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Narco News Issue #66
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Thor: El mundo oscuro y el reconfortante universo de Marvel

Los dioses no existen. Tampoco la justicia. Necesitan estar organizados


Por Al Giordano
Especial para The Narco News Bulletin

7 de noviembre 2013


En 1967, cuando tenía siete años, mis padres me daban una increíble “mesada” semanal de 25 centavos. Sabía que otros niños llegaban a recibir un dólar semanal, pero estaba encantado de entrar a las filas de consumidores aun incluso con un limitado poder adquisitivo. Mis amigos y yo ibamos a la dulcería para gastar nuestra riqueza en paquetes de tarjetas de nuestros jugadores favoritos de béisbol, fútbol o basquetbol, y cada uno venía con un chicle.

En la tienda había un estante de revistas e historietas, ahí vi algunos títulos con los nombres de los superhéroes que había visto en las caricaturas. Después de la escuela, en la televisión en blanco y negro había cinco de esos programas. Los lunes había media hora de las aventuras del Capitán América, el hombre de la Segunda Guerra que había sido convertido en un súper soldado por un suero experimental. Los martes, el conquistador millonario y traficante de armas Tony Stark se disfrazaría de Iron Man. Los miércoles, Hulk volaría en un ataque de rabia y aplastaría a los mismos tipos de tanques a los que el Capitán se subía y a los que Stark construía. En forma muy católica, había pescado los viernes, mientras el Príncipe Namor, el Submariner, gobernaría y protegería los siete mares, acosados por los humanos y sus gobiernos cuya estupidez destruía los océanos.

El jueves era el “día de Thor”, una clase diferente de héroe, porque él era un dios de otro reino, llamado Asgard, directamente de la mitología nórdica y su historia reflejaba la brecha generacional que asolaba toda la sociedad en la década de 1960. El mito de Thor me parecía irresistible. Thor tenía pelo rubio, largo y suelto y un padre autoritario que le prohibió su amor por una terrícola, Jane Foster (una metáfora de la lucha por la integración racial que definía aquellos tiempos). Thor se rebeló de su padre, el rey Odin, adoptando a los seres humanos de la tierra y protegiéndolos de los supervillanos, monstruos intergalácticos, e incluso de los dioses rivales. Cuando no estaba salvando al mundo, se disfrazaba de médico discapacitado, Donald Blake, que necesitaba un bastón para caminar, y en los momentos en que su padre vengativo lo despojaba de sus poderes quedaba atrapado en ese rengueante cuerpo. Cuando aparecía el peligro, Blake golpeaba el suelo con su bastón y se transformaba en el poderoso martillo Mjolnir, y el Dios del Trueno de pelo largo entraba en acción.

La sugerencia de que había muchos “dioses”, y no sólo el que me arrastraba a la iglesia los domingos y los miércoles a la escuela católica para ser enseñado en como adorar, presentaba una idea muy liberadora. Los niños se identifican naturalmente con los héroes y quieren ser ellos. Pero Thor propuso una nueva herejía: que podríamos aspirar a ser como Dios, incluso si, al igual que él, teníamos problemas personales, los tabúes sociales y las expectativas de la familia de desobedecer para hacerlo.

Cuando en la dulcería me di cuenta que había historietas que ofrecían a estos héroes, y que costaban 12 centavos cada una, me di cuenta de que podía comprar dos a la semana con mi considerable subsidio. Me las llevaba a casa, las leía una y otra vez, las guardaba como tesoros de oro en un baúl en mi habitación, y me lamentaba por no poder tener todos los títulos. No sólo salían los cinco libros cada mes -Capitán América, Iron Man, Hulk , Thor y el Submariner- pero había otros títulos como “Cuentos de Suspenso”, que ese año presentaba a los equipos del Capitán y Iron Man, y “Los Vengadores”, que tenían un conjunto siempre cambiante de integrantes, incluidas las heroínas como la ex espía soviética, Viuda Negra y la bruja Escarlata (una introducción al concepto de héroes mutantes que habían evolucionado genéticamente más allá de las limitaciones humanas, y que me llevaron a otro libro, X-Men, donde ella y su rápido y sobreprotector hermano mutante, Quicksilver, también aparecían), y, en África el príncipe T’Challa, la Pantera Negra. Al mismo tiempo, los nuevos programas comenzaron a aparecer en la televisión los sábados por la mañana, con El Hombre Araña y los Cuatro Fantásticos, cuya exposición a la radiación nuclear les dio poderes monstruosos, y así esos libros estaban en las gradas, también.

