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 English | Español December 20, 2014 | Issue #67


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El Estado de Morelos, México: “Hemos sido entrenados en el arte de la resistencia civil”

De la Revolución de 1910 a la Resistencia Civil de 2011, un pequeño Estado continua agitando a una nación


Por Hanna Nikkanen
Especial para The Narco News Bulletin

20 de julio 2011

Del General Emiliano Zapata al poeta Javier Sicilia, algo en el estado de Morelos cultiva rebelión. Después de años de luchas sociales y ambientales, la gente de Morelos cree que tiene la huella para una movilización civil exitosa. ¿Su conocimiento cambiará México?

¿Qué tienen que ver el golf con la resistencia civil? Mucho, al menos en 1995 en el pueblo de Tepoztlán en el Estado de Morelos al sur de la Ciudad de México.

“El tiempo del sitio fue un periodo de fiestas”, recuerda María Rosas. “A las tres de la madrugada, había tanta gente en el zócalo de Tepoztlán que parecían las 10 AM, había pancartas, comida y murales de periódico por todos lados, y todos tenían un papel que desempeñar en la defensa del pueblo”.


María Rosas (en medio) en la Escuela de Periodismo Auténtico 2011 con los organizadores veteranos Mercedes Osuna de Chiapas, México y Oscar Olivera de Cochabamba, Bolivia. DR 2011 Marta Molina
Rosas es una productora de radio y escritora que participó en su propia y exitosa lucha contra un proyecto de construcción que hubiera convertido las tierras comunales en un campo de golf. Cuando los habitantes de Tepoztlán supieron del proyecto, expulsaron al presidente municipal y a la policía y pusieron barricadas en todas las entradas del pueblo. Durante los ocho meses que siguieron, Tepoztlán organizó su propia policía comunitaria y eligió un gobierno autónomo, libre de partidos políticos.

“Visto desde fuera, estábamos fuera de la ley,” dice Rosas. “Visto desde el interior, fue la cosa más bonita.”

Fue un tiempo entre dos eras muy importantes. En ese tiempo estaba el influyente Obispo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo- también conocido como “el Obispo rojo” por su papel de traer la teología de la liberación al país- que murió en 1992. En el Estado sureño de Chiapas, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) acababa de lanzar una campaña que de un de repente atraería a México un mar de revolucionarios, periodistas y defensores de derechos humanos de todo el mundo.

El movimiento en Tepoztlán mucho se identificó con la insurrección Zapatista. Incluso los bordados del traje del Carnaval enunciaban solidaridad: “Todos somos TEpoZtLáN”, deletreaban resaltando las letras EZLN por sobre las otras. La inspiración fue mutua. Tepoztlán fue una municipalidad autónoma antes de que se formaran las de Chiapas.

El vinculo con el movimiento Zapatista emergente, recuerda Rosas, ayudó a Tepoztlán a superar ese sentido de aislamiento. Por momentos, la lucha iba más allá de un campo de golf.

“Tepoztlán se compone de redes sociales formadas por vecinos, familias, cooperativas, amas de casa. Durante el tiempo de autonomía, se multiplicaban noche tras noche, mientras nos sentábamos en el zócalo y hablábamos de lo que habíamos estado haciendo, de lo que deberíamos hacer en seguida, y de cómo haríamos para obtener los tamales que necesitábamos para sobrevivir. Era una forma de organización que data de tiempos anteriores a los partidos políticos.”

María Rosas claramente ama los recuerdos de la exitosa movilización de su pueblo, pero no pasa desapercibida una cierta tristeza en su voz cuando habla de aquellas noches enteras de vigilia y de cómo su hijo aprendió a hablar y a marchar al mismo tiempo.

Rosas hubiera deseado que Tepoztlán permaneciera autónomo, pero no fue así.

Después de ocho meses de autonomía, en abril de 1996, la policía mató a un campesino local muy cerca del sitio donde le dispararon a Emiliano Zapata exactamente 76 años atrás. A la muerte del hombre siguió la cancelación del plan de construcción. La gente del pueblo, exhausta y en duelo, pero también satisfecha con su victoria, permitieron gradualmente que la policía y los partidos políticos regresaran a Tepoztlán.

