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Las paradojas de Mandela hicieron aún más grande su camino

Elegir lo que funciona sobre lo que no funciona no es una cuestión de ideología, es de vida o muerte


Por Al Giordano
The Field

6 de diciembre 2013


Dos de las paradojas que rodean al gran Nelson Mandela están en mi mente hoy.
 
Una de ellas es cómo nuestra cultura centrada en la celebridad prácticamente ignora el trabajo del resto de los compañeros de Mandela durante sus 27 años en prisión (1963-1990) que terminó el apartheid. El retrato oficial en los medios es el de un hombre que fue a la cárcel y sólo mediante el ejemplo derribó un arraigado sistema de segregación racial. Eso no es en absoluto lo que pasó. La organización y, en particular, la evolución de la misma, por tantos otros sigue siendo una de las épicas historias heroicas y colectivas del siglo XX.
 
La otra es la evolución absolutamente única de Mandela en las cuestiones de la violencia y la noviolencia y su eficacia en la lucha. Mandela comenzó, por sus propias palabras, como un líder expresamente gandhiano. “Seguí la estrategia de Gandhi durante todo el tiempo que pude”, reflexionó, “pero luego llegó un punto en nuestra lucha en que la fuerza bruta del opresor ya no pudo ser contrarrestada solamente por la resistencia pasiva.” Entonces ayudó a conducir el ala militar del movimiento, recibió entrenamiento en guerra de guerrillas y sabotaje en Argelia, y fue arrestado al volver a su país por esa actividad. Fue mantenido en prisión por más tiempo que su condena inicial de cinco años precisamente porque se había negado a renunciar a la lucha armada, y sólo fue liberado hasta 1990.
 
Pero mientras Mandela estaba en prisión, sus colegas en el Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés) y organizaciones afines cambiaron su estrategia de la insurgencia armada a la de la resistencia civil noviolenta. Un ex miembro del ANC, Howard Barrell, ha descrito un punto de inflexión que se produjo cuando una delegación de Sudáfrica fue a visitar al general militar vietnamita Vu Xuan Chiem y a otros de los que habían derrotado a la ocupación de EEUU a principios de los 70. Los sudafricanos expusieron su situación y buscaron consejo, diciéndoles cuántos soldados entrenados tenían, cuántas armas de cada clase, etcétera. Creían que estaban listos para escalar a una guerra de guerrillas. De acuerdo con Barrell, fueron los vietnamitas quienes los convencieron de lo contrario. Voy a parafrasear ya que no tengo una grabación de su discurso, pero supuestamente los vietnamitas le dijeron a los sudafricanos: No han hecho lo más importante aún. En Vietnam, no estábamos dispuestos a luchar una guerra de guerrillas hasta que primero hubiéramos educado y organizado a la opinión pública para que nos apoyara. Ese es el primer paso más importante. Sin eso, nada más es posible.
 
El movimiento cambió su estrategia, volviendo a sus raíces con la influencia de Gandhi, y se dedicó a organizar y educar para construir el apoyo público. No fue el arma lo que derrotó al apartheid, y aquellos que afirman que sí lo fue están siendo deliberadamente ignorantes de la historia auténtica de los hechos. Lo que lo derrotó fue la huelga, el boicot, la formación de los participantes en la forma de organizar este tipo de cosas y un completo arsenal de tácticas de resistencia civil noviolenta.
 
Mandela dijo a sus carceleros que iba a renunciar a la lucha armada sólo cuando el Estado, el cual había cometido masacres y violencia en serie sobre la población civil, hiciera lo mismo. Sin embargo, durante sus 27 años de prisión el movimiento observó que la resistencia noviolenta era más eficaz que la lucha armada. No era una cuestión de “moral” como la sociedad entiende la palabra. Era una cuestión de lo que funcionaba y lo que no funcionaba (lo que para mí, supongo, es la cuestión moral más alta para cualquier aspirante a agente de cambio allá afuera).
 
Una vez fuera de la cárcel, la posición de Mandela evolucionó de nuevo a defender la resistencia noviolenta, acreditándole su libertad y la caída del Apartheid.
 
“En un mundo dominado por la violencia y los conflictos, el mensaje de Gandhi de paz y noviolencia es la clave para la supervivencia humana en el siglo XXI”, dijo Mandela en 2007, y añadió que Gandhi “creía fuertemente en la eficacia de enfrentar a la única fuerza de la satyagraha contra la fuerza bruta del opresor y, en efecto, la conversión del opresor al punto justo y moral.”
 
Este fue un líder que prestó mucha atención a sus compañeros y hermanos organizadores, y para las luchas y las opiniones de las personas de todos los días (lo que explica, por ejemplo, su gran interés y el uso de los deportes, algo que muchos de los “activistas” desventurados de hoy consideran de alguna manera “malo” porque los deportes son “competitivos” y tienen “ganadores” y “perdedores”, como una herramienta de organización para sanar las heridas de tantos años de una impuesta segregación racial).
 
Admiro a Mandela, ante todo, como el brillante ejemplo de un líder que estaba “en ella para ganarla.” Buscó el “gran” cambio concreto e histórico, sabía que no podría lograrse sin el apoyo de la opinión pública, y demostró ser un experto flexible, a través de la prueba y error, descubriendo lo que funcionó y lo que no funcionó, y adoptando lo que funcionaba.

Las personas que confunden la cuestión de la noviolencia entre “la violencia o la paz”- esto incluye a los que fanatizan el pacifismo y los que fetichizan la lucha armada, que para mí son imágenes especulares de los impulsos más autoritarios del otro- no parecen tomar lo que yo creo es la verdadera lección de Mandela y los otros grandes héroes de la lucha social del siglo XX, entre ellos el propio Gandhi: elegir lo que funciona sobre lo que no funciona no es una cuestión de ideología, es de vida o muerte. Mandela siempre será uno de los grandes modelos de la historia en el arte de la construcción de la opinión pública para lograr la victoria, en lugar de sufrir una derrota tras otra.
 
Dedico estas reflexiones a mis queridos amigos y colegas de la Escuela de Periodismo Auténtico Mkhuseli “Khusta” Jack y Anele Mdzikwa, para quienes la lucha trajo sacrificios personales extremos y también un gran significado.

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