Tenía que haber una manera de ser capaz de leer todas esas historias increíbles. Convencí a mis amigos -especialmente los que tenían grandes presupuestos semanales para gastar- para ver los dibujos animados y para comprar las historietas, también. Se trataba de prestar e intercambiar hasta que cada uno de nosotros pudiera leer cada título cada mes.

El tema común de cada libro de Marvel era el del héroe imperfecto. Los chicos y chicas eran muy diferentes de los protagonistas de la marca rival DC Comics. Las estrellas más conocidas de DC eran Superman y Batman, cada uno de los cuales tenía una serie de televisión, no dibujos animados, en el que eran interpretados por actores humanos. El canon de los héroes de DC fue icónico, más grande que las figuras reales, algo que también parecía predecible y unidimensional para mí. Las vidas del elenco Marvel giraban en torno a los problemas molestos que enfrentaban en casa, la escuela y la familia. En otras palabras, los héroes de Marvel eran mucho más parecidos a nosotros, los niños , tratando de navegar en una época en que la tecnología y los medios de comunicación habían comenzado a superar la capacidad de la humanidad para hacer frente a todo. Parecían más asequibles y accesibles.

Tipos como Peter Parker salvarían la ciudad como El Hombre Araña, pero siempre perderían a la chica, serían maltratados por su jefe, arruinaban sus estudios porque habían estado fuera toda la noche luchando contra la delincuencia, y El Hombre Araña sería demonizado por el Daily Bugle como una amenaza a pesar de sus buenas obras.

El Hombre Araña era el prototipo del “héroe imperfecto”, y se convirtió en un gran éxito entre los jóvenes consumidores de historietas, por lo que los creadores de Marvel duplicaron rápidamente el género, y comenzaron a producir súper seres no sólo plagados por la mala suerte, pero cuyos poderes propios, y su dificultad para controlarlos, los hacían francamente neuróticos. Hank Pym era un científico que, en las historietas, inventó un casco para reducirlo al tamaño de una hormiga, y luego otro para hacerlo muy alto, y la leyenda de “El Hombre Hormiga/Hombre Gigante” nacía. Estaba obsesionado con su novia rica, blanca, anglosajona y protestante, Janet Van Dyne (ella siempre tenía el estilo de Jackie Kennedy, con sus bolsos y sombreros), quien -a través del uso de “partículas Pym” inventadas por Hank- podrían reducirla al mismo tamaño de los insectos, le salían alas y atacaba a las rivales con su aguijón que ni tenían tiempo de verla, “la Avispa.” Hank volaba en ataques de celos cada vez que otro hombre hablaba con Janet, y ella buscaba fríamente su atención al coquetear con otros héroes. Sus disputas internas -y peleas de Hank con otros Vengadores- llenaron años de páginas de libros Vengadores. Pero cuando el mal amenazaba, enterraban sus diferencias, se disfrazaban y derrotaban a los monstruos. Los personajes eran como la gente que se encuentra en cualquier proyecto. Podían tener poderes o talentos extraordinarios, pero eran gente común que enfrentaban de las mismas debilidades personales que los simples mortales enfrentaban todos los días.

Si creciste en el área metropolitana de Nueva York, estos héroes de Marvel eran tus vecinos. El Daily Bugle, mencionado antes, estaba en la calle 39 y la Segunda Avenida, en Manhattan, y Peter Parker tomaba el metro para trabajar desde el departamento de tres pisos de su tía May en Ingram Street #20 en Forest Hills, Queens. La sede de los Cuatro Fantásticos, el edificio Baxter, estaba en la 42 ª y Madison. Más adelante, en la Avenida Madison estaba la sede SHIELD, en la calle 59, cerca de Central Park. La Torre Stark, donde se hicieron los uniformes y las armas de Iron Man, en la cuadra del Columbus Circle. En el lado este del Central Park estaba la mansión de los Vengadores en el 890 de la Quinta Avenida, en la calle 70. En la entonces zona pobre de Hell’s Kitchen, al sur de Times Square, un abogado ciego de servicio público, Matt Murdock, que había perdido la vista de niño en una colisión con un barril de residuos tóxicos y cuyos otros cinco sentidos se afilaron por esto, perseguía a mafiosos y otros maleantes de la noche siendo el Daredevil acrobático. Y en el Greenwich Village, donde la cultura de la canción popular hippie estaba en pleno apogeo en aquellos tiempos, en el 176A de Bleeker Street, vivía el excéntrico maestro de la magia, el doctor Stephen Strange. Afuera, en el Condado de Westchester en algún lugar, en estos libros, estaba el salón de clases al que soñaba con asistir: La Escuela de Xavier para Niños Dotados, en 1407 Greymalkin Lane, una mansión donde el profesor Charles Xavier entrenaba mutantes jóvenes capacitados para controlar y utilizar sus poderes para el bien, formando el equipo llamado X-Men.