La lucha de Tepoztlán no es la única de este tipo. El desalojo del campo de golf marcó un renacimiento de los movimientos de resistencia de Morelos. Durante los casi 17 años que han pasado desde que Tepoztlán se declaró un pueblo libre por primera vez, municipalidades autónomas han brotado en diferentes partes del Estado. Han tenido un record impresionante de victoria en la mayoría de sus batallas, pero esas victorias, al igual que la de Tepoztlán, han estado frecuentemente teñidas de tristeza: muchos de los movimientos han fallado en cerrar la brecha que existe por la división de clases que caracteriza a la sociedad Mexicana. Muchas veces la autonomía solo ha durado un momento fugaz.

Frecuentemente la victoria ha llegado con un costo muy alto. Morelos es un Estado en el que ni la policía ni el crimen organizado parecen tener reparos en usar su fuerza aplastante para mantener su status quo.

Hoy en día, éste se volvió el problema por el que los ciudadanos de Morelos se están movilizando, esperando que su rebelión se difunda fuera de los límites del Estado.

Fue en Morelos en dónde el poeta Javier Sicilia perdió a su hijo Juan Francisco en marzo de 2011 ante la violencia de las Guerra contra las Drogas que cada día empeora. El 5 de mayo, Sicilia y otros miles, salieron de Cuernavaca, capital de Morelos, en una marcha silenciosa hacia la Ciudad de México.

“Todos los sectores de la población estaban hartos”, dice Francesco Taboada, un documentalista que reside en Cuernavaca. “Es la misma situación en todo el país, por su puesto, pero Morelos es diferente. Ya desde antes de Sicilia, habíamos alcanzado un sentido de convergencia en el que diferentes clases aprendieron a luchar hombro a hombro. Mediante nuestra experiencia hemos sido entrenados en el arte de la Resistencia.”

“Están en contra de todo”

La frontera norte de Morelos ya toca la expansión urbana de la Ciudad de México. Cuernavaca, ha sido el lugar de fin de semana por tradición de los ricos y guapos de la capital.

Pero esa no es toda la verdad acerca de Morelos. A un tiro de piedra de los spas y las discos de Cuernavaca, el campo cultiva rebeliones.

En Anenecuilco, a media hora manejando al sureste de Tepoztlán, la casa de la infancia de Emiliano Zapata ahora alberga un museo. El nombre de Zapata ha sido cooptado por casi cualquier tendencia política existente en México, pero el hecho de que la Revolución de 1910 comenzó en Morelos aún guarda mucho significado para la gente del Estado.

“En aquel entonces, muchas partes de México estaban teniendo problemas,” dice Víctor Amezcua, antiguo residente de Tepoztlán. A sus sesenta años, Amezcua es un estudiante ávido de los modelos indígenas de autonomía. “Tierra, terratenientes, pobreza, esclavitud- no era un asunto exclusivo de Morelos, era lo mismo en todos lados. Pero la chispa que empezó la Revolución salió de aquí.”

Esto, piensa Amezcua, probablemente sea el caso en 2011 con el movimiento inspirado por el duelo público de Javier Sicilia. México está teniendo una Guerra contra su propia población. La violencia por parte del Estado, el narcotráfico y la impunidad afectan cada Estado de México, pero la chispa de la resistencia viene de Morelos.

En las conversaciones sobre los movimientos de resistencia del estado, siempre surgen un par de temas: el acceso al agua, las tierras comunales, la desbordamiento urbano de la Ciudad de México y los movimientos que unen las comunidades pobres de las ciudades pudientes. En estas conversaciones, se repite un nombre con frecuencia: Xoxocotla.

“¡Ah! Xoxocotla”, visualiza Francesco Taboada. “Ellos se han opuesto a tantas cosas: un aeropuerto, una escuela privada, un impuesto sobre el cacahuate. Ellos están en contra de casi todo, y han ganado todas sus batallas.”

