles dijeron, ‘No pueden irse, necesitan llenar más papeles. Deben esperar hasta la mañana.’ Así que nos quedamos en las oficinas policiales. Habían celdas en el sótano con catres, pero los agentes mexicanos y yo tratamos de dormir en unas bancas de las áreas de oficina.

“En algún momento los convencí de llevarme al área de restaurante del aeropuerto. Los agentes mexicanos realmente fueron buenos chicos. Así que comimos en el área de restaurantes. Luego tratamos de dormir un poco en las bancas. A las 6:30 a.m. nos llevaron en una camioneta por debajo del avión, y abordamos.”

Después de un viaje que comenzó el viernes por la mañana a las 10:30 a.m. tiempo de México, en las oficinas de migración de su ciudad, Gianni Proiettis aterrizó en Roma el domingo por la mañana a las 9: 30 a.m. tiempo italiano (40 horas después). Gianni invitó a los dos agentes mexicanos de migración a la casa de su hermana ahí, en donde aceptaron la invitación para tomar un café. (Los hubiera puesto borrachos con limoncello, llevarlos a un burdel, y tomarles unas útiles fotografías, pero como pueden ver, Gianni es un caballero.) Poco después se fueron, y Gianni habló con Narco News por teléfono.

“Pero Gianni,” le dije, “¿Recuerdas que en los noventas, cuando todos nuestros amigos y colegas fueron expulsados, les dieron una carta del gobierno mexicano informándoles que habían sido expulsados de suelo mexicano por diez años? Esa carta es algo muy valioso. Podrías utilizarla como primer capítulo de lo que seguramente sería tu libro best seller internacional titulado, “¡Prohibido en México!”

“No,” respondió. “Firmé un papel que confirmaba que me habían devuelto mi pasaporte, y eso fue todo.”

“Al, ¿Cuándo estarás en San Cristóbal otra vez para que podamos pasar un rato juntos?” Gianni preguntó.

“Porque” agregó, “Ahí es donde me encontrarás.”

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