En las historietas de cada mes, estos chicos y chicas salvaban a la ciudad de Nueva York y sus habitantes de malos y terribles ataques y amenazas (tan sólo en el siguiente siglo la vida comenzaría a imitar el arte, sólo que ya no había héroes para salvarla).

Así que gran parte del Universo Marvel se llevó a cabo en Nueva York, y las propias historietas también fueron escritas y dibujadas ahí, en la sede de Marvel, donde Stan Lee, Jack Kirby y los otros pioneros del género inventarían nuevos héroes, villanos y nuevos títulos y se comunicarían hiperactivamente con sus jóvenes fanáticos. Cada historieta tiene una sección de cartas -Stan “El Hombre” Lee respondía muchas de las cartas ahí- y los marcos de las historietas mismas se llenaban de pequeñas notas, chistes, bromas, y las pistas de Lee, Kirby y otros escritores y artistas, dejando caer pequeñas pistas sobre lo que podría suceder a continuación, o cómo la misma línea argumental se estaba llevando a cabo ese mismo mes en otro de los títulos. En todo este torbellino de actividad, habían creado una subcultura de niños nerds y lectores, quienes encontraron en el Universo Marvel algo más reconfortante que las circunstancias a menudo banales y a veces trágicas, de nuestra vida diaria.

Marvel Comics creó un mundo donde los valores eran importantes, pero eran los valores más evolucionados, más atractivos para mí, que los que enseñaban en la escuela, la iglesia, la televisión o en la familia. La nobleza y el sacrificio era la marca de cada héroe. La independencia y voluntad de desobedecer las normas familiares o sociales para salvar el día era su marca. La superación de los problemas personales y los obstáculos puestos por las instituciones con el fin de hacerlo siempre proporcionaron gran parte de la aventura y el viaje de esos libros.

Y estas historietas reflejaban el tumulto social de la década de 1960. Cuando Charles Xavier y su viejo amigo Max Eisenhardt, el super villano Magneto (en las películas que se llama Eric Lensher) y sobreviviente del Holocausto y de los campos de exterminio nazis, debaten sobre si los mutantes deben separarse o integrarse con la raza humana, sus argumentos sirvieron de plataforma para los debates vigentes en ese momento encarnados por Martin Luther King y Malcolm X en la dirección del movimiento de derechos civiles. El Capitán América, mientras tenía el uniforme patriotero con el escudo rojo, blanco y azul, frecuentemente cuestionaba y desafiaba las políticas de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y su gobierno con el argumento de que podría no hacer lo correcto, que el fin no justifica los medios, que la paz es siempre preferible a la guerra, y que un soldado nunca debe ser un abusivo. Tony Stark desarrolla conflictos internos y la culpa de su trabajo como inventor y magnate de las armas, y caía en episodios tan caóticos de estupor alcohólico que a veces otros tenían que ponerse el traje de Iron Man mientras estaba ebrio. Hulk fue perseguido por el complejo militar-industrial y simplemente aplastaba cualquier arma que enviaran en su contra. El mismo gobierno de los EEUU a cuyos ciudadanos a estos héroes salvaron una y otra vez persiguieron no sólo a Hulk, sino también al Submariner (los temas a menudo tenían que ver con la destrucción ambiental del hombre a los mares y la tierra, y los esfuerzos de los héroes para detenerlo), a los X -Men, y todos los mutantes. Las historietas eran una clase abierta sobre el poder y sus abusos. El mensaje no “protestaba” o ” denunciaba” estos males de la sociedad, sino más bien llevaban la fuerte y repetida sugerencia de que estaban violando la verdadera “Manera Americana”, que era no ser un abusivo, sino hacer frente a este tipo de comportamiento malvado en una nación nacida, después de todo, de una revolución antiimperialista.

