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Los peligros del periodismo

Los periodistas que no se ajustan a la manada enfrentan riesgos y dificultades de manera rutinaria


Por Peter Gorman
Especial para The Narco News Bulletin

25 de agosto 2013

Estoy sentado en mi oficina en Joshua, Texas, un área rural como a 20 millas al sur de Fort Worth donde trabajo en un periódico semanal alternativo. Siempre ha sido rural desde que me mudé a esta casita en un hectárea y media de terreno hace 12 años. Estos días veo por la ventana la pequeña carretera rural siendo ensanchada. Escucho a los trascabos despedazar parte de mi jardín y mi río 10 horas al día para hacer espacio para la rampa de entrada a la nueva carretera de cobro que construyen al lado de mi casa.

No puedo alejarme tanto el sonido por mucho tiempo porque varias veces al día tengo que conectarme a una bolsa de antibióticos que entra por un catéter en mi codo derecho y cada bolsa intravenosa se toma varias horas para transferirse. Me deja encadenado a mi computadora y a la ventana que ve a los movedores de tierra que están destruyendo mi terreno.

Estoy tomando medicina porque en mi último viaje al Amazonas peruano me agarré un montón de bacterias carnívoras que devoraron gran parte de mi chamorro derecho. Si todo sale bien, con un par de injertos de piel para complementar las dos operaciones que tuve durante dos semanas en un hospital ya para noviembre debería de estar bien – tan bien como un reportero de 62 años, sin seguro médico y $80 mil dólares en deudas al hospital puede estar.

Contraje la infección, que los locales del Río Ocayali llaman Arco, mientras llevaba a un grupo de turistas de mediana edad a la jungla por una semana. Es algo que hago varias veces al año en parte porque me encanta enseñarle a la gente sobre la vida real en el Amazonas peruano y en parte porque me gusta estar al tanto de lo que sucede en cuanto a política en la región. Por ejemplo, recientemente las compañías petroleras se juntaron para convencer al Presidente de Perú, Ollanta Humala, alguien que se decía de buen carácter, para que volviera a abrir la reserva en el Ucayali para exploración petrolera. Esto devastaría por completo a la región. Por suerte estuve ahí cuando los representantes de las compañías petroleras mandaron lanchas motorizadas a todos los ríos habitados aunque fuera por solo una familia indígena para convocarlos a una junta en el pueblo de Jenero Herrera. Querían discutir cuanto dinero les iban a dar a cambio de que los indígenas estuvieran de acuerdo de que taladraran en la reserva. Las compañías prometieron lanchas motorizadas para llevar a los líderes a Herrera para la junta, donde serían presentados con aguardiente, regalos, dinero y demás.

Otra cosa que hicieron las compañías petroleras – en el mismo fin de semana que la junta en Herrera – fue invitar a un grupo de los ancianos líderes de que cada grupo de la región para que fueran a Iquitos, vestidos con sus ropas típicas para que bailaran y les tomaran fotos en un evento de la Oficina de Turismo de Perú.

Esto significa que no había líderes/ancianos en la junta que discutía abrir la reserva Ucayali para la exploración petrolera. Y como todo fue arreglado como es debido, las personas que fueron a Iquitos para mostrar sus trajes típicos no tenían ni idea de que había una junta sobre la venta de los derechos petroleros de la reserva ese mismo fin de semana.

En ese caso en particular, había suficiente oposición a la propuesta de la compañía petrolera que la moción fue suspendida por el momento. Es difícil decir cuánto tiempo va a durar eso: probablemente hasta que las empresas petroleras se inventen otro plan para convencer a Humala y las autoridades del estado de Loreto de que se puede hacer buen dinero destruyendo la reserva.

En un país como Perú hay muchísimas oportunidades para periodistas atentos: se descubren nuevas medicinas, los derechos de explotación de aguas y minerales se roban de las manos de la gente a quien les pertenecen, se descubren sitios arqueológicos cada mes. Si eres periodista y te encuentras en Perú – o en Bolivia, Colombia, Venezuela, Brasil o casi cualquier lado del Cono Sur – casi es imposible quedarse sin buenas historias de manera regular.