Bloqueos y estrategias para amedrentar

A una hora manejando al sur de la casa de Francesco Taboada, las nubles se concentran por encima de Xoxocotla, un pueblo con una reputación impresionante de insurgencia. Es muy caliente, siempre es así. Armando Soriano está supervisando una parcela de tierra que un grupo de estudiantes activistas quieren usar para plantar maíz.


Armando Soriano en Xoxocotla. DR 2011 Hanna Nikkanen
“Se van a arrepentir,” Soriano dice y clava los ojos en la tierra. “Se pondrá muy caliente, y hay muchas raíces y espinas aquí. Ya es bastante pesado para uno que está acostumbrado a este tipo de trabajo, y para ser honestos, ellos no lo están. Pero hay que dejarlos intentar.”

Soriano es una figura central en Xoxocotla. Él representa al pueblo en el Consejo de Pueblos, una alianza de 13 pueblos indígenas de Morelos que han logrado acumular victorias en el número de batallas contra el gobierno del Estado. Ellos clausuraron un tiradero de basura que estaba contaminando el suministro de agua; han parado el desarrollo urbano del Estado que amenazaba con quitarles a las comunidades el acceso a los ojos de agua; han luchado contra la tala ilegal en las montañas al norte del Estado. Muchas de las victorias han sido resultado directo de la eficiencia que los residentes de Xoxocotla tienen cuando se trata de llevar a cabo bloqueos de carreteras y movilizaciones de comunidades enteras para defender las tierras comunales.

“Por ejemplo, sin no tuviéramos acceso a agua limpia, el gobierno primero afirmaría que no hay nada que puedan hacer,” dice Soriano. “Entonces bloquearíamos la carretera y eventualmente arreglaríamos el problema.” Esto funciona porque tenemos una democracia real en el pueblo y estamos unidos para luchar. Pero por ello nos hemos ganado la ira del gobierno.”

En efecto, Xoxocotla ha tenido que pagar un precio muy alto por su resistencia. En octubre de 2008, el gobernador Marco Adame envió a la policía a desmantelar los bloqueos de carretera que habían construido los habitantes de Xoxocotla para mostrar solidaridad con la huelga de los maestros y para protestar en contra del desarrollo de condominios privados que les estaba secando su fuente de abastecimiento de agua. La comunidad rápidamente burló a la policía y lograron detener a algunos policías entre las barricadas. El gobierno federal respondió enviando al Ejército- cera de 500 a 1000 soldados con un arsenal que incluía tanques y helicópteros.

Los militares se quedaron toda la noche, incluso después de que los residentes quitaron los bloqueos. Xoxocotla se llenó de gas lacrimógeno. Hubo docenas de cateos ilegales de casas, arrestos y golpizas. Fue una reacción absolutamente desproporcionada, y la primera prueba del proyecto de la administración de Felipe Calderón de incrementar el poder del Ejército en las comunidades.

“Enviar el ejército a Xoxocotla fue una táctica para amedrentar, que buscaba enviar un mensaje a todas las comunidades involucradas en la resistencia,” dice Fabiola Sánchez, una de las jóvenes a cargo de la revista política El Pregón, edición Morelos.

“Fue un shock muy grande.” Había demasiada violencia, a la gente la golpearon y la torturaron. Esto no había pasado antes, la gente ni siquiera sabía que las latas de gas te podían quemar. Los viejos y las mujeres las agarraban con sus manos y las aventaban de regreso a los soldados.”

Al ataque siguieron semanas de ocupación militar. Esto sirvió para incrementar la reputación de Xoxocotla como un centro de insurgencia.

Sin embargo, Armando Soriano está preocupado por el futuro de la lucha. El gobierno del Estado está invirtiendo mucho dinero para dividir a la comunidad. Los residentes leales al partido del PRI -en el poder en Morelos por el momento- reciben comida, dinero y hasta tierra a cambio de su silencio.

