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¿Callejón sin salida para la Supervía de la Ciudad de México?

La resistencia de una colonia ha parado a las máquinas demoledoras por 35 días


Por Erin Rosa y Fernando León
Especial para The Narco News Bulletin

30 de agosto 2010

Cuando el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard anunció sus planes para construir una supercarretera privada desde colonias pobres en el suroeste de la ciudad haci a el bullicioso y próspero distrito financiero del país, Santa Fe, no tenía un plan para la resistencia organizada que surgió de los habitantes de La Malinche, una colonia que será destruída si se construye la carretera.


Hermana María Teresa: “Más que nada queremos que se suspenda este proyecto de muerte.”
Foto: D.R. 2010 Sebastian Kolendo
Desde que el gobierno trajo la primer máquina demoledora a la colonia en julio, los habitantes han logrado detener la construcción de la supervía al organizar un plantón indefinido para proteger su vecindario. Por más de 30 días, el gobierno ha sido incapaz de construir la supervía en la zona de La Malinche, cuyas habitantes han creado el Frente Amplio en contra de la Supervía Poniente, y quienes dicen que no se moverán de ahí.

Ubicada en el suroeste de la Ciudad de México, La Malinche es un vecindario de viviendas y edificios situados en la pronunciada pendiente de una colina desde donde se puede apreciar la ciudad. Las estrechas calles que conducen a la colina o loma tienen muchas curvas, dando la impresión de ser un laberinto, y en el barrio se leen consignas pintadas en las paredes que rechazan la supercarretera: “No a la Supervía”, y otras que maldicen al jefe de gobierno.

Ebrard anunció por primera vez su intención de construir la supervía en abril de 2008, pero pasarían dos años para que el miedo de los vecinos se hiciera realidad: el 6 de abril de este año, los habitantes de La Malinche comenzaron a recibir órdenes de desalojo por parte del gobierno de la ciudad, dirigidas a 51 viviendas habitadas por decenas de familias.

El gobierno ofreció entre MX$400,000 y MX$1,200,000 de pesos (USD$30,600 – USD$91,800) a los propietarios de las viviendas, pero eso no significó mucho para las más de 1,300 personas que se vieron obligadas a abandonar sus hogares. Los vecinos dicen que a los propietarios se les dijo que si no aceptaban el dinero, no iban a recibir nada más y de todas maneras perderían su propiedad. “A veces, dentro de las casas hay hasta 14 familias”, dice la hermana María Teresa, monja de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en la colonia. Algunos de los vecinos han recibido alguna porción del dinero de parte de los propietarios de las casas que habitaban. Otros no han recibido nada.

Dos meses después, en junio, el gobierno comenzó a llevar a cabo el desalojo de los vecinos que aún no se habían ido, mientras decenas de policías esperaban fuera de la zona de construcción para de ser necesario hacer cumplir las órdenes de desalojo. Poco después, los obreros entraron y comenzaron a golpear con mazos las viviendas, dejando bloques de escombros en el camino. Ahora, los edificios son estructuras esquelécticas, con agujeros gigantes en sus paredes, como si una bomba hubiera explotado ahí. Lo que queda de los edificios se asemeja a lo que fácilmente podría confundirse con una zona de guerra. “Estamos tristes, y queremos que se haga justicia, pero más que nada que se suspenda esta obra de muerte,” dice la hermana María Teresa.


Ramón Hernández Hernández: “En esta zona se concentra mucha del agua que mantiene los mantos freáticos de la ciudad.”
Foto: D.R. 2010 Sebastian Kolendo.
Los residentes de La Malinche vieron como, día tras día, los equipos de construcción destruían las casas en donde sus amigos y vecinos habían vivido. Pero el 26 de julio, cuando la máquina demoledora entró por primera vez a la zona a las 9 a.m., la comunidad decidió que había tenido suficiente. Fue entonces cuando las campanas de la iglesia—el principal centro de eventos comunitarios y de organización en la colonia, y que también había sido parte de lo que eventualmente se derribaría—comenzaron a sonar, llamando a más de 200 personas a abandonar sus hogares para oponerse a la construcción. Los habitantes fueron rápidamente a trabajar en sus propios proyectos de construcción: dos plantones en el área en que la demolición había comenzado. La máquina y los trabajadores—alrededor de 80, de acuerdo con los vecinos—fueron obligados a retirarse del lugar.

“¿Por que decidimos hacer el campamento?” dice Rafael Martínez, uno de los líderes del Frente y del plantón. “Porque las leyes ya no nos amparan… Estamos indefensos.” Ahora los plantones permanecen, deteniendo la construcción, y con ellos los planes del gobierno para construir una masiva carretera a lo que se considera la sede corporativa de México. Los vecinos se han organizado haciendo turnos para resguardar los plantones, los cuales están localizados en dos calles adyacentes. En los plantones, hay sillones para que los vecinos puedan dormir, y hay carpas que los protegen de las diarias lluvias que caen en la ciudad. También hay una cocina comunal improvisada para aquellos que se quedan en la zona de demolición, en la que hace unos días se sirvió sopa de lentejas, tacos de carne con nopal, y agua.

