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La Caravana Nacional para el final de la Guerra contra las Drogas Comienza

“Ésta es una lección a la democracia, es la muestra de que se puede vivir solidariamente, unidos”, dice Javier Sicilia


Por Erin Rosa
Especial para The Narco News Bulletin

6 de junio 2011

SÁBADO, 4 DE JUNIO DE 2011: La Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad, parte del movimiento social a nivel nacional para terminar con la “guerra contra las drogas” en México, ha salido en un viaje por once ciudades para encontrarse con otros movimientos en apoyo a un pacto nacional para poner fin a la violencia que ha matado a más de 40.000 personas.

La caravana (también llamada Caravana del Consuelo) partió el 4 de junio de Cuernavaca, Morelos, donde el movimiento para acabar con la guerra de las drogas comenzó después de la muerte del hijo del periodista y poeta mexicano Javier Sicilia, que fue encontrado asesinado fuera de la ciudad el 28 de marzo junto a otros seis jóvenes. El pacto será firmado en Ciudad Juárez, la ciudad más violenta de México, el 10 de junio. Los participantes se reunieron en 13 autobuses a las 7 a.m. y comenzaron el camino ala primera parada de la caravana, que está a una hora de la Ciudad de México. En Ángel del monumento de la Independencia, los simpatizantes subieron a un escenario con Sicilia, sosteniendo flores.


Javier Sicilia en la Ciudad de México. DR 2011 Erin Rosa.
“Con estas flores vamos sacando flores del dolor del corazón para llevar a la ciudad mas dolida del país. El símbolo de nuestro dolor y de lo que puede volverse el país si no hay una orientación en la vida política de la nación”, dijo Sicilia. “Nos vamos a Juárez. Nos vamos con un corazón que deja flores a mitad de la noche. Muchas gracias. Mantener vuestro corazón abierto durante este proceso”. Sicilia estaba acompañado por el agricultor y ganadero Julián LeBaron, del Estado de Chihuahua, cuyo hermano y cuyo hermanastro fueron asesinados por la violencia relacionada con la guerra de las drogas. Olga Lidia Reyes Salazar, que ha visto asesinados a seis miembros de su familia en los últimos tres años, también habló de la necesidad de poner fin a la guerra de las drogas.

“La violencia es tan grande”, dijo Citlaly Alfaro Morelos, un estudiante universitario de la ciudad de Texcoco en el Estado de México que vino para mostrar su apoyo a la caravana. “Pienso que todo se reduce al trabajo. La gente en la sociedad no está haciendo nada. Pienso que el gobierno debe hacer más para crear más oportunidades de trabajo”. Jessiel López Martínez, otro estudiante, dijo “Estoy muy interesado en la caravana de Sicilia. Siento que es muy bueno que estén promoviendo la paz por todo el país. Pienso que esto lo quiere decir todo”.

Morelia, la capital del Estado de Michoacán, fue la parada para la primera noche de la caravana. La elección, por parte de los organizadores, de ir a Michoacán, es apropiada, ya que es donde la guerra, que ha llevado a decenas de miles de víctimas y a un sin número de personas desaparecidas, comenzó. Fue el primer Estado en el que los militares ocuparon las calles como fuerza policial contra los traficantes de droga bajo la “guerra contra las drogas” del presidente mexicano Felipe Calderón. En diciembre de 2006, el recién elegido presidente anunció el Operativo Conjunto Michoacán, un plan que trajo a 4.000 tropas al Estado para supuestamente desmantelar el crimen organizado. Desde entonces, cientos de personas ha muerto en la guerra de las drogas en el Estado, y más de doscientas personas han desaparecido.

A las 7:30 p.m., la caravana llegó y dejó sus autobuses para marchar aproximadamente cinco cuadras hasta el zócalo, la principal plaza de la ciudad. Liderando la marcha iba una camioneta con una gran campana colgando a su espalda. Cada pocos segundos, miembros del grupo Ni Una Más Chihuahua harían sonar la campana, llamando a la gente de Michoacán a unirse y apoyar la caravana a Ciudad Juárez.