“Antes sólo había dos grupos aquí: la gente y el gobierno,” dice Soriano. “Ahora estamos divididos en seis o siete grupos. Eso lo provocó el gobierno.”

Reducir la brecha de clases, una protesta a la vez

La Ciudad de México se está expandiendo como se expanden los anillos en el agua. Muchas de las comunidades rurales de Morelos son testigos de cómo se les aproximan los anillos más externos. La llegada de la clase media y alta significa el incremento de la producción de basura, más contaminación, desarrollos lujosos como el campo de golf que amenazó a Tepoztlán en los noventa- y mayor contacto entre las comunidades tradicionales y la población urbana.

Este contacto ha creado conflicto, pero también alianzas inesperadas, dice Francesco Taboada. La clase media urbana y las comunidades rurales han encontrado que comparten intereses, especialmente en conflictos ambientales. Las estrategias tácticas y de organización de los indígenas resientes de pueblos como Xoxocotla no han tenido precio para estos movimientos, ya que, -como muchos participantes de clase media están dispuestos a admitir- los habitantes urbanos no saben mucho acerca de la movilización.

“La primera vez que conocí a Javier Sicilia fue cuando estábamos protegiendo el Casino de la Selva,” dice Taboada. El movimiento se opuso a la construcción de un supermercado en un parque público en Cuernavaca en 2001- y perdieron. Un Cosco yace ahora en el lugar donde el documentalista solía nadar.


Daniel Perera (izquierda) traduce a Francesco Taboada durante su visita a la Escuela de Periodismo Auténtico. DR 2011 Tyler Stringfellow
“Cuernavaca es un pueblo burgués,” y esta fue la lucha de ambientalistas de clase media que tenían muy poca experiencia de confrontación con la policía. Muchos de los participantes depositaron mucha confianza en el gobernador y las autoridades, y cuando la policía de repente los reprimió se paralizaron.”

La psicóloga clínica Sylvia Marcos fue una de las profesionales urbanas involucrada en la lucha del Casino de la Selva. Como Taboada, ella ahora trabaja junto a Javier Sicilia para exigir un alto a la violencia desatada por la Guerra contra las Drogas.

“El movimiento de Casino de la Selva estaba lleno de gente como yo,” dice Marcos. “Siempre me ha molestado mucho cómo estos grupos tienden a invisibilizar los movimientos indígenas campesinos invisibles. Lo cierto es que ellos siempre han estado en el corazón de la resistencia de Morelos.”

Taboada encuentra un cortometraje que hizo en 2004 sobre un movimiento que se opuso a la construcción de un camino que cruzaría el río Barranca de los Sauces en Cuernavaca. Para esa fecha, habían pasado tres años de la batalla perdida por el Casino de la Selva. Los ambientalistas de Cuernavaca habían usado ese tiempo para construir relaciones con las comunidades rurales y los movimientos obreros urbanos, con resultados visibles.

En el video, un residente de una colonia de alto nivel se une a los electricistas y campesinos en una cadena humana que bloquea el sitio de construcción. Incluso el subcomandante Marcos del EZLN visita el sitio.

“El gobierno no nos protege,” le dice a la cámara la mujer bien vestida, una presencia inesperada en una escena cuya tradicional iconografía son los sobreros, machetes y pancartas. “La policía no nos protege, tenemos que protegernos nosotros.”

El camino nunca se construyó y Barranca de los Sauces sigue intocable. Esa fue una de las diversas victorias que el movimiento ambientalista logró en Cuernavaca, dice Taboada. No hubiera ocurrido sin las estrategias organizacionales de las comunidades rurales que se sumaron a la lucha.

La doctrina del shock que se le salió de las manos al presidente

Una tormenta de granizo golpea la carretera entre Xoxocotla y Cuernavaca. Dulce Jacobo de 18 años, se sienta en la parte trasera de un autobús y habla de la violencia de la Guerra contra las drogas. Como Fabiola Sánchez, escribe acerca de asuntos políticos y movilizaciones ciudadanas para El Pregón. Ha estado visitando a Armando Soriano en Xoxocotla para hablar del campo que sus compañeros estudiantes activistas quieren usar para aprender a plantar maíz.