Una autopista privada, un legado público

De acuerdo con los habitantes de la colonia, el gobierno de Ebrard y los funcionarios de la delegación Magdalena Contreras, en donde se localiza La Malinche, se han negado a sentarse con los habitantes y discutir sobre posibles soluciones. Detrás de escena, hay preguntas persistentes. ¿Por qué construir una autopista privada que corta esa zona de la ciudad cuando hay otras alternativas no tan caras y destructivas? El grupo OHL, una de las cuatro principales constructoras españolas, está construyendo el proyecto, y cobrará una tarifa sin especificar a cada auto que use la autopista por los próximos 35 años.


Habitantes de la colonia La Malinche han bloqueado con éxito la construcción de la supervía desde el 26 de julio.
Foto: D.R. 2010 Sebastian Kolendo
Los vecinos han tratado de ofrecer soluciones, como una extensión del metro hasta Santa Fe, pero las propuestas han llegado a oídos sordos. “Nosotros le estamos dando alternativas [a la Supervía] como el transporte público, barato y eficiente.” Dice Martínez, “como una ampliación del metro, de Universidad a San Jerónimo, de Barranca del Muerto a Santa Fé o a Centenario. Les hemos dado alternativas [al gobierno] aunque no se hayan sentado a dialogar.”

Otros habitantes sospechan que la supervía es el proyecto que asegure el legado político de Ebrard con el Partido de la Revolución Democrática (PRD), posiblemente para futuras aspiraciones presidenciales. Otros piensan que Ebrard y sus aliados están tratando de convertir a lugares como La Malinche en otro distrito financiero gentrificado. “Nosotros [los vecinos del plantón] creemos que en esta zona van a hacer un nuevo Santa Fe,” dice Ramón Hernández Hernández, quien ha vivido en La Malinche por 40 años. “El suelo de esta parte de la [delegación] Magdalena Contreras es muy sólido, fértil y hay mucha agua.”

También existen preocupaciones ambientales. La Malinche está localizada cerca del Río Magdalena, el único río vivo de la Ciudad de México. Los vecinos y numerosos científicos ambientales temen lo que podría pasar si el río llega a contaminarse. Un informe de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Ambiental (PAOT) encontró deficiencias en las declaraciones sobre el impacto ambiental que fue presentado por OHL sobre la supervía, incluyendo los casos en los que la corporación no proporcionó medidas específicas de compensación por el daño que se hará al río durante la construcción. El último Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, ha recomendado parar el proyecto por cuestiones ambientales.

“En esta zona se concentra mucha del agua que mantiene los mantos freáticos de la ciudad”, dice Hernández Hernández, mientras señala al río cerca de la loma. “La supervía va a romper la ecología y los mantos freáticos. Sin esta área, la ciudad sufrirá más [por la falta de agua].”

La comunidad que se construyó a si misma

Los habitantes de La Malinche recuerdan como sus padres y abuelos llegaron a la colonia, y como la construyeron desde el suelo. Fueron los habitantes quienes décadas atrás construyeron la mayoría de las edificaciones que ahora serán demolidas. Los vecinos construyeron la iglesia en los años ‘70, y plantaron los árboles que ahora son un bosque en la loma, por donde se espera que la supervía se construya.


Mapa que indica la localización de la colonia La Malinche, que está impidiendo la construcción de la supervía en la Ciudad de México.
El proyecto de la supervía no es el primero en el que la comunidad y la loma han sido los objetivos de los negocios empresariales. El expresidente mexicano Luis Echeverría fracasó en su proyecto de construir un centro de convenciones en los años ‘70, luego de que los vecinos se organizaran en contra de ello. En 1991, el gobierno de la Ciudad de México propuso un proyecto similar a la supervía, llamada Contadero-Luis Cabrera. Tan pronto como los vecinos escucharon sobre él, se organizaron para conseguir toda la información posible. Finalmente el gobierno desistió del proyecto.

“A veces la gente se burla de nosotros…” dice Socorro Méndez, que ayuda a cocinar en los plantones. “Dicen que no tenemos nada que hacer y que nada más somos revoltosos. Pero este es el comienzo de la destrucción de la Magdalena Contreras, no solo de La Malinche.”

El gobierno de la ciudad continúa en su plan de construir la autopista privada. Fuera de La Malinche, el equipo constructor con sus máquinas ya han empezado a trabajar en La Angostura, una colonia localizada del otro lado de la loma, en donde los habitantes se han visto forzados a dejar sus hogares. Los vecinos no quieren terminar como la gente de La Angostura, y no quieren ver que el gobierno y una compañia extranjera arruine lo que sus familias construyeron en décadas. “Así como nuestros padres y abuelos lucharon para que hoy podamos estar hablando aquí,” dice José López Pérez de 24 años de edad, y quien ayuda a permancer en los plantones. “Ahora es el turno de nosotros los jóvenes el luchar por este lugar.”

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