En algún momento, mis jóvenes amigos y yo pasamos de héroes de las historietas estrellas del rock, las guitarras reemplazaron las pelotas de fútbol, y las niñas se volvieron más interesantes que ser nerds solos en nuestras habitaciones. Pero hablando por mí, desde esos días he sentido que todo mi propio sistema de valores fue inclucado gracias al Universo Marvel de Lee y Kirby y los viajes de sus héroes Campbellianos. Cuando crecí, sentía cierta nostalgia de ese universo. De vez en cuando los medios de comunicación podrían intentar sacar algún suministro de esos personajes. En 1978 salió una serie de TV de “Hulk” particularmente mala serie protagonizada por Bill Bixby, que parecía que le hubieran echado spray de pintura verde, pero simplemente no era creíble e infiel a la historieta, despojada de sus advertencias sobre la sociedad mecanizada y militarizada. De todas formas, para entonces yo ya tenía 18 y estaba en mis propios viajes de “manejo de la ira”.

Todos los problemas que enfrentan esos héroes -la codicia, la monotonía impuesta y persecuciones en contra por ser “diferente”, la destrucción ambiental y militar, y los malos que conspiraban por la dominación del mundo -comenzaron, año tras año, a invadir el mundo real en el que vivíamos. Pero no eran dioses de Asgard que bajaban y nos salvaban de estos monstruos, no había equipos de superhéroes que volaban desde la mansión de los Vengadores para proteger a Nueva York o a cualquier otro lugar. Y sin embargo, cuando al darme cuenta de que nadie más nos salvaría, me lancé en el movimiento anti nuclear en mi adolescencia, y encontré un nuevo tipo de héroe llamado el pueblo organizado, las historias de las historietas volverían a mí y me sugerirían tácticas y estrategias, así como pistas para encontrar la fuerza interior para superar mis propias debilidades y dificultades en ese trabajo.

Para mi, lo más convincente de las historietas eran “los equipos”, en particular de X-Men y los Vengadores. Cada uno tenía un grupo de individuos talentosos con egos gigantescos para unir sus poderes, de diferentes raíces y normas culturales, y graves conflictos de personalidad entre ellos, que tenían que superar esas diferencias para poder trabajar en equipo y hacer frente a una crisis urgente que ninguno de ellos podrían resolver por sí solo. Y mientras pasaba la vida, en cada una de mis aventuras me encontré situaciones exactamente iguales que había que superar. Después de todo, ¿qué es la “organización comunitaria” más que el arte y la ciencia de unir a la gente, dejar sus pequeñas diferencias y poner en común sus diversos talentos para salvar el día de las imposiciones del mal?

Avancemos rápidamente tres décadas hacia el cambio de siglo. Tenía cuarenta años, auto exiliado en México, desilusionado de una carrera en los medios de la que había quemado las naves tras de mí. Tenía que hablar un idioma que no era mi lengua materna en la vida cotidiana, lejos de alguien al que conociera por más de unos pocos años, y usando internet de conexión telefónica para publicar escritos que ninguna otra publicación tocaría sobre el mundo macabro de la guerra contra las drogas, con un pequeño portal en línea llamada Narco News, que tan sólo tenía alrededor de 3.000 lectores al día. Ese verano, la película X-Men llegó a los cines de todo el mundo. Pensé que sería interesante y tomé un autobús desde el pueblo indígena que vivía a una ciudad cercana para ver el estreno. Un éxito de taquilla, recaudando casi 300 millones de dólares. X-Men dio a luz a más de 13 años de películas de gran presupuesto del Universo Marvel, entre ellas dos secuelas. En ese cine, al volver a la escuela secundaria imaginaria de mis sueños -La Escuela de Xavier para Niños Superdotados- me di cuenta lo solo que me sentía, y añoraba los días en que solía organizar a otros para corregir grandes errores. Echaba de menos la camaradería de la organización. Un escritor tiene que estar un poco alienado para ver el mundo desde afuera, pero yo había llevado la soledad del escritor demasiado lejos.

Me sorprendió gratamente encontrar el cine donde se estrenó X-Men lleno de jóvenes mexicanos, que se reía de los momentos en la película con chistes que sólo conocen los que están inmersos en el Universo Marvel, como las referencias a un uniforme spandex amarillo que el personaje Wolverine se había puesto en las primeras historietas de los X-Men. ¿En serio? Pensé. ¿Estos niños están tan adentrados en este mito cómo yo lo estaba de niño? Me infundió con una cierta esperanza el que tal vez mi propio sistema de valores, que me había llevado a mi auto expulsión de la cultura de los Estados Unidos, de hecho algún día “se haría viral” y dejara de ser un dominio tan solitario.