Pero también se van a poner en cierto nivel de peligro cuando cubran estas historias. Eso va de cajón. ¿Quieres cubrir las protestas de indígenas en el sur de Perú? Es muy probable que te toque gas lacrimógeno, mínimo. ¿Quieres hablar con los representantes de la compañía petrolera y traer a la luz su plan para la reserva Ucayali? Te van a amenazar físicamente, de plano.

Los periodistas que cubren material en los márgenes, las políticas de represión, guerras, y operaciones encubiertas, siempre han estado en riesgo. Es parte del trabajo y es parte del goce del trabajo. El riesgo y el peligro son parte de la adrenalina que hace que algunos periodistas funcionen. Otros, los que disfrutan de escribir obituarios o resúmenes de juntas escolares, encuentran su gozo de distintas maneras. Pero el fotoperiodista que nada con tiburones blancos para conseguir la foto perfecta, o el escritor que se va a Darfur cuando todo mundo esta saliendo de Darfur, ellos son arriesgados, aventurados, sin miedo y apantallan a alguien como yo. Yo he estado en numerosas situaciones peligrosas pero normalmente fue el resultado de circunstancias mas que de mi decisión personal. Cuando llegué a Lima en 1984 sabía que me estaba adentrando en una zona de guerra civil, pero no tenía idea de que iba a estar en una desde el principio: que me gasearían a diario, que los policías me revisarían desnudo en las calles de la Plaza de Armas o que tendría que huir de una balacera.

En Nueva York, mientras escribía lo que hubiera sido la primera historia sobre el “crack” desde un primer plano, me encontré frente a la decisión de que me pegaran- probablemente muy fuerte – por una docena o mas de miembros de un grupo de adolescentes furiosos que me creyeron un policía encubierto. También estuve en medio de una balacera en Times Square aferrado a mi mano derecha como si fuera pistola gritando “¡Policía! ¡Suelten sus armas!”. (por suerte la policía de verdad apareció mientras yo todavía estaba a media cuadra de la balacera y ellos tenían armas de verdad y controlaron todo antes de que tuviera que decidir huir como un cobarde)

Esas aventuras no son nada en comparación al peligro muy real que algunos periodistas enfrentan. Justo esta semana, Matthew Schrier, un fotógrafo freelance, que fue detenido y torturado por islamistas sirios desde diciembre, logró escapar. Una joven fotoperiodista fue violada por un grupo de hombres en Bombay, India. Liu Hu, un periodista en China fue detenido por la policía después de acusar a un oficial de ser negligente para con sus responsabilidades públicas.

Cada semana los periodistas ponen sus vidas en la línea para conseguir las verdaderas historias, la que los periodistas que se quedan en el hotel platicando siempre se pierden. El grupo de Narco News es un buen ejemplo de un equipo de reporteros que cubren eventos que frecuentemente podrían costarles su libertad o sus vidas. Pero si eres un verdadero periodista, y surge una historia, es muy difícil decir que no, pese al peligro. En los primeros años de NarcoNews.com yo era dueño de un lugar que se llamaba “El Bar de Blues de la Cerveza Fría” (Cold Beer Blues Bar) en uno de los puertos más rudos de Iquitos, Perú. Era el único lugar donde uno podía conseguir cerveza fría, buena comida y escuchar blues en mi estéreo de segunda mano.

Era el tipo de lugar que los estadounidenses fuera y aventureros amaban. Para llegar a el había que pasar por docenas de trabajadores del puerto que se pasaban todo el día subiendo a una colina el doble de su peso corporal y recompensándose con aguardiente con keroseno y algunas pipas de pasta, una mezcla de coca sin refinar que se encuentra en Iquitos en su camino hacia Colombia para que lo refinen en cocaína. Ambos la pasta y el aguardiente son cosas feas y las peleas eran comunes afuera de mis puertas, y era común que terminaran adentro. Los regulares de mi bar incluían a ambientalistas con buenas intenciones, madereros, vendedores de drogas, capitanes de botes y una mezcla de expats con algo de que huir.