La adolescente de voz suave aparenta menos edad de la que tiene, pero sus palabras son muy maduras.

“En la ciudades de México, la gente ha depositado una confianza completamente infundada en el Ejército y la policía. Eso está cambiando ahora. Existe un sentimiento de que cualquiera de nosotros puede ser la siguiente victima. Se ha convertido en una lucha por la supervivencia.”

Si los asuntos del medio ambiente en la década pasada fueron el paraguas bajo el que diferentes sectores de la sociedad en Morelos se fueron aproximando unos a otros, parece ser que la violencia urbana es hoy el tema que fortalecerá esas alianzas.

En Cuernavaca, donde Jacobo estudia química de los alimentos, el incremento de la violencia ha sido dramático. La prensa ya ni siquiera se molesta en reportar todos los asesinatos cometidos por la policía y los carteles de la droga –los “daños colaterales” de la Guerra contra las Drogas. La violencia que solía ocurrir en barrios pobres se ha generalizado en todos lados.

Jacobo no parece tan asustado. Ella dice que la combinación entre religión y activismo político la han vacunado contra el miedo. Y el miedo, dice ella, ha sido la base de las políticas del presidente Felipe Calderón.

Últimamente, reflexiona Jacobo, el presidente ha ido perdiendo el control de su táctica.

“Hace poco tiempo la gente no salía a las calles a protestar en contra de la violencia, ya sea por miedo o por apatía. Ahora que mucha gente a comenzado a hacer ruido, el resto está tomando valor también. Sienten que hay más seguridad en masa.”

Ricardo del Conde, un joven cineasta que vive cerca de Tepoztlán, admite pertenecer a la clase que trajo la doctrina del shock de Calderón. Para él, la emergencia de un intelectual como Sicilia ha abierto un espacio de participación política en el que se siente cómodo.


Javier Sicilia en la Escuela de Periodismo Auténtico 2011. DR 2011 Noah Friedman-Rudovsky
“La plataforma de Calderón funciona así: las calles son peligrosas, la gente quiere seguridad, así que el Estado está aquí para proporcionarla,” dice del Conde. “Él creo una cultura del miedo y nos tragamos esa historia. El tiempo ha madurado y es hora de que la gente deje de tener miedo.”

En Tepoztlán, el comerciante local Rubén Flores está de acuerdo con Del Conde acerca de las motivaciones de Calderón.

“El presidente quiere militarizar el país para asegurarse de que su país gané las elecciones siguientes bajo una plataforma basada en la seguridad, pero se le salió de las manos. Ahora la gente está tan asustada de la policía como de los cárteles de la droga. Estamos entre la espada y la pared. Las cosas no se ven bien para el grupo de Calderón en las elecciones de 2012.”

Como hombre de conexiones cercanas con los ricos y pobres-“Tengo verborrea,” explica, “tengo que estar hablando con todos.”- Flores ha estado siguiendo con interés las respuestas locales al movimiento de Javier Sicilia.

“Justo estaba hablándole a un grupo de vendedores de gas acerca del movimiento de Sicilia y logré convencerlos de unirse al movimiento. Habían estado un poco escépticos. Para ser honestos, muchos al principio pensaron que él solo estaba tratando de vender sus libros.”

Éste es un sector difícil para el movimiento de Sicilia: los pobres de la urbe, atorados en medio de comunidades indígenas rurales propensas a la resistencia como Xoxocotla, y una clase media que el mismo Sicilia representa. Y es precisamente éste sector de la sociedad el que sufre la violencia más que ningún otro.