Tres semanas más tarde, me encontré demandado por uno de los más ricos narcobanqueros de México, y su banco, por los reportajes que había publicado en Narco News. Este era un supervillano digno de Marvel, sólo que realmente existía, y realmente estaba empeñado en la dominación del mundo. Pensé, maldita sea, ¿dónde está mi equipo de súper héroes para evitar esta amenaza? Cuando personas muy poderosas van tras de ti, te das cuenta quiénes son tus amigos, y qué pocos son mientras se ocultan en los momentos de crisis moral. El poco apoyo financiero que tenía para seguir escribiendo sobre los salarios del tercer mundo se seca muy rápidamente. Un montón de gente apostaba a que iba a perder la pelea. Era evidente que aun con lo marginado y pequeño que ya era, alguien muy poderoso estaba tratando de destruir el poco rastro de la vida que me quedaba.

Maldita sea, ¡me hubiera gustado un equipo como el que el Profesor Xavier tenía en las historietas! Y entonces miré a mi alrededor y pensé, bueno, tal vez sí lo tengo. El otro acusado, el periodista mexicano Mario Menéndez Rodríguez, alguna vez entrenado, junto al Che Guevara en Cuba y en otros lugares, y peleó batallas legendarias de las que todavía no ha escrito. Él sabe algo sobre el heroísmo frente a amenazas graves. Mi abogado, que venía de mis tiempos organizando contra las plantas nucleares, Tom Lesser, en los últimos años se había convertido en uno de los defensores más exitosos de la Primera Enmienda en los Estados Unidos. Trece años antes, habíamos colaborado con el fallecido Abbie Hoffman, con la hija presidencial Amy Carter, y otros, para poner a la CIA bajo juicio y ganamos. Otros periodistas de afuera (¡mutantes!), que sufrían como yo la alienación de la industria, comenzaron a correr la voz de que este monstruo nos estaba demandando. Los lectores de Narco News comenzaron a donar a un fondo de defensa.

Y a medida que se corrió la voz a través de Internet, empecé a recibir correos electrónicos de gente joven que nunca había conocido. Decían cosas como: “Conseguí mi primer trabajo en un diario, pero no me deja publicar la verdad .” Y, “Estoy pagando 20,000 dólares al año a la escuela de periodismo, pero me están enseñando una mierda total.” Y todos dijeron: “¿Puedo ir a trabajar como pasante en tu oficina?” Fue muy divertido, ya que no había ninguna oficina.

Volví a Nueva York -la ciudad del Universo Marvel- para hacer frente a los cargos de difamación en mi contra. Y confieso que muchas de las acciones de riesgo que usé para defender nuestra libertad de prensa del supervillano narcobanquero y sus viscosos abogados salidos del canon de Marvel. No sólo ganamos el caso, sino que lo hicimos con atrevimiento, brío, y aumentamos la audiencia global de Narco News cien veces para pasar de la categoría de “irrelevante” a los escenarios en este mundo sobremediatizado.

Ganar era genial. Sin embargo, con esto llegó una deuda: ¿qué hacer con todos ellos? Que para entonces eran cientos de jóvenes que me escribían preguntando si podían venir a trabajar para este proyecto. Y con la escuela de Xavier en mi mente, nació la Escuela de Periodismo Auténtico.

Así que, como veran, aún tengo siete o diez años, sueño con asistir a una escuela como esa, donde alguien con experiencia me puede ayudar a controlar y utilizar mejor todos los talentos mutantes que pueda tener. Excepto por la vez que algo así fue posible, yo era el tipo con experiencia y victorias en mi haber. Nunca llegué a asistir a la Escuela de Xavier. Pero empecé una, y en la última década hemos construido un equipo internacional de personas con talento cuya primera debilidad fue que tuvimos que aprender a trabajar juntos para derrotar a los males mayores que ninguno de nosotros podía hacerlo solo.

Desde hace diez años hemos llevado a cientos de jóvenes talentos, a muchos hemos sido capaces de ayudar, a otros no pudimos, algunos incluso cayeron en el lado del mal: ¡Al igual que la escuela X-Men! Sí, sigo teniendo diez. Acostúmbrense a eso.

Lo que me lleva a la nueva película, Thor: El mundo oscuro. Es la película número 29 basada en el universo de Marvel desde que en el 2000 saliera X-Men. Es difícil que cualquier noche no pasen alguna de estas películas por cable. Su éxito en la taquilla con las generaciones más jóvenes garantiza que habrá muchas, muchas más. Y de repente, ese pequeño universo de la historieta oscura se ha infiltrado en la cultura popular en todos los países.