Los regulares también incluían a muchos agentes de fuerzas especiales de los Estados Unidos, agentes de la DEA, unos cuantos de la CIA y otros tantos mas misteriosos, gente cuyo trabajo es echarles un ojo a los madereros, vendedores de droga y el resto de mis regulares.

En esos tiempos, de 1998 al 2001, los Estados Unidos tenían varias casas de seguridad en Iquitos. Estaba la casa de seguridad de la guardia costera, que alojaba a tipos de fuerzas especiales que estaban en entrenamiento en la costa del rio peruano en como interceptar balsas, estaba la casa de seguridad de los marines; la de los “Boinas Verdes” (Green Berets); y una casa de seguridad para la DEA con un equipo de agentes rotatorios que eran mandados al sobaco de Iquitos desde los EUA para corregir algún error que hubieran cometido antes de regresar a Filadelfia o Boston donde había cometido el error.

Cada uno de estos soldados, espías y agentes sabía que yo era periodista. Todos sabían que había trabajado para la revista “High Times” por años. Todos sabían que si se emborrachaban y me decían en lo que estaban trabajando, yo lo iba a redactar y se lo iba a mandar a Al Giordano de Narco News para que lo leyeran miles de personas en pocos días. Así que los inteligentes se callaban la boca sobre sus diferentes tareas. Pero algunos, después de una docena de cuartos de cerveza y unos shots del whiskey local invitados por la casa, no podían más que hablar. Terminaron produciendo varias buenas historias que yo creo salvaron muchas vidas inocentes.

Cuando el ejército americano decidió construir una base secreta en Perú – nada lejos de Iquitos y justo en la frontera con Colombia – para contener a las FARC’s colombianas (la base en Manta, Ecuador era de conocimiento general pero la base en Pevas, Peru no lo era) Narco News publicó la historia y terminó con el proyecto. Cuando llegó un grupo de Navy Seals de la marina americana a Iquitos para limpiar una sección del rio Putumayo y planeaban matar a cada hombre, mujer o niño que huyera al río cuando fuerzas americanas y colombianas atacaran a las FARC para empujarlas al sur – un plan secreto listo para implementarse por estos ex-marines léase ahora mercenarios- solo faltó que uno de ellos se emborrachara y le explicara la misión al cantinero del Cold Beer Blues Bar, y ya estaba en Narco News. Esto terminó con la misión y logró que me amenazaran personal muy serio de los Estados Unidos.

Cuando un vuelo de misioneros fue derribado a balazos en las afueras de Pevas – un pequeño pueblo como a 90 millas al sur de Iquitos sin internet ni acceso telefónico en ese entonces – Narco News publicó la nota que demostraba como todo había sido orquestado para probar la teoría del entonces nuevo presidente George W. Bush de que había muchos aviones cargados de narcotráfico en el Amazonas. Y como Narco News tenía la nota correctamente, Mike Ruppert la empujó al punto de que la entonces Rep. americana Cynthia McKinney abogó por un moratorio al plan de interceptación de aviones de narcotráfico en Perú, Colombia y Ecuador que los americanos tenían desde hace mucho tiempo.

Como nota, aunque Narco News no publicó esta historia, a este reportero le pidieron después que probara que este programa de interceptación de aeronaves aún existía, y en efecto así era. Esto llevó a que se desmantelara una operación de la CIA con base en Lima, Peru.

Les menciono estas historias – y hubo más – para presentar la idea de que a veces las historias que llevan daño inherente simplemente le caen a los pies a un reportero y no hay nada que el reportero pueda hacer en buena conciencia mas que verificarlas y reportarlas – aún corriendo riesgos personales. Y hubieron muchísimos riesgos. Mi negocio sufrió cuando los Estados Unidos declararon que mi bar estaba fuera de limites para todo el personal americano (una orden ignorada por algunos agentes de fuerzas especiales y la mayoría de los agentes de la DEA que arriesgaron sus carreras). Pero amenazaron a mi familia, me golpearon varias veces y después me dijeron – aunque nunca pude verificarlo – que había gente en el cuartel de la CIA en Langley que planeaban desaparecerme solo por ser molestoso. Aun así, enfrentando estas amenazas, ¿qué reportero podría haber ignorado estas historias cuando se le presentaban los hechos del otro lado de la mesa?

