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Con una multa de 25 millones de dólares, Chiquita se lava las manos del caso del escuadrón de la muerte

Chiquita ha admitido haber realizado pagos a escuadrones de la muerte colombianos, pero las víctimas y sus familias no recibirán ni un centavo de la multinacional


Por Sean Donahue
Via la Narcoesfera

18 de marzo 2007

Chiquita ha admitido haber realizado pagos a escuadrones de la muerte colombianos, pero las víctimas de los escuadrones no recibirán nada de dinero de la multinacional, y ninguno de los ejecutivos de la compañía va a pasar tiempo en la cárcel.

Marino Cordoba vivía en el pueblo de Riosucio, un pequeño pueblo habitado por los descendientes de los esclavos liberados en el departamento colombiano de Choco, en una región llamaba Uraba, la cual es famosa por sus plantaciones de plátanos y palma, su oro, sus bosques y sus ríos.

En años recientes, la región también se ha vuelto famosa por sus escuadrones de la muerte: grupos paramilitares de la derecha que aterrorizan a las comunidades que se rehúsan a inclinarse ante la voluntad de las compañías extranjeras y de los grandes inversionistas. Estas milicias están organizadas bajo un “grupo sombrilla”, las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), quienes tienen fuertes lazos con el gobierno y el ejército colombiano, así como con traficantes de cocaína y heroína.

En 1996, Riosucio se convirtió en la primera comunidad de la región en obtener el título legal de sus tierras bajo la constitución de Colombia de 1991, la cual garantizaba a las comunidades afrocolombianas los derechos colectivos de la tierra que colonizaron sus ancestros. En un artículo del 2000, Cordoba describió lo que pasó después:

Siete días después, a las 5 AM el 13 de diciembre de 1996, llegaron grupos paramilitares a mi pueblo Riosucio, con la intención de asesinar a los líderes y sus familias. Muchos fueron obligados a levantarse de sus camas y a pasear desnudos por las calles. Cualquiera que se resistiera era asesinado. Los gritos me despertaron; corrí a refugiarme en el pantano con otros más… A las 8:00 AM, los helicópteros del ejército empezaron a patrullar. Los paramilitares les avisaron por radio a los pilotos para que empezaran a atacar el pantano, diciendo que esa gente era de la guerrilla. El ejército nos atacó con bombas y rifles, matando a mucha gente. Aquellos que sobrevivimos nos quedamos en el agua durante tres días hasta que el hambre y la desesperación nos obligaron a salir. Algunos de nosotros atravesamos el pueblo sin ser vistos y llegamos a una comunidad rural al otro lado del río. Yo me recuperé ahí, y después huí a Bogotá.

El otro día me puse a pensar en Marino Cordoba y los otros sobrevivientes de la masacre de Riosucio cuando leí que Chiquita (la antigua United Fruit Company) se había declarado culpable en una corte federal de los cargos de financiar a un grupo terrorista, después de admitir que pagó 1.7 millones de dólares a las AUC durante un periodo de 10 años. Su castigo fue una multa de 25 millones de dólares, menos de la mitad del dinero que la compañía ganó por vender su filial colombiana, una compañía que nunca podría haber crecido tanto como lo hizo de no haber sido por el papel que jugaron los paramilitares en impedir la organización de los sindicatos en las plantaciones de plátanos y en obligar a las comunidades a salir de sus tierras de cultivo. Chiquita Colombia generó mucho de su dinero en Uraba.

Ninguno de los sobrevivientes de los crímenes de las AUC llegará a ver un centavo de ese dinero.

Y, aunque los ejecutivos más altos aprobaron personalmente los pagos a las AUC, ninguno de ellos va a pasar un solo día en la cárcel.

Una amarga ironía para los árabes-americanos encerrados en una prisión federal en nombre de la guerra contra el terrorismo, cuyos crímenes palidecen en comparación con los de Chiquita: gente como el Dr.Rafil Dhafir, un iraquí-americano que está cumpliendo una condena de 22 años en prisión, no por dar dinero a terroristas, sino por mandar comida, medicina y cobijas a los iraquíes, violando las sanciones impuestas por los Estados Unidos.

Cuando Dafir fue arrestado, el Abogado General John Ashcroft dio una [conferencia de prensa] en donde les dijo a los reporteros que:

“Mientras el presidente Bush dirige una coalición internacional para terminar con la tiranía y el apoyo al terrorismo de Saddam Hussein, el Departamento de Justicia velará porque los individuos al interior de nuestras fronteras no puedan socavar estos esfuerzos”,

Y que,

“Aquellos que busquen transferir dinero a Irak bajo el disfraz del trabajo caritativo serán aprehendidos y juzgados”.

De manera contrastante, el Departamento de Justicia de los EU no tiene ningún apunte sobre el sitio de Chiquita en su página web.

Una vez más se demuestra que, para el Departamento de Justicia de los EU, el terrorismo no es realmente terrorismo a menos que las víctimas vivan en los EU o que los terroristas sean musulmanes.

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