Thor: El mundo oscuro es parte de una serie específica que se inició con la primera película de Iron Man, seguida de El Increíble Hulk (ambas en 2008 ), Iron Man 2 (2010), Thor y el Capitán América: El primer vengador (ambas en 2011), cada una como precuelas de Los Vengadores de Marvel (2012) , la película más taquillera de ese año, la tercera película más vista en la historia humana, y la película más vista jamás producida por Disney. Mi pequeño universo nerd de la infancia ahora se infiltra en la mente de las nuevas generaciones, y estas películas han sido muy fieles a los valores dictados por las historietas originales de los sesenta. Si pudiera reducir su mensaje combinado en un solo axioma sería: ¿Usted tiene súper talentos? ¿Y qué? ¡Aprenda a trabajar en equipo!

La precuela de Los Vengadores con la que más me identifiqué fue la primer película de Thor. El momento que lo vale fue nada menos que un tratado sobre la eficacia y espíritu de la resistencia civil no violenta. Thor, el príncipe guerrero arrogante y heredero al trono de Asgard, había sido despojado de sus poderes y de su poderoso martillo, Mjolner (“forjado en el centro de una estrella moribunda”), fue enviado a la Tierra por su padre Odin y perseguido hasta ahí por su alocado hermano Loki, quien trató de destruir a la raza humana junto con Thor. En la localidad de Puente Antiguo, Nuevo México, el robot gigante enviado por Loki para destruir a Thor y todos los demás estaba llevando a la ciudad a las cenizas. Ni siquiera los compañeros de Thor, Lady Sif ni los Tres Guerreros, podrían detenerlo. Thor -impotente y atrapado, como el Dr. Donald Blake, en un mortal espiral humano- instruye a sus amigos a volver a Asgard y detener a Loki, diciendo, “tengo un plan.” A medida que sus nuevos amigos humanos y sus colegas en Asgard miraba sorprendidos y asustados, un desarmado Thor camina hacia el monstruo robot, y habla directamente a su demente hermano. “Hermano”, dice, disculpándose por haberlo ofendido, “Toma mi vida, no la de ellos.”

Cuando Odín había echado a Thor de Asgard , también lanzó su poderoso martillo a la tierra -muy parecido a la espada de Excalibur de Arturo- el cual nadie podía levantar del suelo. Odin habló por el martillo diciendo que, “el que sea digno de este martillo tendrá el poder de Thor.” Pero a medida que este drama se desarrollaba, Odin estaba atrapado en su “sueño de Odin”, una especie de estado de coma semi-consciente necesario para los viejos asgardianos que viven una media de 5.000 años, y por lo tanto son vistos como “dioses” por los terrícolas. Mientras que en el sueño de Odin, el padre de Thor (interpretado por Anthony Hopkins) aún pude ver y oir todo lo que sucede en los “nueve reinos”, uno de los cuales es la Tierra, o “Midgard.” El monstruo robot aplasta a Thor como a un mosquito y lo deja morir en Nuevo México, con su amor humano, Jane Foster (representado en el planeta por Natalie Portman) llorando por él mientras respira su último aliento. Lo que Thor acaba de hacer -salvar al planeta del monstruo sacrificando su propia vida- rápidamente hace eco de las palabras de Odin (“el que sea digno tendrá el poder”), el martillo vuela de la tierra a la mano de Thor. Recupera su dignidad a través del sacrificio desinteresado. Su llamativo uniforme y capa regresan. Natalie Portman grita, “¡Oh, Dios mío!” Thor destruye al robot, salva al planeta, y regresa a Asgard y a su derecho natural. Y ahí lo tienen: Resistencia Civil 101, en una escena cinematográfica.

Thor regresó a la tierra para la película Los Vengadores para derrotar -esta vez en un equipo con el Capitán, Hulk, Iron Man, La Viuda Negra, el arquero Hawkeye, y bajo la dirección de Nick Furia y sus agentes de SHIELD- a Loki, una vez más, y salvar la ciudad de Nueva York de una invasión alienígena.

Entonces, ¿cómo superar eso en otra secuela de la serie?

Aquí, en el reino llamado México, llegamos a verlo una semana antes de habitantes de los Estados Unidos. En el estreno de medianoche el cine estaba lleno, los jóvenes de hecho casi luchaban por un asiento.

