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Crónica de la batalla de Oaxaca: tercera etapa, día uno

La mayoría de las personas que estaban en la calle esperando para enfrentar a la policía eran ciudadanos comunes y corrientes, listos para poner sus vidas en peligro


Por James Daria
El Otro Periodismo con La Otra Campaña en Oaxaca

30 de octubre 2006

Con la muerte de al menos tres personas (incluyendo a un periodista extranjero) el viernes, el presidente mexicano Vicente Fox encontró su excusa para traer a la policía federal a reprimir el descontento civil que ha hecho que el estado de Oaxaca sea prácticamente ingobernable y que ha originado una mayor inconformidad a través de la república. Para el sábado, los elementos de la Policía Federal Preventiva ya habían aterrizado en el aeropuerto de Oaxaca y corrieron rumores de su llegada por tierra justo al norte de la ciudad. Según lo que se decía en las calles, las fuerzas federales deberían de haber entrado a la ciudad el sábado por la noche, cobijándose en la oscuridad. A pesar de que la ciudad se había abandonado y de que no se habían levantado nuevas barricadas, la llegada de la policía no sucedió. El sábado en la mañana la ciudad se despertó con un murmullo de actividad al tiempo que se detectaba el movimiento de las tropas en diferentes puntos de la ciudad y se veía volar a los helicópteros. La batalla de Oaxaca estaba a punto de comenzar y la decisión de quién controlaría la ciudad al final del día habría de resolverse en varias barricadas estratégicas.

La mayoría de las fuerzas federales se encontraban en la base de la PFP cerca de la entrada a la autopista hacia la ciudad de México, pasando el pueblo de Etla. La policía, equipada con sus accesorios antidisturbios y sus “tanques” (que en realidad eran vehículos blindados, con mangueras de agua y cámaras de video), se colocó a la orilla de esta autopista. Lo que se encontraba entre ella y el centro de la ciudad de Oaxaca eran no menos de cinco grandes barricadas hechas de autobuses y tráileres, así como de la furia de miles de ciudadanos oaxaqueños comunes y corrientes. También hubo reportes de movimientos de tropas en el sur de la ciudad.


Foto: D.R. 2006 John Gibler
En la mañana, dirigiéndose hacia el frente de la línea, una cantidad sorprendente de ciudadanos llenó la autopista entre el centro de Oaxaca y la policía federal colocada al noreste de la ciudad. La mayoría de las personas eran residentes locales que dejaron sus casas para ocuparse de las barricadas cercanas. Otros trajeron agua y comida para los manifestantes. A pesar de que todos sabían que la violencia del estado se estaba encrudeciendo, el grado de generosidad y de ayuda mutua expresada por estas personas fue tremendo. Mientras que la presencia de los maestros y otros afiliados directamente a la APPO era evidente, la mayoría de la gente en la calle esperando enfrentar a la policía, eran ciudadanos comunes y corrientes, listos para poner su vida en peligro para impedir que las fuerzas llegaran a la ciudad.

Una mujer que estaba sentada en el monumento de Benito Juárez en el camino hacia Etla, explicó que el movimiento social que está sacudiendo las bases del autoritarismo y la brutalidad del gobierno estatal se encuentra en su tercera –y más importante– etapa. Según ella, la primera etapa fue la vanguardia del sindicato de maestros. Aunque el sindicato siempre ha luchado por sus propios intereses, le enseñó a la gente a pelear por sus derechos, especialmente después del 16 de junio. La segunda fase fue la consolidación de varias organizaciones sociales en la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca. Estos grupos tan diferentes entre sí, siguieron el ejemplo del sindicato en términos de la organización y la lucha. La tercera etapa en donde se encuentra el movimiento actualmente, es la democratización radical de la lucha con la participación masiva de personas comunes y corrientes, las cuales hasta ahora no están organizadas. En vista de la traición por parte del liderazgo del sindicato de maestros y el fracaso de la APPO para lograr ciertos objetivos, las personas han encontrado la fuerza dentro de sí mismas para participar activamente y liderar al movimiento que se está extendiendo enormemente. Una evidencia de que lo que estaba diciendo era verdad, era el gran número de mujeres y niños que estaban entre los manifestantes. A lo largo del día, muchas personas expresaron su deseo de que el mundo se diera cuenta de que gran parte de los manifestantes era gente común y corriente, quienes simplemente estaban cansados de la pobreza y de la represión y no los maleantes armados que presentaban los medios de comunicación.


Foto: D.R. 2006 John Gibler
Sentada bajo una gran estatua del indígena oaxaqueño que se convirtió en presidente de la nación y que luchó por la independencia y la reforma, la mujer explicó que Oaxaca siempre ha estado al frente del cambio revolucionario en México, y que el movimiento en Oaxaca no se limita a este estado. Según ella, los oaxaqueños están poniendo el ejemplo para que todos los mexicanos se levanten y luchen contra el autoritarismo de los malos gobiernos. Oaxaca no es sino la punta del iceberg del cambio que está por venir a nivel nacional.