Para este reportero, personalmente, las notas que escribo para el periódico alternativo semanal de Fort Worth a veces son atemorizantes. Una vez al año por los últimos años me han pedido que haga varios cruces de frontera hacia México para que pueda observar el tono de la guerra contra las drogas del otro lado. A veces escribir notas sobre los peligros del “fracking” para extraer gas natural – y con Fort Worth siendo un epicentro urbano de taladrado, estamos en la línea de ataque – esto me ha traído amenazas. Mas atemorizante ha sido realizar una serie sobre corrupción en mi condado, que ha llevado a que varios políticos de alto nombre renuncien, a que despidan a varios guardias de prisión y otros que han amenazado a mis hijos, a mi ex esposa y a mi propia casa con bombas. Pero la corrupción era tan espesa cuando me mudé al condado de Joshua en el 2002, que hubiera sido un crimen ignorarla.

Y escribiendo sobre ella, pese al daño en potencia, ha llevado a cambios muy necesitados en la forma en la que se manejan por aquí. Como reportero tienes que tomar la decisión de hacer esas historias con todo tu corazón o simplemente huir de ellas. Y cuando conoces la verdad y la puedes verificar, huir ni si quiera parece opción – dado que huir o ignorarlo implica que gente va a sufrir a mano de aquellos en posiciones de poder.

Escribir sobre un guardia de prisión que es abusivo que después amenaza con bombardear tu casa es algo que esperas desde el principio. Un reportero sabe que el o ella está vulnerable en ese tipo de situaciones y considera los pros y los contras de lo que puede suceder.

Un reportero afroamericano cubriendo una convención privada de un grupo de supremacía blanca sabe que el o ella esta tomando un gran riesgo. Pero no todos los riesgos son visibles. A veces las cosas solo te toman por la garganta y llegan de manera tan sorpresiva que no hay como evadirlos.

Ahorita, por ejemplo, estoy tratando de rehabilitar mi chamorro derecho. Han sido casi dos meses y faltan muchos mas si tengo suerte. Y ni siquiera estaba cubriendo una nota dura. Como lo comenté antes, estaba llevando a un grupo de personas a la jungla. La semana anterior a su llegada, mientras organizaba el viaje estaba trabajando con una mujer anglosajona que había sido violada y robada por su socio de negocios, había intervenido con los representantes de las petroleras en nombre de algunos de mis amigos indígenas y había ayudado con otras cosas que nunca se solidificaron en una nota. No me importó. El viaje a la jungla con mis invitados me iba a dar material para un nuevo libro sobre ayahuasca, la medicina regional que trabaja a nivel físico, emocional y espiritual, y ese era mi enfoque. Cualquier otra cosa que se atravesara no importaba.

Ahora, tengo que admitir algo: cuando llevo a un pequeño grupo a la jungla siempre le pido al universo (o usa cualquier nombre aquí que te haga feliz) que no deje que ninguno de ellos salga lastimado. En la jungla hay, después de todo, anguilas eléctricas, anacondas y caimanes en las aguas donde van a nadar y a bañarse. Hay arañas increíblemente venenosas y muchas pitones alrededor. Hay murciélagos vampiros por los cientos y hormigas quemadoras y todo tipo de cosas que puede lastimar en serio a alguien. En este ultimo viaje, por ejemplo, uno de mis amigos de la tribu Matse nos acompañó y se enfermó de algo desconocido que lo tuvo vomitando sangre. Necesitó hospitalizarse de emergencia y seis litros de sangre. En este momento sigue muy delicado y nadie sabe que es lo que le pasó.