Habiendo establecido, en la primerapelícula de Thor y Los Vengadores, los orígenes fundamentales de esta super dios nórdico y su hermano malhechor Loki, Thor: El mundo oscuro, trae al espectador de vuelta a las primeras versiones de historietas de la década de 1960, cuando los “Cuentos de Asgard”lo habían precedido y dieron luz a los libros de Thor. Con la historia original fuera del camino, ahora llegamos a saber de los mejores actores de la Academia Cinematográfica, con Anthony Hopkins como Odín, Rene Russo como Frigga (madre adoptiva de Thor y Loki, y una poderosa hechicera), e Idris Elba como Heimdall que todo lo ve, se profundizó de manera exponencial. Natalie Portman -como Hopkins, ya galardonado con el más alto honor de la Academia- también se acerca al centro del escenario, mientras el desprecio de Odin por el mestizaje intergaláctico de la descendencia de Thor proporciona una historia de amor prohibida tipo Romeo y Julieta para la saga. Y la graciosa Kate Dennings (de la serie, Two Broke Girls) regresa en su rol de Darcy Lews como la representante e interprete de la audiencia de esos dioses y reinos extraños. Chris Helmsworth y Tom Middleton repiten la rivalidad entre hermanos de Thor y Loki. Son muchos los recursos gastados con muchos de los mejores actores en la tierra como parte de la clase abierta internacional del Universo Marvel que estas películas han llevado adelante.

Vivimos en una época en que las religiones dominantes del mundo y sus mitos han perdido terreno y credibilidad. No es de extrañar que los fundamentalistas religiosos odien tanto la ciencia: nuevos descubrimientos siguen diezmando sus afirmacines. Si el pasado es prólogo, este es un momento histórico cuando los nuevos mitos comienzan a superar a los dominantes. Mientras observaba y disfrutaba Thor, se me ocurrió que tal vez, sólo tal vez, estas películas y las historietas en que se basan pueden ser un emergente más relevante, la mitología de las luchas actuales y futuras de la humanidad.

En 1990, Harold Bloom, desplegando los antiguois servicios de traducción hebreos de David Rosenbaum, publicó El Libro de J, una nueva traducción e interpretación del texto conocido más antiguo del que se basó el El Viejo Testamento de la Biblio Judeo-Cristiana y su primer capítulo, Génesis. Bloom concluyó que el texto original no intentaba ser parte de un canon religioso. Postuló que fue escrito como una parodia salvajamente divertida sobre cómo los gobernantes usaban el mito para establecer el orden a través de religiones y burocracias.

La obra cómica – escrita poco después de la caída del rey David y con él la época de oro de un imperio que salió mal- más tarde sería apropiada por los gobernantes y vendida como texto religioso, y se convirtió en la nueva y dominante mitología en los siguientes siglos. El judaísmo, el cristianismo y el Islam serían más tarde construidos sobre ella. El Libro J fue el primer borrador de la simple historia de Adán, Eva, una serpiente y un “árbol de conocimiento del bien y el mal,” en el cual el pecado original del primer hombre y mujer fue desobedecer la autoridad y comer una planta alteradora de conciencias que les permitió “ser como dioses” enfureciendo a un monoteísta dios.

Bloom también llegó a la conclusión sobre la base de un análisis del estilo de escritura que el autor de esta parodia de las religiones que se convirtió en la base mitológica de las tres principales religiones de hoy haya sido muy probablemente… una mujer.

La historia nos enseña que las órdenes y credos antiguos caen en nuevos en esos momentos en que la tecnología supera la capacidad de la humanidad para creer que lo que se pensaba anteriormente era el evangelio. La gente siempre ha recurrido a los mitos -sus dioses, monstruos y seres con superpoderes- para explicar lo inexplicable .

El ciclo actual se remonta a 1882, cuando Friedrich Nietzsche escribió: “Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. Sin embargo, su sombra todavía se cierne.”

En 1966, mientras algunos chicos se divertían creando historietas sobre dioses y super seres, la revista TIME puso la cita de Nietzsche en su portada. El resto ha sido la sociedad pone al día con el concepto.

Si los seres humanos fueran realmente capaces de los grandes saltos evolutivos descritos, por ejemplo, en las historietas de X -Men, podríamos felizmente saltar a un estado avanzado en el que ya no se necesitan dioses o mitos para explicar nuestra situación para nosotros. Pero apuesto mas a la idea que la historia se repite a sí misma, y que la humanidad -mal sevida por su acutal conjunto de mitos y religiones- está buscando una nueva mitología para colgarle su sombrero de creyente. Preferiría lo primero mas que lo último, pero afortunadamente no estaré entonces al igual que todos ustedes antes de que este asunto se resuelva formalmente.