Cuando la marcha iba a mitad de camino al zócalo, María Lupia Dulcero, quien vive en el Estado, llegó corriendo al frente de la marcha preguntando a la prensa y a los participantes, “¿Es ésta la caravana de Cuernavaca?”. Cuando le dijeron que lo era, encontró un megáfono que estaba siendo usado y gritó al frente de la marcha “¡Bienvenidos, bienvenidos! ¡Os damos la bienvenida con los brazos abiertos!”.

Los manifestantes entraron al zócalo con cientos de simpatizantes esperándolos fuera de la barroca Catedral de Morelia. El zócalo, oficialmente llamado la Plaza de los Mártires, fue trasformado en la Plaza de los Daños Colaterales, de acuerdo a letreros de los simpatizantes de la caravana.


DR 2011 Erin Rosa.
A través de la multitud, los observadores podían ver numerosas señales mostrando fotografías de personas que habían sido asesinadas o desaparecidas durante la guerra de las drogas. “Pamela Leticia Portillo Hernández, Desaparecida por la Fuerza”, decía uno. “Jaime López Carlos, desaparecido en Veracruz”, decía otro. En un escenario, Sicilia entró y dio a la animada multitud su aprobación. Aquellos que ya habían tenido bastante con la guerra de las drogas en Michoacán comenzaron a hablar y explicaron por qué apoyaban la caravana, a menudo refiriéndose a Sicilia como “el señor poeta”.

A una multitud de mil personas, representantes indígenas de los pueblos de Purepecha en Cherán, Michoacán expresó su apoyo para la caravana y contó a la audiencia sobre palizas y muertes desde las autoridades estatales y crimen organizado para obstaculizar los esfuerzos por detener las talas y otros proyectos de desarrollo en sus tierras. Los organizadores, con el Comité de Familiares de Prisioneros Desaparecidos en Michoacán, hablaron sobre el número de víctimas que la guerra de las drogas había tomado en su Estado de origen: “Estamos aquí porque sabemos de la responsabilidad del Estado en la desaparición de los miembros de nuestra familia”, dijo Janahuy Paredes Lachino. “Pedimos que los doscientos desaparecidos aparezcan aquí vivos, en el Estado de Michoacán, porque estamos hartos de esta guerra contra el narcotráfico”.

En un conmovedor testimonio, la habitante de Morelia María Hernández de Trujillo habló sobre cómo cuatro de sus hijos habían desaparecido en los últimos tres años. Jesús y Raúl se perdieron en el pueblo de Atoyac, Guerrero, en 2008, al igual que sus hermanos Gustavo y Luis en algún punto de una carretera entre los estados de Puebla y Veracruz el año pasado. “Estoy igual que Javier Sicilia”, dijo conteniendo las lágrimas. “Soy la madre de cuatro hijos desaparecidos… La gente que se los llevó ya debería ver que mis hijos son buenas personas, sanas, que se dedicaban a su negocio. Por eso les pedimos a los medios que nos ayuden, que difundan los casos de mis hijos”.

Cuando Sicilia se acercó al escenario dijo “No estamos solos, esta es una lección a la democracia, es la muestra de que se puede vivir solidariamente, unidos. Pero no lo vamos a construir si los políticos y los criminales siguen luchando por los privilegios. Lo único que deseamos es que nos dejen vivir en paz”. Después citó a Ghandi, diciendo “No hay camino a la paz, la paz es el camino”.

La primera noche de la caravana terminó donde el dolo y la violencia de la guerra de las drogas de Calderón echó raíces. Sirvió para amplificar las voces de numerosos movimientos sociales que han sido testigos oculares del sufrimiento forjado a partir de la guerra de las drogas. Aunque, como dice Sicilia, no todos los movimientos están de acuerdo en todos los temas políticos, hay un objetivo común que los une: la guerra y la violencia deben terminar, y deben terminar ahora.

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