También enterramos a la hija de una amiga después de que la mordió una víbora. Así que el peligro está en todos lados. Por eso le pido al universo que no le pase nada a nuestros invitados – y luego añado que si algo tiene que pasar, que me pase a mi, porque probablemente yo puedo lidiar con ello mejor que alguien que tiene que regresar a trabajar en 12 días.

El universo, siendo generoso, no ha permitido que alguno de los invitados sea herido hasta el momento. Por otro lado, yo he sido mordido, me han explotado lo intestinos, me picó una araña tan venenosa que me abrió hoyos en los brazos y piernas donde me escurría veneno, etc. Y he tenido distintas bacterias comedoras de carne varias en repetidas ocasiones.

Con esa experiencia, reconocí las bacterias devoradoras de carne en mi pierna el día que regresé de mi viaje con el primer grupo –y 10 días antes de que tuviera que llevar a un segundo grupo. No le presté mucha atención. Comencé a tomar antibióticos, y dejé que me limpiaran mis heridas miembros de nuestro equipo de la jungla que son expertos en medicina local. Pero esta vez fue diferente.

La herida se volvía cada vez peor y para cuando lleve al segundo grupo me estaba auto-inyectando varias veces al día con antibióticos que un doctor en Iquitos me había recetado. Y mi equipo seguía limpiándome la creciente herida con extractos de cortezas de árbol y otras plantas medicinales conocidas por curar Arco.

Desafortunadamente, nada parecía funcionar y para cuando regresé a Iquitos una parte de mi gemelo derecho había empezado a pudrirse. Me quedé en Iquitos por dos semanas recibiendo tratamiento varias veces al día. Después regresé a mi casa y le mandé fotos a de la herida gigante a un muy buen amigo mío que es doctor en Alabama. Me dijo que fuera a una sala de emergencias inmediatamente. “No te termines tu café. Solo ve,” fue su orden. Lo hice y en pocas horas ya había tenido la primera de dos operaciones. Después de que le quitaron la piel muerta mi pierna parecía algo que ves en las películas de Hollywood sobre mordidas de tiburones. No quedaba mucho.

Ya va mejorando después de una segunda operación y muchos muchos antibióticos. Los doctores dicen que agarre una combinación extraña de cuatro tipos diferentes de bacterias devoradoras de piel, cada una igual de inmune a la mayoría de los antibióticos. Por eso tengo tantas medicinas corriendo por mis venas.

Tengo fe en que todavía no es tiempo de que pierda mi pierna o mi vida. Tengo el nuevo libro sobre la ayahuesca que falta por terminar y tengo que regresar a la jungla peruana para eso. Yo estimo que ahí estaré para enero.

Si hubiera sabido que esto pasaría ¿aún hubiera ido en el viaje? ¿Aun sabiendo que no hubo una historia increíble que escribir? Claro, porque la siguiente vez a lo mejor si hay una historia importante que cubrir. Y huir porque me puedo lastimar, o porque alguien puede tirar bombas a mi casa me dejaría más vulnerable que solo seguir la historia y sacarla a la luz.

Nota del editor: En los años 1980s cuando uno podía contar el numero de reporteros haciendo periodismo de investigación serio para exponer la llamada “guerra contra las drogas” con una mano, Peter Gorman fue uno de esos pioneros. En el 2001 cuando Narco News fue demandada por narco banqueros en la suprema corte de justicia de Nueva York, Peter salió en nuestra defensa, que fue eventualmente exitosa, cuando muchos otros se quedaron callados.

Ahora Peter esta en apuros: en respuesta a esta amenaza tan severa a su salud y a su sustento, directamente relacionado con su trabajo en la Amazonas peruana, sus amigos y lectores han lanzado una campaña de financiamiento colectivo para conseguirle la ayuda médica que tanto necesita para volver a caminar y volver al campo a reportear. Todavía esta a más de $5,000 dólares de su objetivo. Yo estoy haciendo una donación y les pido a cada uno de ustedes que consideren hacer lo mismo dando click aquí. Todos necesitamos que este periodista auténtico vuelva a estar de pie.

Esta nota escrita por Peter Gorman fue apoyada por una donación del fondo para el Periodismo Auténtico

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