Llegando a las líneas del frente, la gente se había congregado frente a la PFP con señales que demostraban su rechazo al uso de la fuerza para resolver el conflicto oaxaqueño. Todos insistían en que la solución pacífica del conflicto era posible con la salida del gobernador Ulises Ruiz y con la implementación de reformas radicales en este estado pobre del sureste. “¡Queremos paz!… ¡Los uniformados también son explotados!... ¡Oaxaca no es Atenco!...” fueron algunos de los cantos que vibraron en toda la columna de manifestantes pacíficos. En un acto simbólico que representaba la sangre que ha sido derramada para mantener a Ulises Ruiz en el poder, tres personas se sacaron sangre del brazo y escribieron con ella frases en contra de la PFP. “¡Si Abascal quiere sangre oaxaqueña, que venga y tome la mía! ¡Ya se ha derramado suficiente sangre!”, gritó uno de los manifestantes.

Alrededor de las tres, y poco después de la sangrienta demostración, las tropas empezaron a avanzar. Las mujeres se lanzaban contra los escudos de los escuadrones anti-motines y de los coches blindados para echarlos para atrás. Otros manifestantes se acostaron en el suelo tratando de bloquear su camino. De manera pacífica, los manifestantes trataron de impedir que la policía avanzara, pero esta siguió empujando utilizando mangueras de agua para aturdirlos y desorientarlos. La PFP avanzó lentamente hacia la capital mientras los manifestantes trataban en vano de detenerlos. Hasta este momento, la actitud de los manifestantes fue completamente pacífica. Cuando un joven con un pasamontañas les arrojó piedras a los policías, otros manifestantes lo agarraron y le quitaron la máscara, diciéndole que esto solo provocaría una confrontación y que sería una excusa para que el estado ejerciera su violencia.


Foto: D.R. 2006 John Gibler
Se corrió el rumor de que la PFP estaba entrando por el sur, despejando las barricadas de esa parte de la ciudad. De regreso en la parte norte, mientras los manifestantes se disponían a defender la siguiente barricada, la policía se desvió de la autopista y entró en los caminos de terracería cerca de las orillas del río Atoyac, que corre paralelo a la autopista y conduce hacia el centro. De esta forma, libraron la mayoría de las principales barricadas. Eventualmente, se dio una confrontación en Viguera, cerca del Instituto Tecnológico de Oaxaca, donde la policía lanzó una gran cantidad de gas lacrimógeno. Aunque aún no está confirmado, según la fuerza de seguridad de la APPO, un adolescente murió a raíz del impacto de una lata de gas lacrimógeno. Muchos otros fueron supuestamente detenidos.

Al tiempo que una marcha en apoyo a la APPO llegaba al centro, Oaxaca estaba siendo ocupada lentamente por la policía federal. Tratando de no provocar confrontaciones, la policía avanzó despacio hacia las esquinas del sur del zócalo y se congregó ahí esperando a que cayera la noche. La ciudad de Oaxaca estaba cubierta por un grueso humo negro de las llantas quemadas de coches y autobuses.

Bajo el cobijo de la oscuridad, la PFP finalmente ocupó el zócalo y empezó a desmantelar el campamento de la APPO. Se cortó la electricidad en la ciudad universitaria y en los barrios aledaños, en un intento de la policía de silenciar la voz del pueblo: la Radio Universidad. Los manifestantes que reforzaban las barricadas alrededor de la universidad, rápidamente conectaron un generador y restauraron la transmisión, aunque los barrios de los alrededores permanecieron a oscuras. Los reportes transmitidos en la radio y las informaciones de parientes y vecinos indican que la PFP está registrando las casas, supuestamente buscando evidencia de participación en el movimiento. Los vecinos están quemando todo lo que encuentran que pueda ser ligado a la APPO, temerosos de la represión gubernamental.


Foto: D.R. 2006 John Gibler
Entrando a las horas más altas de la noche, hay reportes de que se están reconstruyendo las barricadas a lo largo de la autopista hacia la ciudad de México, bloqueando el tráfico nuevamente e impidiendo la llegada de más tropas federales. Se escuchan explosiones en diferentes partes de la ciudad y tres helicópteros la están sobrevolando. Se presume que el próximo blanco será la Radio Universidad.

Aunque la ciudad de Oaxaca ha sido ocupada por las tropas federales, el problema está lejos de resolverse. Un manifestante comentó que, al día siguiente de que la policía haya puesto su campamento en el Zócalo, la gente los rodeará y los obligará a retirarse. A pesar de que se ha roto el perímetro físico, el espíritu de resistencia y la furia de la gente no se han extinguido. El uso de la fuerza para calmar el descontento social aquí en Oaxaca no resolverá los problemas subyacentes, y hasta que estos sean resueltos o hasta que hayan muerto suficientes personas, el conflicto continuará. Mañana será otro día más de lucha por el control de la ciudad de Oaxaca. Se piensa que la siguiente estrategia de las fuerzas federales será entrar en los vecindarios aledaños para quitar las barricadas y restaurar el orden.

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