Tal vez la necesidad de mitos y grandes historias es lo que nos define como humanos y más tarde nuestro intento por burocratizar e institucionalizar los credos es lo que nos mete en problemas como especie.

La tecnología siempre ha jugado un papel importante en los sistemas de creencias de nuestra especie, y el cine y la televisión por cable están, sin duda, haciendo su parte para bien o para mal, en la formación de los próximos.

Pero si un texto sarcástico escrito por una mujer molesta por la caída del renacimiento Davidiano hace miles de años puede convertirse en la base para lo que hoy son los tres grandes sistemas de creencias monoteístas en la tierra, ¿quien puede decir que las historietas infantiles hechas por neoyorquinos que les gustaba divertirse en el siglo XX, después alentados en las grandes pantallas y repeticiones televisivas para que el mundo entero las vea, no sea una fuente material para el surgimiento de mitos dominantes?

Desconfío inherentemente de las burocracias y las instituciones, y la iconoclasia es el llamado más alto que conozco, así que promoveré lo que voy a sugerir: que el universo de las historietas de Marvel y su vasta popularidad globar está bien posicionada en la competencia de ideas entre los los mitos para convertiste en la semilla de la cual broten los nuevos sistemas de creencias.

Y, sin embargo, al mismo tiempo encuentro esa idea reconfortante. Si vamos a tener mitos y “dioses” y todo ese alboroto, podrían haber también nuevos y mejores valores que los acompañen.

Thor: El mundo oscuro no es sólo una gran película de acción y drama shakesperiano a la vez. También es igual a los valores promovidos por las historietas originales: Los valores leídos por los niños que hoy pertenecen a la generación de cincuenta y tantos años que han comenzado a gobernar el mundo. Los valores de las dos películas de Thor y toda la serie de cine relacionada con Los Vengadores incluyen: Sé tú mismo, desobedece a los que no quieren que seas tú mismo es el llamado más importante, el trazado de la dominación del mundo es para los tontos que siempre pierden, y lo más importante, es posible que tengas talento o poderes especiales, pero si no aprendes a usarlos como parte de un equipo, se perderá todo.

El clímax de la película – en la que los portales entre la Tierra, Asgard, y otros siete reinos se abren brevemente como mientras un supervillano de un reino extinto trata de utilizar el momento para imponer la oscuridad permanente en todos ellos- involucra ese trabajo en equipo entre Thor y sus amigos humanos. Todo el infierno se desata mientras nuestros protagonistas continúan cayendo de esos portales y la pelea se extiende a todo el universo. Pardójicamente, en este momento de peligro extremo vienen algunos de los momentos más graciosos de la película. Las escenas recuerdan muchos de los episodios de Buffy, la cazavampiros, producida por Joss Whedon, que había dirigido Los Vengadores pero no esta película de Thor. Dirigir a Los Vengadores había sido su sueño desde la infancia. En Thor: El mundo oscuro, aún cuando Whedon no está detrás del lente de la cámara, es como si el maestro -Marvel- también aprendió algunos nuevos trucos de su aprendiz, Whedon. El resultado es unos de los quince minutos más rápidos y con más adrenalina en el cine que jamás haya visto. Durante el clímax, no es sólo Thor el heroico, sino el grupo variopinto de los humanos comunes a su alrededor, todos unido para literalmente salvar el universo, y en un gran y caótica prisa. Este “dios” realmente ayuda a quienes se ayudan.

También, recuerda si ves este magnífica película algo que es verdadero para todas las películas de Marvel: Tienes que quedarte hasta que terminen los créditos. Sin arruinarla, es suficiente decir que hay no sólo una, sino dos escenas que muestran los futuros episodios del Universo Marvel en la pantalla grande. Uno de ellos incluye la impresionante aparición de Benicio Del Toro en un papel que hará en la próxima película de los Guardianes de la Galaxia. La otra involucra a Thor, Jane Foster y algunas reformas aún por hacerse al abrirse los portales de los reinos, sugieriendo fuertemente que la franquicia de películas de Thor vino para quedarse.

Entre las lecciones de Thor: El mundo oscuro, está que los Dioses no existen. Tampoco la justicia. Necesitan estar organizados. Que así sea.

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