“Uno de los vendedores de gas apuntó que si uno de sus hijos fuera asesinado como el de Sicilia, no hubiera habido manera de poder hacer lo que Sicilia está haciendo ahora. A nadie le importaría. Y es verdad. Cada una de las personas pobres sabe eso. Pero eso no significa que no apoyen a Sicilia”

“La gente que ha luchado piensa diferente”

María Rosas recuerda la autonomía de Tepoztlán como un tiempo exhaustivo y excitante a la vez. Fue un tiempo en el que el sonar de las campanas de la iglesia congregaba a cada persona del pueblo, no importaba cuan ocupados o cansados estuvieran, todos salían a las calles a defender su pueblo de los agresores.

Al final, la exhaustividad fue más grande que la emoción. La gente no pensó en la autonomía como una meta en sí misma, sino como una estrategia en la lucha para detener la construcción del campo de golf simplemente.

“Mientras estuvimos en lucha mostramos solidaridad con todos los movimientos en pie. Después nos volcamos hacia el interior. Algunos de nosotros nos mantuvimos activos, y ahora estamos presentes en el movimiento de Javier Sicilia, pero el pueblo ya no hace eso como comunidad.”

Dulce Jacobo estaba en pañales cuando las campanas de Tepoztlán llamaban a la gente del pueblo a defender su autonomía. Este año es su turno de vivir la exhaustividad y la emoción. Ella se considera más radical que Javier Sicilia, no obstante, se unió a la marcha de principios de mayo.

“Ha sido impresionante, particularmente la posibilidad de hablarle a compañeros de diferentes partes del país. En Topilejo conocimos gente de Acteal, Chihuahua, Ciudad de México y Monterrey. Asistieron padres de los niños que murieron en la Guardería ABC (una guardería en Sonora en la que murieron 49 niños en un incendio en 2009, se dictaminó que la tragedia había sido causada por negligencia) y padres de niños que han sido secuestrados.”

María Rosas comparte la experiencia de Jacobo. Si bien, Javier Sicilia es un intelectual que representa a la pequeña clase media Mexicana, Rosas cree que la base de apoyo de este movimiento es más popular.

“En EL Zócalo de la Ciudad de México, unas horas antes de la llegada de Sicilia, estuvimos escuchando historias de la gente que contaba que sus hijos un día salieron de casa a buscar trabajo y desde entonces no saben de ellos. Los padres no saben si sus hijos forman parte de los cuerpos no identificados hallados en narco fosas. No es gente rica, son gente de bajos recursos.”

Dulce Jacobo cree que las cosas se pondrán más difíciles a partir de ahora. Ella no imagina a Felipe Calderón cediendo ante las demandas del movimiento, tampoco cree que los grupos de narcotraficantes estén dispuestos a ceder. Otro joven acaba de ser asesinado en las calles de Cuernavaca.

“Una cosa importante es que no me siento tan aislada ahora que he conocido a toda esta gente. Personas que han participado en luchas tienen diferentes maneras de pensar, y la campaña les da una oportunidad para compartirlo con otros,” dijo durante una entrevista en mayo. “La marcha a Ciudad Juárez en junio será muy importante por este motivo.”

Algo que aprender de los narcos

En Xoxocotla el apoyo a Sicilia es fuerte, dice Armando Soriano. Si el movimiento de Sicilia lo desea, el pueblo está listo para apoyarlo haciendo lo que mejor saben hacer: bloqueos de carreteras y burlar a la policía.

Él, no obstante, tiene una seria preocupación.

“¿Y si matan a Sicilia? Tienes que acordarte que cuando mataron a Emiliano Zapata, fue el final del Zapatismo. Cuando mataron a Rubén Jaramillo, fue el fin del Jaramillismo.”

La tormenta está sobre nosotros. Regresamos del campo a casa de Soriano, nos recibieron los perros y una pequeña nieta que se presenta como Jimena.

“Tenemos una cultura de caudillos, líderes fuertes, y si al líder lo matan el movimiento siempre muere,” dice Armando Soriano.

“Necesitamos buscar alternativas diferentes, alguna manera más amplia de organizarnos. Necesitamos un sistema en el que, si una persona cae, alguien más tome su lugar. Después de todo, así es como sobreviven los cárteles de la droga.”

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